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200 aniversario del nacimiento de Wilhelm Liebknecht, revolucionario y fundador del Partido Socialdemócrata de Alemania

«¡Aprended, pues, a querer!»

Fuentes: Sin Permiso

«Todos lo conocéis, ese insecto barrigudo de cuerpo peludo y pegajoso que, en lugares oscuros, lo más lejos posible de la luz del día, tiende su mortífera red, en la que la pobre mosca descuidada o imprudente queda atrapada y encuentra la muerte». Así comienza Wilhelm Liebknecht, nacido el 29 de marzo de 1826 y, junto a August Bebel, el dirigente más importante del movimiento obrero alemán del siglo XIX, su fábula publicada en 1883 en Sozialdemokrat [el órgano clandestino socialista editado en el extranjero durante la vigencia de la represiva Ley Socialista bismarckiana NdT]. En la alegoría, la araña atrapa a la mosca hambrienta y le chupa implacablemente la savia vital, como «un vampiro», sin dejar ninguna posibilidad de supervivencia al animal atrapado. «Esta mosca», escribe Liebknecht, a la que «se le chupa la sangre y se la mata, esta mosca a la que se extermina y de cuya sangre se vive, ¡esos sois vosotros, proletarios de la ciudad y del campo! «Vosotros, pueblos oprimidos; vosotros, trabajadores intelectuales; vosotros, obreros industriales; vosotras, jóvenes temblorosas y mujeres débiles y oprimidas que no os atrevéis a reclamar vuestros derechos; vosotros, desgraciadas víctimas del militarismo; en una palabra, vosotros, pobres explotados en su conjunto, a quienes se arroja lejos cuando ya no se puede extraer nada más de vuestras venas; vosotros, que sois toda la producción, el corazón, la inteligencia, la fuerza viva del país, y a quienes no se concede más que el derecho de morir miserablemente, bien dóciles y en silencio en un rincón, mientras vuestra sangre, vuestro sudor, vuestro esfuerzo, vuestro pensamiento, vuestra vida han sido aquello con lo que los habéis fortalecido y cebado a ellos, a vuestros amos y opresores: esas repugnantes arañas.» ¹ Quien escribió esto tenía en aquel momento 57 años y ya había dejado atrás una vida llena de detenciones, estancias en prisión y expulsiones, pues se le consideraba agente de Karl Marx en Alemania.

«Una persona de primera clase»

Sin embargo, las cosas podrían haber sido muy diferentes. En su vejez, en 1898, Liebknecht resumió el camino de la vida que había emprendido. Acababa de salir de prisión a sus 72 años; anteriormente había sido condenado por «delito de lesa majestad» a raíz de su discurso en el congreso del partido celebrado en Breslavia en 1895. En 1845, escribió Liebknecht, «en desacuerdo conmigo mismo y disperso (…), fui a la universidad de Berlín». Como «a los dieciséis años había hecho el examen para acceder a la universidad, en 1846 ya estaba «en los semestres superiores», pero «a pesar de toda mi precocidad, me encontraba perdido» ante la pregunta: «¿Qué hacer? ¿En qué convertirme? Procedente de una familia de la que, con la excepción de un único “traidor” y “demagogo”, solo habían salido eruditos, funcionarios y oficiales, debería haberme dedicado a la denominada ‘función pública’, pero la sola idea de la servidumbre me resultaba odiosa desde mi juventud. ¿Y qué era «el Estado» al que debía servir?». No quería hacerse responsable ante ese Estado antidemocrático que practicaba «una demagogia vergonzosa y criminal».

Wilhelm Liebknecht

Liebknecht se convirtió en Berlín primero en joven hegeliano y luego en partidario del socialismo utópico francés de Saint-Simon. A pesar de las sanciones impuestas por el Estado prusiano a demócratas de izquierda como Bruno Bauer, aún habría tenido la posibilidad de seguir una carrera académica, pero una primera expulsión, motivada por las muestras de simpatía de Liebknecht hacia los insurgentes contra la triple partición de Polonia, lo llevó al camino de la política. En 1847 quiso emigrar a América, porque ya no veía perspectivas en Alemania de conciliar su carrera con sus convicciones democráticas y sentía «cansancio de Europa».

