Cuanto más dura un conflicto bélico, más muertes, más división, más dolor. Ucrania tiene derecho a defenderse. Pero jalear la guerra sin mencionar los riesgos de la misma sería ocultar parte de la realidad. El peligro de que se perpetúe es enorme.
Cuanto más dura un conflicto bélico, más muertes, más división, más dolor. Ucrania tiene derecho a defenderse. Pero jalear la guerra sin mencionar los riesgos de la misma sería ocultar parte de la realidad. El peligro de que se perpetúe es enorme.
Lo que importa, creo, es el estado psicológico en el que estamos sumergidos todos, el que se parece mucho al momento en que la euforia de un borracho comienza a descender la Campana de Gauss y se transforma en imperiosa necesidad de pelea con quien se cruce por delante.
Desde hace tiempo, muchos se preguntan por qué existe una difusa simpatía hacia Vladímir Vladimírovich Putin en figuras políticas e intelectuales de las izquierdas latinoamericanas (también más allá, pero abordarlas requiere matices que están más allá de la necesidad de síntesis de esta suerte de columna/post).
Es en los momentos más difíciles y complejos cuando se pone a prueba la ética. Cuando guiarse por lo correcto, y no por lo que conviene, es una cuesta arriba tan necesario como agotador que, además, no rinde en los medios.
¿Estaría dispuesto Biden a levantar sanciones a Venezuela solo para complicar a Rusia? ¿Y Venezuela rompería la alianza con Rusia?
Soy uno de los firmantes del manifiesto “No a la guerra” del Comité científico de ATTAC España. Putin no representa ni los valores ni el tipo de liderazgo necesario para el mundo a construir del Bien Común de la Humanidad.