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¿Cómo paramos el fascismo?

Fuentes: En lucha

El fascismo crece en Europa, desde Francia, donde Le Pen lidera las encuestas, hasta Suecia, donde el fascismo trajeado acaba de duplicar su voto. En el Estado español la situación es más compleja. El fascismo ha obtenido éxito electoral sólo en Catalunya, donde Plataforma per Catalunya (PxC) consiguió 67 concejalías en mayo de 2011. Desde […]

El fascismo crece en Europa, desde Francia, donde Le Pen lidera las encuestas, hasta Suecia, donde el fascismo trajeado acaba de duplicar su voto.

En el Estado español la situación es más compleja. El fascismo ha obtenido éxito electoral sólo en Catalunya, donde Plataforma per Catalunya (PxC) consiguió 67 concejalías en mayo de 2011. Desde entonces, sin embargo, PxC ha perdido votos, cargos y militantes: incluso expulsó a su fundador y cara mediática, Josep Anglada. PxC no está acabada, pero sí debilitada.

En otras partes del Estado, los grupos fascistas son una amenaza principalmente en la calle. Últimamente, siguen una estrategia engañosa. Utilizan locales «sociales» -incluso espacios ocupados- y repartos de comida «sólo para españoles», para intentar ganar adeptos entre las víctimas (autóctonas) de la crisis. El resultado de este «fascismo social» lo vemos en la grave agresión en Lleida el pasado 22 de septiembre, protagonizada por un militante de uno de estos grupos. De hecho, ni la política «social» ni la consecuente violencia son nuevas. En sus inicios los nazis alemanes montaron locales y repartieron comida (a no judíos); luego llegó el genocidio.

Unidad contra el fascismo

El reto es pararles antes de que sea tarde, y es posible. En Gran Bretaña, movimientos unitarios -antes la Liga Anti Nazi, ahora Unite Against Fascism- han parado un intento tras otro de los fascistas de crecer en ese país. En Alemania, donde durante años los nazis celebraban manifestaciones impunemente, mientras grupos reducidos de antifascistas se enfrentaban a la policía, vemos ahora como miles de personas de todas las sensibilidades se unen en bloqueos ciudadanos, literalmente cortando el paso a los fascistas.

En Catalunya, lo que ha frenado a PxC ha sido, sin duda, Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (UCFR). Este espacio amplio -que abarca tanto a la izquierda anticapitalista como a la institucional, los sindicatos, el movimiento vecinal y un sinfín de movimientos sociales- ha repartido cientos de miles de octavillas y ha organizado cientos de actividades, todo con el objetivo de parar a la extrema derecha.

El grupo de UCFR en el barrio barcelonés del Clot consiguió, además, expulsar del barrio al local nazi Tramuntana, defensor del «fascismo social». También fue un movimiento unitario contra la extrema derecha -algo casi inédito en Madrid- lo que consiguió cerrar el local nazi en Tetuán.

Dados estos ejemplos de la efectividad de la lucha unitaria, hay que preguntarse: ¿Por qué no se aplica más?

«Alternativas» a la lucha unitaria

En la política, el fracaso de una estrategia no supone su desaparición; basta con ver la existencia del reformismo parlamentario. Años de nula o poca efectividad tampoco acaban con algunas estrategias frente a la extrema derecha.

Aún hoy, todavía hay gente que insiste en que es mejor no hablar del fascismo; la estrategia desastrosa aplicada en Francia durante gran parte del crecimiento del Front National. Otros insisten en que la solución es la acción judicial, y/o la educación. Éstas juegan un papel importante, pero la experiencia nos muestra que no son suficientes; hace falta una movilización amplia contra la extrema derecha como tal.

Sin embargo, dentro de la izquierda más combativa, desde los partidos comunistas hasta el autonomismo, la estrategia dominante es la de la «acción antifascista», protagonizada (sin éxito) por el Partido Comunista Alemán en los años 30.

A menudo se cita a Brecht: «¿De qué sirve decir la verdad sobre el fascismo -que se condena- si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina?». Por supuesto que la izquierda radical debe «condenar» y combatir el capitalismo. El problema viene al intentar excluir de la lucha contra el fascismo a los sectores que no se declaran anticapitalistas. Peor aún, a menudo se insiste en que casi todo el mundo (PP, UPD, PSOE, CCOO, UGT, e incluso IU) es fascista, menos la izquierda radical. Bajo esta visión ya hemos perdido la guerra; sólo caben acciones desesperadas por parte de un pequeño núcleo de héroes antifascistas, como si fueran los únicos supervivientes de una invasión alienígena o de Matrix.

Antifascismo del 99%

Pero no es así. La enorme mayoría de la población estamos en contra del fascismo y podemos organizar luchas unitarias y efectivas. La cuestión es no exigir como precondición que todo el mundo se someta a las ideas de la izquierda radical, respecto a la cuestión nacional, el aborto, Palestina, etc. Por supuesto, las personas anticapitalistas no abandonamos nuestras ideas al participar en un movimiento unitario… pero tampoco podemos obligar a la gente que apoya al PSOE u otras opciones a hacerlo.

Simplemente, debemos unirnos en lo que compartimos, en nuestra oposición al fascismo. Si logramos hacerlo, seremos más fuertes para impulsar otras luchas y otros movimientos unitarios.

David Karvala (@davidkarvala) es militante de En lluita / En lucha

Artículo publicado en el Periódico En lucha / Diari En lluita

http://enlucha.org/diari/como-paramos-el-fascismo/#.VE5tYofc0gM