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Chavez y Lula en la política latinoamericana

Fuentes: Rebelión

Es evidente que Lula es un político que apuesta, tanto a nivel nacional como internacional, a sostenerse en varios apoyos que desde el punto de vista teórico parecerían inconciliables. Lo hizo en su primer año de gobierno, 2003, cuando viajó al Foro Económico de Davos luego de asistir al Foro Social Mundial. Así también en […]

Es evidente que Lula es un político que apuesta, tanto a nivel nacional como internacional, a sostenerse en varios apoyos que desde el punto de vista teórico parecerían inconciliables. Lo hizo en su primer año de gobierno, 2003, cuando viajó al Foro Económico de Davos luego de asistir al Foro Social Mundial. Así también en 2005, cuando, mientras recibía una serie de elogios de Bush en su visita a la Cumbre de las Américas («protector de nuestras democracias en la región») que serían la envidia del colombiano Álvaro Uribe colaboraba al mismo tiempo, un poco por debajo del tapete, para el hundimiento del ALCA en Mar del Plata.

Esa ha resultado una característica positiva de su liderazgo regional. Claro está, mientras existía un Chávez de inflamada retórica antiimperialista, para Lula entonces posicionarse estratégicamente como más moderado y al mismo tiempo apostar por la consolidación de la integración regional. Chávez era frecuentemente descalificado por su estilo «excesivo». Esto fue patente cuando el Rey Juan Carlos verbalizó el conocido: «¿por qué no te callas?». Sin embargo, en la región, el exceso verbal del chavismo cumplía un papel constitutivo. Este posibilitaba una diferenciación autónoma y soberana del espacio regional frente a los países centrales. No podría en este sentido, haberse concebido el «no al ALCA» sin la importante participación de Hugo Chávez. Aquello que podría ser condenado como «excesivo», se revelaba entonces como un aspecto constitutivo del nuevo impulso verbal y simbólico desde el cual operan las condiciones para la constitución del espacio autónomo sudamericano.

Afortunadamente, es posible que ahora que Lula esta fuera del gobierno y además, decidió poner en suspenso su carrera política como candidato presidencial (Dilma será candidata en 2014 y Lula afirmó «en 2018 tendré 72 años» como una forma de señalar que difícilmente será candidato), pueda asumirse como representante de un papel más cuestionador en dos aspectos. Por el momento: pugnar por instalar la reforma comunicacional en la agenda pública brasileña y cumplir un papel de líder latinoamericano progresista en pos de la integración regional que le permita apoyar a los líderes populares de la región -como en su reciente apoyo a Maduro para las elecciones venezolanas del 14-A.

Ariel Goldstein. Sociólogo UBA. Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.