La meta de la «huida de unas condiciones que se habían vuelto insoportables» era Wisconsin. Allí quería ayudar a construir una «especie de cooperativa agrícola (…), que, sin abolir la propiedad privada por principio, nos aseguraría todas las ventajas de la economía comunitaria. Sin embargo, fuimos lo suficientemente prudentes como para no comprometernos de entrada. Conocía el fiasco de la colonia comunista de Robert Owen y, además, insistí en mantener abierta la posibilidad de abandonar la colonia y regresar a mi patria en cualquier momento». Para prepararse para la emigración, Liebknecht «entró como aprendiz en el taller de un carpintero». ²

Pero las cosas fueron de otra manera: fue como absorbido por el Vormärz y la Revolución de 1848. Junto con Georg Herwegh, formó parte de la Legión de París en Suiza, donde conoció en Ginebra a Friedrich Engels, seis años mayor que él. ³ A esto le siguieron la revolución en Baden, la cárcel y el exilio en Inglaterra, donde mantuvo un estrecho contacto con Engels durante doce años y «frecuentaba la casa de Marx casi a diario». No fue hasta 1887 cuando un viaje le llevó también por Wisconsin. En su libro Una mirada al Nuevo Mundo (1887) se preguntaba si había tomado la decisión correcta: «¡Cuántas veces he deseado ser granjero! Y si hubiera sido granjero, ¿cuántas veces habría deseado no serlo?». Pero en lugar de la agricultura, hacía tiempo que de lo que se trataba era de la construcción del partido.

En el verano de 1862 Liebknecht regresó de su exilio en Londres. Según recordaba Bebel, en una situación precaria, había intentado mantener a su primera esposa Ernestine – entonces gravemente enferma y que sucumbió a la tuberculosis en 1867- y a sus dos hijas, Alice y Gertrud, escribiendo artículos periodísticos contra Bismarck. «Tenía», según Bebel, «por entonces cuarenta años, pero poseía el fuego y la vitalidad de un veinteañero (…), un hombre de primera clase, (…), una naturaleza combativa» con «un optimismo inquebrantable», un «preocupado marido y padre de familia, que se entregaba con gran amor a los suyos», un «hombre de hierro con alma de niño» y, además, «un gran amante de la naturaleza». ⁴

Construir el partido

Bebel, el «emperador de los trabajadores», y Liebknecht, el «soldado de la revolución», formaron durante los siguientes 35 años un tándem ideal: en Leipzig crearon la Asociación de Educación Obrera y se fueron de «gira de agitación» por los pueblos industriales de Sajonia. De este modo, revivieron la tradición de la Liga de los Comunistas, casi olvidada allí. Juntos, como miembros de la Internacional fundada en 1864 con la participación decisiva de Karl Marx, representaron la posición marxista-revolucionaria e internacionalista frente a las ideas de Ferdinand Lassalle. Este había fundado en 1863 la Asociación General de Trabajadores Alemanes (ADAV), pero también se mostró dispuesto a formar una alianza con Bismarck contra la propiedad terrateniente; sin embargo, Lassalle murió en agosto de 1864 a consecuencia de un duelo. ⁵

El propio capitalismo favoreció la desvinculación de las asociaciones obreras de la influencia tanto de la burguesía de izquierda como de Bismarck. Liebknecht reflexionó en 1898 sobre aquellos años: «La burguesía ya no tiene nada de liberalismo e idealismo burgueses. Odia la libertad burguesa. Reniega de las locuras de juventud de la Gran Revolución Francesa, de la Revolución de Julio, de las revoluciones de febrero y marzo. La revolución económica que ella misma ha provocado y a la que debe su supremacía sobre el Estado y la sociedad, ha desplazado por completo su posición política, y la burguesía, convertida al capitalismo, empujada al lado de la reacción, – es decir, los elementos que se esfuerzan por abusar del poder del Estado para combatir a las nuevas capas populares que luchan por su emancipación política y social – del lado de la misma reacción que hace 50 años la burguesía (…) odiaba y temía como al ogro. La aparente contradicción se explica muy fácilmente. En aquel entonces, la burguesía era ella misma la nueva clase popular que aspiraba a la emancipación y al poder político; hoy, la burguesía, convertida en capitalista, no solo tiene el poder en el Estado, sino también, realmente, el dominio; y una nueva clase social, cuyos intereses y objetivos se oponen frontalmente a los de la burguesía capitalista, lucha por su emancipación política y social: el proletariado, cuya igualdad de derechos marca el fin del capitalismo». ⁶

