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Perú

Crisis de la globalización neoliberal

Fuentes: Rebelión

Tras la presencia de los invisibles, los excluidos y pobres del mundo, a través de las grandes movilizaciones en cerca de 100 ciudades, se ha hecho evidente la crisis del modelo de globalización neoliberal. La acumulación de siglos de desigualdad tiene hoy en los medios de comunicación un espacio para el desfogue y la presencia […]

Tras la presencia de los invisibles, los excluidos y pobres del mundo, a través de las grandes movilizaciones en cerca de 100 ciudades, se ha hecho evidente la crisis del modelo de globalización neoliberal. La acumulación de siglos de desigualdad tiene hoy en los medios de comunicación un espacio para el desfogue y la presencia multitudinaria. Las redes han convocado a millones de personas, y han hecho que sus sentimientos afloren.

Sin embargo, aun la globalización neoliberal está más o menos fuerte porque no se tiene en perspectiva una globalización alternativa. Si bien las movilizaciones de los indignados es un paso sustancial, porque abre las compuertas de la posibilidad histórica de crear otra globalización, es aun prematuro decir que la globalización neoliberal, excluyente y crematística ha muerto. Y la alternativa saldrá de la propia reflexión y acción de los pueblos y de su inteligencia articulada a los intereses de las mayorías.

En ese sentido, va una reflexión sobre los orígenes de la globalización neoliberal, y las posibilidades de crear una propuesta alternativa desde sociedades marginales como la peruana, y más aun sociedades en construcción como la de la región Ayacucho, enclavada en la sierra sur del Perú.

Estado con genes autoritarios

Ciertamente entre los problemas más álgidos de América Latina se ubica la desigualdad. Así, «Latinoamérica es la región más desigual del mundo» [1] . Este primer puesto sin duda es la consecuencia de la acumulación de los procesos sociales, económicos, políticos, culturales, religiosos que ha vivido ALC desde su constitución, de teocracias como la Inca en el Perú, atravesando por la semi feudalidad impuesta a sangre y fuego por el régimen colonial, y concluyendo en una república que no tuvo como líderes a los excluidos sino a las clases dirigentes urbanas y cosmopolitas, más cercanas a París que a Ayacucho.

Así, desde el siglo XVI a la fecha la humanidad ha crecido en relación a sí misma, se ha interconectado, se ha hecho una, pero diferente y dividida a la vez. Ello porque este proceso ha sido promovido por élites eurocéntricas, como afirma Aníbal Quijano [2] , que han tenido como eje central de su expansión la idea de la raza, idea que han sabido inyectar en el mundo.

Además, todas estas formaciones sociales y estatales fueron autoritarias, incluyendo la República, que supuestamente se asentaba en la democracia, pero ninguno se basó realmente en procesos participativos e inclusivos, sino en regímenes autoritarios y verticales.

Así, por ejemplo, cuando hubo democracia en el Perú, ésta se basó en el poder del dinero, pues hasta los años de 1920 los votantes eran los hacendados y empresarios; en el poder del género, porque recién en 1956 votaron las mujeres; y por niveles educativos, pues recién en 1980 votaron los analfabetos, los excluidos por antonomasia.

Todo este proceso social, estructural, institucionalizado y legitimado por las élites dominantes, ha producido un Estado y un régimen político liderado por unos cuantos dueños de empresas, y sustentados en sus intereses. Es por ello que en el Informe [3] se afirma que «existen razones normativas y prácticas que determinan que los altos niveles de desigualdad constituyan un obstáculo para el avance social».

Así, este Estado, tal y como está diseñado y estructurado, aun sirve como soporte a la desigualdad extendida en la región, y concretamente en Ayacucho-Perú. El gran reto para los actuales ciudadanos y los intelectuales, es construir un nuevo acuerdo social que proponga un Estado democrático que dote al conjunto de ciudadanos de una base común para su desarrollo. Se podría decir que este Estado está genéticamente elaborado por el autoritarismo y la violencia, y la desigualdad y la exclusión.

