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Alemania desafía al sultán

Fuentes: Rebelión

A nadie se le puede escapar que con el reciente reconocimiento del parlamento alemán del genocidio armenio perpetrado por el Imperio Otomano en 1915-1916, en la que Alemania, entonces aliada de los otomanos, tuvo también sus responsabilidades en el más de 1.5 millón de muertos armenios y otras minorías religiosas, lo que además dio inició […]

A nadie se le puede escapar que con el reciente reconocimiento del parlamento alemán del genocidio armenio perpetrado por el Imperio Otomano en 1915-1916, en la que Alemania, entonces aliada de los otomanos, tuvo también sus responsabilidades en el más de 1.5 millón de muertos armenios y otras minorías religiosas, lo que además dio inició a una diáspora de millones que se prolonga hasta hoy, es también el intento de los diputados alemanes de poner un límite al presidente turco Recep Tayyip Erdogan, quién tras esa la votación mandó a llamar a consulta a su embajador en Alemania. Como ya sucedió con Francia en 2011 y Austria el año pasado, otros gobiernos europeos entre ellos Italia y Rusia, han calificado también de genocidio a los hechos referidos, incluso el papa Francisco lo calificó como «el primer genocidio del siglo XX».

Pactado por democristianos, socialdemócratas y verdes, el reconocimiento solo tuvo un voto negativo y una abstención. Las 5 páginas, que reclaman el reconocimiento del genocidio armenio y de otras minorías cristianas entre los años 1915 y 1916 pone señales de alerta a la difícil relación que vienen manteniendo Ankara y Berlín, a pesar que en la sesión parlamentaria no participaron ni la canciller Ángela Merkel, ni el ministro de Exteriores, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier.

Estas ausencias no serán suficientes para serenar los ánimos del déspota turco, que declaró «Alemania es el último país que debe hacer acusaciones sobre genocidio y que debería redefinir el Holocausto».

Esta resolución llega en un momento crítico para el frente interno de Erdogan, quien acaba de «despedir» al Primer Ministro, Ahmet Davutoglu, tras las exitosas negociaciones con la Unión Europea (U.E.) por la cuestión de los refugiados.

Erdogan consideró que Davutoglu había tomado demasiado protagonismo para sus planes de concentración de mayor poder, eliminando cualquier figura que amenace su liderazgo.

Como ejemplo de ello fue elegido como sucesor de Davutoglu, Binali Yildirim, un ferviente acólito del presidente, quien también se ha hecho cargo de la jefatura del partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) al que pertenece Erdogan.

Por otra parte, Erdogan deberá resolver acerca de las exigencias europeas sobre legislación antiterrorista, que enmascara su política represiva, aduciendo estar recibiendo ataques de Estado Islámico, el PKK kurdo y del movimiento izquierdista DHKP-C.

Ángela Merkel, en la otra punta del camino, enfrenta cada vez más críticas por su sumisión a Ankara, por lo que su espacio para negociar es cada vez más estrecho y la decisión de los parlamentarios alemanes pasa por mucho también en limar el poder de Merkel, interlocutora indiscutida entre la U.E. y Erdogan.

El diputado verde Cem Özdemir, impulsor del reconocimiento del genocidio armenio, ejemplifica esta situación y pone bien claro la delicada relación de Erdogan, ya no solo con Alemania sino con toda la U.E. al declarar: «Merkel ha viajado más a Turquía en estos diez meses que en sus primeros diez años de mandato».

La abrumadora mayoría de diputados del parlamento alemán que respaldaron la resolución disfraza también un voto contra la sumisión de Europa a Erdogan, quien fue el claro triunfador en las negociaciones entre la U.E. y su país por la cuestión de los refugiados que estalló hace casi un año, y en la que Erdogan se autoerigió como el gran gendarme de la frontera sur oriental de Europa.

Por esa tarea su paga será de 6 mil millones de euros, la flexibilización en el otorgamiento de visas de ciudadanos turcos a la U.E. además de haber reactualizado la discusión por la entrada de Ankara a la U.E., el sueño más anhelado de cualquier político turco.

Erdogan, que ha usado hasta el hartazgo su imagen de político duro, por ejemplo desafiando al mismísimo presidente ruso Vladimir Putin con el derribo del caza Sukhoi Su-24, en noviembre de año pasado; usufructuando de los escandalosos negociados petroleros con Estado Islámico, de los que a nadie dio explicaciones y por lo que se sabe se sigue produciendo, su injerencia en la guerra siria en contra del presidente Bashar al-Assad.

Hoy todos los analistas esperan y abren conjeturas acerca de cuál será la reacción final de Erdogan, ya que no puede pasar por alto al «detalle» de la reciente resolución alemana. En primer lugar, porque el genocidio armenio sigue siendo una llaga en el inconsciente colectivo turco, sin olvidar otro genocidio en curso contra la nación kurda, que también debe pesar y mucho en las buenas conciencias del antiguo imperio.

El führer Erdogan 

Erdogan, además del reconocimiento del genocidio por parte del Bundestag, tiene cuentas más delicadas que resolver con la U.E. y llamó a que Alemania y Europa resuelvan los acuerdos pendientes respecto a los refugiados y amenazó diciendo: «Turquía no será una barrera frente a vuestros problemas y os dejará solos con ellos». Turquía contiene dentro de sus fronteras tres millones de refugiados sirios más el millón ochocientos mil de otras naciones a los que también Turquía les está impidiendo continuar viaje rumbo a Europa. Una leve «distracción» turca al respecto, tan solo dejando pasar un par de miles otra vez, alcanzaría para convertir la situación dentro de Europa definitivo para la continuidad de la unidad europea.

Erdogan juega con eso y se molesta por la falta de reconocimiento de la U.E. por sus esfuerzos ya que es cierto que a partir del 20 de marzo último, cuando comenzó a regir el acuerdo, el número de refugiados que llegaron a Grecia disminuyó drásticamente, según algunos cálculos se habría reducido en más de un 90%.

El presidente Erdogan y el primer ministro, Yildirim, le anunciaron a Merkel que la aprobación de la resolución «dañará naturalmente los lazos diplomáticos, económicos, políticos y militares» entre ambos países. Entiéndase, esa «distracción» de la seguridad turca en sus fronteras se puede producir en cualquier momento.

En un intento de calmar al gobierno turco, funcionarios de la U.E. viajaron a Ankara para solucionar los aspectos técnicos de la liberalización de visados que, una vez concluida, permitirá a los turcos viajar a territorio Schengen, sin mayores problemas.

Por otra parte, Erdogan sabe muy bien que en Europa viven cinco millones de ciudadanos turcos por lo que tampoco puede extremar la presión sobre la U.E.

Entre sus planes de perpetuación en el poder Erdogan, el 30 de mayo último exigió la unidad de los turcos y especialmente a los jóvenes contra el terrorismo, generando una mística turca. Además llamó a procrear más hijos para la futura Turquía, apelando a la idea de una raza pura turco-mongola y musulmana sunnita.

Estos planes los desarrolla Erdogan desde su llegada al poder en 2003, cuando la a población turca era de 68 millones, la que hoy se encuentra cercana a los 79 millones de habitantes.

Sin duda, el tire y afloje ente la U.E. y Erdogan está avalado por el Departamento de Estado norteamericano que al parecer ha puesto su mira en la desintegración de la Unión Europea, business are business.

 

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.