Negarse a dar ni un céntimo

Fue este proletariado el que Liebknecht, junto con Bebel, dio forma al movimiento obrero más fuerte del mundo. En 1866 Liebknecht cofundó el Partido Popular Sajón y ya en 1867 fue elegido para el Parlamento de Alemania del Norte, junto a Bebel, el lassalleano Johann Baptist von Schweitzer y otros tres representantes obreros. En 1869 Liebknecht —que también llegó a ser redactor jefe del periódico del partido Der Volksstaat— y Bebel transformaron en Eisenach el Partido Popular Sajón en el Partido Socialdemócrata de los Trabajadores (SDAP), de ámbito nacional. De este modo, el proletariado se estableció como fuerza política independiente y, al mismo tiempo, se consagraron con la línea revolucionaria e internacionalista de Marx. Liebknecht representó al nuevo partido en la Internacional.

Como diputados, Liebknecht y Bebel se abstuvieron inicialmente en las votaciones sobre los créditos de guerra para la guerra franco-prusiana de 1870/71, votaron luego en contra y abogaron por una paz sin anexiones. En el Parlamento fueron agredidos físicamente por ello, posteriormente acusados de traición a la patria y, finalmente, condenados a dos años de prisión cada uno en el proceso por alta traición de Leipzig. Además, en 1871, año de la fundación del imperio alemán, se solidarizaron con la Comuna de París, que para la nobleza y la burguesía se convirtió en la personificación del dominio democrático de la chusma y para Liebknecht en el modelo de Estado popular al que aspiraban. Durante el encarcelamiento de Liebknecht, los conservadores sociales prusianos esperaban aislar a los de Eisenach en el movimiento obrero y ganarse a los lassalleanos que quedaban para una alianza con Bismarck y la monarquía contra la burguesía, pero fue en vano. El congreso de unificación de Gotha entre la ADAV y el SDAP, celebrado en mayo de 1875, fue una expresión del fortalecimiento de la línea marxista, que se consolidó aún más durante el período de prohibición de 1878 a 1890.⁷

Liebknecht defendió el legado revolucionario e internacionalista hasta el final de sus días y por última vez en su folleto «¡Ni compromisos, ni alianzas electorales!» de 1899, redactado tras la muerte de Engels y en la época de la disputa sobre el revisionismo de Bernstein, en el que se oponía a las alianzas con partidos burgueses, así como al «autoengaño» que suponía la participación electoral en el sistema electoral prusiano de tres clases. ⁸ Más tarde, en sus memorias, Bernstein dedicó los mayores elogios al papel histórico de Liebknecht, a pesar de que este lo había criticado duramente en el folleto. El «escrito de arrepentimiento» (I) de Bernstein sería una «reafirmación de la fe salvadora de la cosmovisión burguesa». El significado de fondo del «insignificante» escrito de Bernstein residía «únicamente» en que «sin aportar ninguna idea nueva e independiente, reconoce como cierto lo que los enemigos de la socialdemocracia llevan décadas repitiendo cien veces contra ella».

Liebknecht veía en el aburguesamiento un peligro amenazador: «La desaparición del temor y la aversión hacia nosotros en los círculos burgueses conduce, como es lógico, a elementos burgueses a nuestras filas». Ante una burguesía que, por su parte, se sometía al Estado, esto equivalía, como Liebknecht reconoció acertadamente, a rendir pleitesía ante el imperialismo y el militarismo. Por eso criticó con aún mayor firmeza que Bernstein intentara hacerle atractivo el colonialismo al proletariado. A los liberales de izquierda del “Partido del Progreso” ya les había señalado en 1885, durante la votación sobre el rearme de la marina de guerra, una “coherencia en la incoherencia”, pues se pronunciaban contra la política colonial en Camerún, pero votaban a favor del rearme de la marina. Liebknecht veía en la socialdemocracia a la única oponente consecuente al colonialismo y el rearme.