Ayacucho: crear una sociedad igual desde la pobreza y desigualdad

En medio de las tensiones por la manera autoritaria de construcción de la vida social y política, la sociedad ayacuchana ha buscado construir una sociedad de iguales. La primera propuesta nació en el mundo indígena y fue liderado por Felipe Guamán Poma de Ayala [4], y en los últimos 30 años se dio la última propuesta autoritaria desde posiciones marxistas-leninistas-maoístas [5]. Así, esta vieja aspiración por la igualdad y la fraternidad, nunca se ha concretado.

Así, esa aspiración se ha visto confrontada con la realidad de pobreza y desigualdad. Y se ha mantenido y perpetuado una cultura marcada por las relaciones serviles y patriarcales al servicio de unos pocos. Y es que el problema de la desigualdad y la pobreza en Ayacucho, como en gran parte del Perú y Latinoamérica, vienen del sistema económico social semi feudal que estableció relaciones serviles entre hacendados y peones. Y esa lógica de reproducción social jerárquica [6] continúa actualmente superpuesta a la lógica de acumulación capitalista, en el marco de la implementación de un Estado neoliberal en Ayacucho.

Sin duda estas dos lógicas de reproducción de la vida social, no son tan visibilizadas y descubiertas, y siguen generando más pobreza y desigualdad. Así, El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en su estudio «Estado de la Niñez Indígena en el Perú», revela que el 53% de niños y adolescentes ayacuchanos entre 3 y 17 años son indígenas y el 72% vive en condiciones de pobreza.

El Representante de Unicef Perú, Paul Martin, ha dicho que «El estudio enfatiza avances a nivel nacional y regional. Sin embargo, también refleja serias discrepancias e inequidades al interior del país (en salud, educación, registro de identidad y pobreza) que deberían ser parte de la agenda futura y un desafío para los próximos años». Otros datos que se desprenden sobre Ayacucho es que el 36,6% de la población regional (209,768 personas) tiene como lengua materna el castellano, el 63% (361,622 personas) aprendió a hablar en quechua [7] .

Así, en Ayacucho existe un piso desigual desde el cual parten los cerca de 650 mil habitantes. Entre los profesionales de la capital Huamanga y los demás hay marcadas brechas. Así, muchos trabajadores (mozos, secretarias, peones, entre otros, trabajando entre 8 y 12 horas), ganan entre 250 y 300 soles mensuales (108 dólares), que se ajustaría al indicador de pobreza del INEI. Y se ajustaría a la definición de que «la pobreza se define por la existencia de un patrón de privaciones más que por la privación misma», como señala Paul Spicker en «Definiciones de pobreza: doce grupos de significados». Pero también un profesional del gobierno provincial de Huamanga puede ganar 5 mil soles (1,850 dólares), quizá poco para algunos por las responsabilidades, pero muy superior al de los demás.

Asimismo, en Ayacucho en el año 2009 sólo el 63,5% de las viviendas particulares disponían de agua por red pública dentro de la vivienda, el 20,3% se abastecen con agua de río, acequia, manantial o similar, y el 8,8% de los hogares tienen red pública fuera de la vivienda. En tanto que sólo el 35,4% de las viviendas particulares disponían de servicio higiénico por red pública dentro de la vivienda. La disponibilidad de servicio higiénico por pozo séptico alcanzó el 23,8% de los hogares. Pero, el 20,3% no disponen de ningún tipo de servicio higiénico. Además, existe una exclusión lingüística porque el 19.4% eran analfabetos.

Sociedad en construcción desde los ciudadanos excluidos

Por ello la sociedad ayacuchana es desigual, en construcción y post violencia política. Es decir, es una sociedad en transición y en reconstrucción, pues no es atrasada ni moderna, es ambas a la vez, en donde existe una desigualdad histórica, y además atraviesa aún procesos de reconciliación y ajustes sociales y humanos tras la violencia socio política de los años 80 y 90.

Esta es una particularidad de la sociedad ayacuchana, pero también es una característica de muchas sociedades hoy en el mundo marcado por la globalización neoliberal, que se afirma y asienta sobre acciones autoritarias y que en muchos casos deja sociedades post violencia, como en la gran mayoría de sociedades latinoamericanas de los últimos 40 años.

