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Europa debe aprender de China

Fuentes: Rebelión

Europa atraviesa un mal momento. Carece del sector tecnológico del que gozan China y Estados Unidos. Desde la crisis financiera occidental de 2008, salvo las economías de Europa del Este, Europa apenas ha crecido.

Este estancamiento explica en gran medida la desilusión generalizada con las élites políticas europeas, el auge de la extrema derecha y la extrema volatilidad política.

En las últimas dos décadas la economía europea ha sido superada ampliamente por la estadounidense. Para colmo, Europa se encuentra cada vez más aislada por una Administración estadounidense que  abandona la alianza occidental que fue un pilar fundamental de Europa desde 1949.

El resultado ha sido un cambio radical en la opinión pública europea. Existe una desilusión generalizada con Estados Unidos; una mayor proporción de la población en Francia y Alemania cree que China es más fiable que Estados Unidos y que sus países deberían estrechar lazos con China.

La mayoría de la población en estos países cree que China está tecnológicamente más avanzada que Estados Unidos. Y una gran mayoría cree que China será la potencia mundial dominante en 10 años.

Las élites políticas europeas han reconocido tardíamente que la política de «Estados Unidos primero» refleja tendencias más profundas en la política y la cultura estadounidenses. Mientras tanto, su respuesta al auge económico de China se ha vuelto cada vez más proteccionista.

Se inició cuando alegaron que los vehículos eléctricos chinos eran competitivos debido a subsidios injustos en lugar de a una estrategia a largo plazo que resultara en tecnologías superiores y un sistema de producción más avanzado, que es en efecto lo que les da la ventaja competitiva.

 Esto se hizo evidente a medida que los vehículos eléctricos chinos dominaban cada vez más el mercado chino y ganaban cuotas de mercado crecientes en  todos  los países. Los fabricantes europeos se vieron a la defensiva: copiaron los vehículos eléctricos chinos, vendieron plantas europeas sin usar a fabricantes chinos, utilizaron sus plantas chinas para producir exportaciones más competitivas y se asociaron con socios chinos para lograr la transferencia de tecnología, lo que representó un giro radical en la relación que existía entre Europa y China al comienzo del período de reformas.

Los vehículos eléctricos son un microcosmos del notable auge económico de China y el declive económico de Europa. En lugar de culpar a China deberían aprender de ella.

En lugar de aprender de China, las élites políticas europeas, al igual que las estadounidenses, están negando la dura realidad del declive europeo, están optando por el proteccionismo.

Los vehículos eléctricos chinos ya enfrentan aranceles de la UE de hasta el 45%. Y el problema no se limita a los vehículos eléctricos. China ha superado a Europa en innumerables áreas tecnológicas. China representa casi un tercio de la producción manufacturera mundial y tiene la mayoría de las patentes. Si Europa cometiera la imprudencia de provocar una guerra comercial con China, no habría vencedores.

Las élites políticas europeas viven ancladas en el pasado. Sus políticas fallidas han sido las responsables del estancamiento de Europa.

Europa necesita interactuar con China y aprender de ella,  China es la principal fuente de dinamismo y crecimiento económico mundial.

¿Cómo se explica la reticencia europea en este sentido? Se trata de un problema muy profundo cuyo núcleo reside, por un lado, en la creencia europea en su propia superioridad civilizatoria, y por otro en su desdén por la civilización china, que es más antigua que la europea solo que es diferente y altamente sofisticada. Las élites europeas se niegan a estudiar China, prefiriendo vivir en una feliz ignorancia de la  realidad que recuerda  la tesis de Erasmo de Rotterdam en su “Elogio de la locura”.

Europa está compuesta por multitud de países con puntos de vista diversos. Francia se inclina hacia el proteccionismo, mientras que Alemania aboga por una mayor apertura. España considera a China fundamental para su futuro. El Reino Unido no ha impuesto aranceles a los vehículos eléctricos chinos. Sin embargo la UE, con sus 27 Estados miembros, tiende a actuar de forma unánime en estos asuntos.

Lo más probable es que las actuales negociaciones comerciales no tengan más remedio que ceder en sus exigencias proteccionistas más extremas, sin abordar las causas subyacentes de su declive. La industria automovilística europea se convertirá, con el tiempo, en la metáfora por excelencia del declive económico de Europa.

Hasta hace pocos años el sector manufacturero  automotor era el gran empleador más importante del continente. Con el tiempo seguirá perdiendo cuota de mercado frente a las empresas chinas, porque hay pocos indicios de que Europa sea capaz de detener, y mucho menos revertir, su declive económico a largo plazo, lo que tendrá enormes consecuencias políticas, sociales y culturales.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.