Con motivo de las elecciones al Reichstag de 1887, Liebknecht escribió junto con Paul Singer y otros en un folleto electoral: «En interés del pueblo trabajador, tuvimos que negar al gobierno, que exigía un refuerzo del ejército, cada hombre y cada céntimo. Para la socialdemocracia no hay reconciliación posible con el militarismo (…), al igual que con este sistema en sí mismo. El militarismo es incompatible con la libertad y la prosperidad de los pueblos». Para Liebknecht estaba claro que las disputas fronterizas carecían de importancia para el proletariado; a este no le interesaba a qué Estado dominado por la burguesía pertenecía cada territorio. Acogió con satisfacción el movimiento pacifista burgués, que llamaba a la reconciliación entre los «enemigos históricos» Alemania y Francia, pero al mismo tiempo advirtió en un discurso: «En lo que respecta a la cuestión de la manifestación por la paz, es evidente que un congreso obrero socialista debe adoptar una postura muy diferente al respecto que una asamblea de burgueses filántropos». La «posición social de todos estos amigos de la paz» les impedía «reconocer la causa del militarismo. La cuestión del militarismo es una cuestión social; sin lucha de clases, sin antagonismo de clases, el actual estado de guerra es sencillamente imposible. ¡Cómo podría una clase obrera emancipada tener motivos para incitar al odio nacional, para guerras entre sí!». Los preparativos de guerra, advirtió Liebknecht con clarividencia, desembocarían en una nueva guerra en la que «millones serán movilizados bajo las banderas, Europa se erizará de armas, pueblos enteros se enfrentarán entre sí, una guerra como nunca ha visto la historia del mundo, en comparación con la cual la última guerra franco-alemana fue un juego de niños y que hará retroceder nuestra civilización un siglo. El proletariado, que lleva en alto la bandera de la cultura», debe «velar por que esto se evite, por que se contrarreste, antes de que la cultura común quede sepultada en una gran catástrofe. (…) Si la bestia despierta en el ser humano, entonces la razón calla y la humanidad se cubre la cabeza». ⁹

Dejar el alma

Liebknecht siguió siendo activista hasta el final de sus días. Ya en su vejez, en la década de 1890, seguía hablando cada domingo en manifestaciones ante diez, incluso veinte mil oyentes. Cuando Lenin, en ¿Qué hacer? (1902), entonó un canto de alabanza al tribuno popular socialdemócrata —en contraposición a los meros burócratas del partido—, citó a Liebknecht como ejemplo paradigmático de tal tribuno. Por supuesto, Liebknecht también tenía sus debilidades. Una y otra vez entró en conflicto con Engels y Marx, especialmente en lo que respecta al trabajo editorial en el Vorwärts, que, como diario, se mostraba después de 1890 mucho más reformista y vacilante que durante el periodo de prohibición del Neue Sozialdemokrat bajo la dirección de Bernstein. Sin embargo, siempre se mantuvo vinculado a los dos pensadores del marxismo. En 1895, Liebknecht pronunció el discurso fúnebre ante la tumba de Engels y destacó: «Con Friedrich Engels, Marx ha muerto por segunda vez». ¹⁰

El día de su muerte, el 7 de agosto de 1900, Liebknecht seguía trabajando en la redacción del Vorwärts. Su último trayecto hasta el cementerio de Friedrichsfelde fue acompañado por 150 000 personas. «Al menos en Alemania», recuerda Bebel, «nunca antes se había acompañado a una persona, ni a un príncipe, ni a un estadista, ni a un ciudadano», de esta manera «a su último descanso». El líder socialista más importante de la historia de Estados Unidos, Eugene V. Debs, elogió al difunto: Liebknecht había «luchado por toda la humanidad y pertenecía a ella». El nombre de Liebknecht será, cuando los de Guillermo, Bismarck y todos los demás «tiranos de la nobleza» hayan caído en el olvido hace tiempo o solo se recuerden por «sus crímenes», un «resplandor en el firmamento de los tiempos». Parafraseando Debs la oda de Víctor Hugo a Voltaire, «él ha desaparecido, pero nos ha dejado su alma, la revolución».

Dos años antes de su muerte, Liebknecht aún escribía sobre el futuro por venir. Solo cuando los intereses antagónicos se superaran en la armonía socialista del futuro se abolirían los crímenes. En la sociedad socialista, todas las mujeres y todos los hombres, sin excepción, podrían beber de la fuente del conocimiento y la educación y participar de todas las riquezas de la cultura. Ya no habrá —como en la economía capitalista anárquica— millones y millones de personas condenadas a los tormentos de la pobreza. Nadie pasará penurias, nadie perderá nada que aprecie, y «la gran masa de la humanidad se levantará de la miseria y alcanzará lo más alto a lo que el ser humano puede aspirar: una vida digna». ¹¹

