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Ciudadanos de segunda en el Norte de Europa

Fuentes: Rebelión

Podríamos hablar extensamente de las personas migradas que, llegadas hace 10 o 20 años a la Unión Europea (UE), siguen siendo ciudadanos de segunda o tercera categoría. Pero hoy nos referiremos a las repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, donde una parte importante de la población que llegó a estos países en el período 1945-1991, durante los cuales las tres repúblicas formaron parte de la Unión Soviética, así como sus hijos y nietos, no tiene todavía acceso a la ciudadanía. Esto es así desde que estas tres repúblicas recuperaron la independencia en 1991, y a pesar de su incorporación a la UE de 2004, donde se supone que los derechos de las minorías deberían estar especialmente protegidos.

En el caso de Estonia se considera «ciudadanos indeterminados» (en rato kodakondsuseta) a buena parte de los inmigrantes que llegaron en ese periodo, así como sus descendientes, procedentes de los países que entonces formaban la URSS, la mayoría rusos, pero también ucranianos, bielorrusos y otros orígenes. Actualmente, de una población de 1.360.000 habitantes en el país, un 21% es de origen ruso, la mayoría ya nacidos en el país. Aún hoy, una tercera parte de ellos no ha obtenido la nacionalidad, ni tiene tampoco la de ningún otro país. Sólo disponen de un “pasaporte especial para extranjeros”, que permite circular por el espacio Schengen y por Rusia sin visado, hasta un máximo de 90 días en un período de seis meses. Sus derechos civiles están claramente limitados, tienen muchas más dificultades para acceder al mercado laboral y sólo pueden votar en las elecciones municipales, al tiempo que encabezan la mayoría de los índices de exclusión, ya sea en nivel de renta, desempleo o fracaso escolar, entre otros. Sea por la marginación de las minorías o por la suma de estos y otros motivos, desde la independencia de Estonia, ha habido una importante bajada de la población total, en torno al 12%.

En Letonia se llaman “no ciudadanos” (en letón nepilsoni) a las personas llegadas al país en el mismo período que hemos mencionado, así como sus hijos e hijas, la mayoría de origen ruso y ya nacidos en Letonia. La población total es de 1.860,000 habitantes, el 23% de los cuales tiene este origen, además de un importante número de ucranianos, bielorrusos y polacos. Un tercio de las personas que forman parte de estas minorías no tiene tampoco la nacionalidad letona, datos muy similares a los de Estonia. De forma parecida, sólo disponen de un “pasaporte especial para extranjeros”. No pueden trabajar en muchos ámbitos laborales ni pueden votar en las elecciones. En estos 35 años, el descenso de la población ha sido mucho más acentuado que en las otras dos repúblicas bálticas, hasta perder cerca del 30% del total.

En Lituania la composición de las minorías nacionales tiene unas características distintas. Con una población 2.860.000 personas, el 6,5% de la población es de origen polaco y un 5% de origen ruso, seguidos de bielorrusos y ucranianos. Son también minorías claramente discriminadas, sobre todo con su lengua y su cultura, hasta el punto de que, si adoptan la nacionalidad lituana, no pueden mantener la ortografía original en sus nombres o apellidos, lo que hace que, por ejemplo, no se les permita utilizar letras como la “W”, tan habitual en Polonia. Esto ha hecho que, en algunos temas, polacos y rusos hayan formado un frente común, una situación poco habitual, dado que Polonia y Lituania comparten una línea dura contra Moscú. El descenso de la población desde la independencia ha sido también importante, en torno al 12%.

Esta situación podría empeorar en los estados bálticos si sigue avanzando el nacionalismo exacerbado y el sentimiento anti-ruso, ya tradicional pero ahora agravado por la guerra de Ucrania. Una fobia antirusa que podría ser perfectamente comparable con una hipotética discriminación contra los judíos europeos, casi inexistente, por los crímenes que Israel lleva cometiendo en Gaza y el resto de Palestina desde hace décadas, actitud que todo el mundo tiene claro que sería considerado antisemitismo y podría constituir un delito de odio.

Bibliografía

Galarraga Gortázar, Naiara. 300.000 europeos de Letonia sin derecho al voto. El País. 15/05/2014

Gualdoni, Fernando. Un Silicon Valley para la Europa. El País. 24/04/2014

Ferrer, Miguel. Apátridas en los países bálticos. La Vanguardia. 08/05/2025

Truc, Olivier. La minorité polonaise de Lituanie joue la carte russe. Le Monde. 07/10/2016

Oficinas de Estadística de Estonia, Letonia y Lituania

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