La más dramática experiencia histórica deriva de la la Ley de Instituciones Financieras (1994) del gobierno de Sixto Durán Ballén, que introdujo el concepto de “banca múltiple” y permitió los “créditos vinculados”. Ese maridaje llegó a tales niveles de corrupción privada que se debió acudir a “salvatajes” bancarios, con perjuicio para el Estado y los depositantes, sin responsabilidades judiciales para la enorme mayoría de sus causantes. También se decretó un “feriado bancario” en 1999 que desembocó en la dolarización.