Donde no hay ocio, no hay musas

Para Liebknecht, el anhelo de una vida mejor, rica en cultura y digna de ser vivida se manifestaba en la actualidad sobre todo en la lucha por la «jornada laboral normal». En el perfeccionamiento de la automatización residía la promesa de libertad de la «totalidad de la humanidad». ¿De dónde, se pregunta Liebknecht, iban a salir «el tiempo y el ocio para la poesía y la música» con un trabajo tan «intenso»? «Ocio y musa» eran «ciertamente, en su origen, dos palabras muy diferentes, pero existe cierta afinidad entre ellas, sí, son hermanas; y está claro que donde no hay ocio, tampoco hay musas». ¹² El «Estado del pueblo libre», que los socialistas «erigirían sobre las ruinas del actual dominio de clases», aspiraría, «en cumplimiento del ideal aristotélico “del bien supremo (…)”, al auténtico Estado cultural», en el que «el trabajo asalariado, inmoral y destructor del espíritu y del cuerpo sea sustituido por el trabajo fraternal y cooperativo». Solo en este «Estado libre y en la sociedad libre se disuelve la actual discordia en armonía. Solo en el Estado libre con la sociedad libre podemos alcanzar la armonía universal, que es el fin cultural supremo».¹³

¿Un país, pues, donde mana leche y miel? Pero ¿dónde está, «dónde está Ningúnlugar?», preguntaba Liebknecht en su introducción, escrita en 1892, a la novela socialista utópica de William Morris «Noticias de Ningúnlugar», cuya segunda parte tradujo su segunda esposa, Natalie (1835-1909), madre de Karl Liebknecht (1871-1919). Todo el mundo tiene un «en ninguna parte», y «lo único que sabemos sobre la ubicación de “en ninguna parte” es que no está donde estamos. “En ninguna parte” es el mundo de los deseos, de los sueños, de los ideales (…). Todo lo bello y bueno que el presente rechaza con mano dura huye hacia el futuro resplandeciente, sin restricciones, ilimitado, que ofrece espacio a todo y a todos». ¹⁴

El «ningún lugar» está en el futuro, sostenía Liebknecht. Es el Estado del futuro, y «toda sociedad futura (…) tiene una “ventaja”: es nuestro Estado, es tal y como lo queremos y deseamos; y cada uno puede decir de su sociedad futura, con infinitamente más derecho que el déspota megalómano de su sociedad actual: l’État c’est moi —el Estado soy yo» —tal como el «Ningún lugar» de Morris, donde reina «el más bello “individualismo”» y «cada uno puede alcanzar la felicidad a su manera».

¿Se trata, pues, de un retorno del socialismo científico al utópico? En absoluto: pues el Estado del futuro no se encuentra solo en un mañana desconocido, sino también en las luchas del presente y en un ayer conocido, la Comuna de París. Su relato, a través del communard Prosper-Olivier Lissagaray, no solo refuta «esa triste frase mentirosa (…): “Los vencidos no tienen historia”», sino que demuestra que la «realidad es más bella y atractiva que la poesía». «Quien conoce a las personas solo a través de las novelas» se «aleja con cierto asco de las personas con las que se encuentra en la vida». Porque les falta «el “soplo poético”, son “vulgares”». Sin embargo, «al observarla más de cerca», «quien tenga ojos para ver» descubrirá que «la vida es la fuente inagotable de la poesía, y no es verdadero poeta quien no beba de esta fuente».¹⁵ La Comuna de París no tuvo líderes, pero no faltaron líderes: «Fueron los cientos de miles de hombres, mujeres y niños en los que se encarnó la idea de libertad, igualdad y fraternidad», «los que sonriendo desafiantes siguieron el imperativo del deber; los que sonriendo desafiantes, se dirigieron a la muerte. Cuanto más pequeños los “líderes”, más grande el pueblo». La Comuna debe ser «un ejemplo luminoso para el mundo».