Este proceso, y la reflexión sobre el mismo, desde la perspectiva de los excluidos y de una región como Ayacucho por siglos postergada por estar en la sierra sur del Perú, permite ver que en esta sociedad en construcción hay la presencia del fenómeno que Sarmiento llama de «mercantilización de la vida social», y que junto a la ausencia de «protecciones sociales garantizadas por el Estado», reducen la presencia de la ciudadanía en la sociedad y el Estado, limitándola a acciones civiles y políticas, y no a una intervención decidida en el Estado.

Esta es una de las trabas más importantes para la construcción de una sociedad moderna e inclusiva desde los ciudadanos excluidos [8] . Así, la desigual participación en el Estado y su reforma, de parte de los que detentan el poder y de quienes, ciudadanos de a pie, intentan aproximarse, es sin duda un «obstáculo para el avance social». Hay aun ciudadanos de primera y segunda clase, como lo dejó entrever el ex presidente peruano Alan García [9] .

Así, la ciudadanía en Ayacucho, en su gran mayoría, sólo participa en las elecciones cada 5 ó 4 años, dependiendo de la elección de la representación nacional, o regional y local respectivamente. Y en algunos casos para incorporarse en algunos mecanismos de participación ciudadana como el Consejo de Coordinación Regional, CCR [10] , que sesiona por Ley 2 veces al año y cuyas decisiones no tienen un carácter vinculante. Esto es considerado por muchas organizaciones sociales de base como una «farsa».

Es por ello que en Ayacucho aun no se da orgánicamente la relación entre los bienes producidos colectivamente y la ciudadanía, como afirma Walzer, 1993. Esto, como precisa Sarmiento, produce «ensanchamiento de las desigualdades, dado que la provisión diferenciada de bienes a través del mercado contrasta con el acceso igualitario a los bienes públicos que entrañaba la ciudadanía social».

Pugna por la hegemonía: Globalización neoliberal vs. globalización socialista

Pero además, la reducción del Estado y su uso por parte de sectores dominantes, ha generado una disminución de los servicios que debe brindar, como salud, educación, seguridad social, entre otros, y ha elevado el nivel de «vulnerabilidad de importantes grupos humanos que hoy no pueden alcanzar, en el mercado, aquellos bienes que son necesarios para su reproducción social y que ya no brinda la esfera pública».

En ese sentido, Sarmiento afirma que existiría una «ciudadanía mínima como rasgo definitorio de las democracias liberales de fin de siglo». Esta ciudadanía mínima, estaría marcada por la exclusión de las condiciones sociales para un libre ejercicio de la ciudadanía, pues si la población no cuenta con lo mínimo para vivir no se dan «condiciones mínimas de igualdad, en el sentido del acceso a bienes sociales esenciales en una sociedad moderna y democrática: educación, salud, trabajo, vivienda, protección a la vejez, etc.». Tal y como afirma el Informe Regional de Desarrollo Humano 2010.

Así, habría una pugna por el ejercicio de la ciudadanía, pues de un lado existen sectores sociales como hemos visto líneas arriba que como dice Sarmiento, buscan la «desciudadanización» impidiendo la creación de condiciones políticas como garantías individuales frente al ejercicio del poder del Estado, y condiciones sociales como la igualdad social (educación, salud, etc.). Si una persona no tiene salud ni educación, tendrá desventajas en su proceso de participación y de ciudadanía efectiva, frente a otro que sí lo tiene.

Asimismo, estos esfuerzos por reducir la ciudadanía a un acto superficial y liberal, generan vulnerabilidad en la población, y por tanto pueden derivar en «prácticas clientelares de reclutamiento político», como afirma Amparo Menéndez-Carrión. Ambas categorías, ciudadanía y clientelismo, se oponen mutuamente, pues mientras la primera busca que el ciudadano sea autónomo frente al Estado, la segunda avanza más bien hacia su uso e instrumentalización.

De otro lado, a contra pelo de todo ello, hay en Ayacucho, producto de una intensa politización desde la perspectiva de la democracia directa y del socialismo en la sociedad ayacuchana entre los años 60, 70 y 80, una corriente de pensamiento que viene promoviendo una mayor participación de la ciudadanía en el Estado, aunque no tienen claro cómo utilizarlo. Afirman la necesidad de la democratización de la vida social y política, pero no se tiene muy claro los procedimientos y mecanismos. He allí un reto para una globalización socialista.