La Comuna solo duró setenta días. Pero la socialdemocracia crecía y era (todavía) revolucionaria. Liebknecht sacaba su esperanza de que las arañas siempre serían minoría: «¡Qué terribles tragedias» se habrían «producido en el transcurso de los siglos en esta lucha entre las moscas débiles y tímidas y las arañas sanguinarias y crueles!» Pero ¿por qué «relatar de nuevo esta sangrienta historia de sufrimiento (…)? El pasado ha quedado atrás, hablemos del presente, del futuro. – Examinemos más de cerca la lucha que hoy libran las moscas y las arañas – reconozcamos sus condiciones (…), aprendamos, nosotros, las moscas, sobre la construcción de las redes que nuestros enemigos tienden contra nosotros, (…) y, sobre todo, unámonos, nosotros, puesto que por separado somos demasiado débiles para romper las redes que nos envuelven, (…) difundamos por todas partes (…) la clara luz de la Ilustración, ¡para que esa sucia alimaña no siga ejerciendo su oficio asesino en la oscuridad!«

Y Liebknecht insistió: «Ay, (…) moscas, si tan solo quisierais, ¡seríais invencibles! Las arañas siguen siendo fuertes hoy en día, pero son pocas. Vosotras, sin embargo, moscas, (…) vuestro número es inconmensurable, sois la vida, sois el mundo —si tan solo quisierais. Si quisierais uniros, con un solo aleteo romperíais todos los hilos, destruiríais todas las redes en las que hoy estáis atadas, en las que os retorcéis y morís de hambre. Se acabaría toda la miseria y la servidumbre, si tan solo quisierais. ¡Aprended, pues, a querer! «

Notas:

1 Wilhelm Liebknecht: Die Fliegen und die Spinnen. En: Der Sozialdemokrat, 7 de junio de 1883 y 14 de junio de 1883

2 Wilhelm Liebknecht: In der Lehre. Etwas aus meinem Leben (1898).En: ídem: Erinnerungen eines Soldaten der Revolution, Berlín 1976, pp. 32-58

3 Horst Bartel y otros: Friedrich Engels. Eine Biographie. Berlín 1970, p. 236

4 August Bebel: Aus meinem Leben. Nueva edición íntegra, Bonn 1997, pp. 97-99

5 Véase Ingar Solty: Säulenheiliger des Reformismus, junge Welt del 11 de abril de 2025

6 Wilhelm Liebknecht: Die Revolution ist todt. Es lebe die Revolution!, en: Sozialistische Monatshefte, n.º 3, marzo de 1898, pp. 99-103

7 Véase Ingar Solty: Gespaltene Einheit, junge Welt del 22 de mayo de 2025

8 Wilhelm Liebknecht: Kein Kompromiß – Kein Wahlbündnis (1899). En: ídem: Kleine politische Schriften, Leipzig 1976, pp. 260-311

9 Wilhelm Liebknecht: Die Stellung des Proletariats zum Militarismus (1891). En: Verhandlungen und Beschlüsse des Internationalen Arbeiter-Kongresses zu Brüssel (16–22 de agosto de 1891), Berlín 1981, pp. 24–26

10 Wilhelm Liebknecht: Zum Tod von Friedrich Engels. En: Vorwärts, n.º 189, 15 de agosto de 1895

11 Wilhelm Liebknecht: The Future State. En: Cosmopolis – An International Literary Review, enero de 1898, vol. 9

12 Wilhelm Liebknecht: Ein Blick in die Neue Welt. Stuttgart 1887, p. 24

13 Wilhelm Liebknecht: Wissen ist Macht – Macht ist Wissen (1872). En: ídem: Kleine politische Schriften. Leipzig 1976, p. 172 y ss.

14 Wilhelm Liebknecht: Vorwort (1892). En: William Morris: Kunde von Nirgendwo. Eine Utopie der vollendeten kommunistischen Gesellschaft. 2.ª ed., Reutlingen 1981, p. 31

15 Wilhelm Liebknecht: Eine Geschichte der Kommune (1877). En: ídem: Kleine politische Schriften. Leipzig, 1976, p. 175 y ss.

  1. Se refiere al escrito de Bernstein Die Voraussetzungen des Sozialismus und die Aufgaben der Sozialdemokratie (Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia), publicado en 1899 (NdT)

Ingar Solty es un escritor y periodista alemán, y consultor de política de paz y seguridad en el Instituto de Análisis Social de la Fundación Rosa Luxemburg.

Texto original: https://www.jungewelt.de/artikel/520012.deutsche-geschichte-so-lernt-denn-zu-wollen.html Traducido por Jaume Raventós.

Fuente: https://www.sinpermiso.info/textos/aprended-pues-a-querer-200-aniversario-del-nacimiento-de-wilhelm-liebknecht-revolucionario-y