Además, producto de la guerra interna, han quedado secuelas de la violencia política, las cuales están generando que entre las diferentes organizaciones existan «diálogos» marcados por la intolerancia y el conflicto, fisuras y brechas interpersonales, y el escaso uso de los espacios sociales y de concertación para la resolución de los problemas. Ello produce una dispersión, desorganización y falta de unidad, afectando el liderazgo desde las organizaciones sociales.

Desde ese contexto la disputa por la hegemonía es desigual, pues de un lado están los que detentan buena parte del poder, tienen recursos económicos y además conocen bien el funcionamiento del Estado excluyente; y de otro lado existen vastos sectores dispersos, sin mucho conocimiento ni claridad de cómo transformar democráticamente el Estado, con escasos recursos y luchando contra un proceso de desciudadanización creciente.

De la rebelión democrática a un nuevo acuerdo social

En Perú en los últimos años han renacido las demandas indígenas y la reivindicación de sus territorios de la selva peruana frente al avance del gran capital [11]. Hay en curso una rebelión democrática de los excluidos frente a una globalización que ha nacido con un sesgo imperial, dominante, excluyente, concentrador de decisiones. Rebelión que ha nacido de los extramuros de la sociedad, y que ha logrado significativos triunfos como la cancelación de leyes y la entrada del gran capital en sus tierras.

La sociedad de abajo ha buscado, de diferentes maneras, derrotar la construcción del mundo bajo la égida del capitalismo eurocéntrico, como señala Quijano. Así, en Ayacucho a finales de la década de 1960, se quebró la semifeudalidad producto de la reforma agraria impulsada por Juan Velasco Alvarado, pero precedida de importantes luchas campesinas en los años 50 y 60, y se acabó su dominio sobre la tierra y sobre los peones, hombres que trabajaban en calidad de siervos en las haciendas y que las hacían productivas. Tras la caída del gamonalismo, vino la guerra desatada por el Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso, entre 1980 hasta mediados de la década de 1990, contra el sistema democrático y el capitalismo burocrático.

Como señala Quijano, «lo que el término democracia mienta en el mundo actual, en el patrón mundial de poder colonial/moderno/capitalista/eurocéntrico, es un fenómeno concreto y específico: un sistema de negociación institucionalizada de los límites, de las condiciones y de las modalidades de explotación y de dominación, cuya figura institucional emblemática es la ciudadanía y cuyo marco institucional es el moderno estado-nación».

Así, lo que requiere Ayacucho, como muchas sociedades desiguales en el mundo, es el desarrollo de una democracia como «sistema de negociación institucionalizada de los límites», donde los graves problemas sociales y económicos puedan ser atendidos con participación de la ciudadanía, generándose así una ciudadanía activa y no mínima, como dice Sarmiento. Además, este «sistema de negociación institucionalizada», debe partir desde el conjunto de la sociedad y en especial de los intereses de las mayorías excluidas, para que realmente el sistema sea funcional al proceso de desarrollo social ayacuchano.

Si bien la tendencia es al aumento de la densidad del Estado en Ayacucho, por un mayor crecimiento económico peruano en la última década, también es posible que los sectores más dinámicos puedan avanzar más rápidamente generándose una sociedad más desigual que la actual. Ello porque la ciudadanía no se está desarrollando desde un Estado que propicia su crecimiento e involucramiento en la cosa pública. Por el contrario, se está creando un Estado populista, creador de infraestructura y repartidor de alimentos, y una ciudadanía mínima.

Por ello desde la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza de Ayacucho, las instituciones de la sociedad civil, autoridades públicas y privadas, y algunos partidos políticos, se está trabajando una propuesta alternativa a la neoliberal en Ayacucho, que apunta a generar un Estado fuerte e inclusivo, generador de condiciones para una ciudadanía activa, el desarrollo económico empresarial con equidad, y una apuesta por el desarrollo humano con justicia social e igualdad.

Es por ello necesario visibilizar la actual situación que viven los pueblos como Ayacucho: una dinámica social sin una clara orientación de cómo convertir su rebelión democrática en una propuesta política alternativa a la neoliberal, y un proceso político en curso que sigue el modelo de reproducción neoliberal con rezagos de una cultura semi feudal, sin mayor oposición a la «mercantilización de la vida social».

De hecho las cientos de movilizaciones contra la globalización neoliberal en el mundo empiezan a hacer reconocibles la exclusión y la pobreza. Y hoy se tiene más elementos para la elaboración de un piso común al desarrollo, pero es necesario construir un piso colectivo. He allí un reto. Y del seguimiento y acompañamiento de esta pugna, muchas veces soterrada y otras pocas explícitas, se desprenderá quién ganó.

Así como en Ayacucho y en muchas sociedades desiguales, la propuesta neoliberal apunta a generar un Estado pro mercado, donde se den condiciones para el desarrollo económico de la libre empresa sin una ciudadanía capaz de hacerle frente y vigilante, es necesario contraponer una propuesta socialista que apunte a crear un Estado social equitativo, con la participación más amplia de la ciudadanía. He allí otro reto para una globalización socialista.



[1] Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010, capítulo «Oportunidades, capacidades y desigualdad», página 16.

[2] Colonialidad del Poder, Globalización y Democracia. Aníbal Quijano (Lima, diciembre del 2000),

[3] Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010, capítulo «Oportunidades, capacidades y desigualdad», página 16.

[4] Felipe Guamán Poma de Ayala (Andamarca, Lucanas, Ayacucho, 1556 – 1644), fue un cronista indio del Perú durante el Virreinato del Perú. Redactó «El Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno», donde buscaba crear una sociedad de iguales y fraterna.

[5] Entre los años 1960 – 1990, Ayacucho vivió un proceso intenso de politización marxista, que fue liderador por el Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso, que inició una guerra incruenta entre 1980-2000, y que dejó cerca de 70 mil muertos en el Perú, siendo el 40% ayacuchanos y ayacuchanas. Y como dice el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, estas muertes superan las pérdidas sufridas por el Perú en todas las guerras externas y guerras civiles ocurridas en sus 182 años de vida independiente. Además, la población campesina fue la principal víctima de la violencia, pues el 79% vivía en zonas rurales y el 56% se ocupaba en actividades agropecuarias.

[6] La sociedad ayacuchana nació con la conquista, y generó una sociedad semi feudal donde los hacendados eran dueños de la tierra y de los hombres. Como señalan Antonio Zapata, Rolando Rojas y Nelson Pereyra, en «Historia y Cultura de Ayacucho» (UNICEF e Instituto de Estudios Peruanos, febrero 2008), durante el siglo XIX, luego de la independencia en 1821, «se mantuvo la propiedad de la tierra en manos de las antiguas familias terratenientes y también continuó con la misma dinámica colonial el trabajo de los indígenas para la producción de bienes agrícolas» . Además, señalan que «hacia mediados del siglo XX en Ayacucho existían todavía las haciendas trabajadas tradicionalmente por un sistema de peones». «En las haciendas trabajaban los campesinos a través de relaciones serviles: los terratenientes (o sus administradores) entregaban pequeñas parcelas de su propiedad a éstos, quienes las cultivaban a cambio de obligaciones». Y a pesar de que en esos años «se hallaban en crisis», «casi en todas ellas subsistían relaciones serviles y no se habían tecnificado».

[7] Fuente: http://elcomercio.pe/peru/639621/noticia-72-ninos-ayacuchanos-vive-condiciones-pobreza-segun-estudio-unicef

[8] Esto parece una paradoja, porque la ciudadanía supone la exclusión, pero mirado de la perspectiva de la legalidad no, pues los hombres y mujeres rurales son ahora legalmente ciudadanos por tener Documento de Identidad Nacional, DNI, y ya votan y pueden participar de la vida política, pero no están incluidos en la dinámica de construcción social y estatal. Su voz no es escuchada ni tomada en cuenta en las decisiones sociales y políticas.

[9] El ex presidente peruano Alán García dije que los indígenas que protestaban contra leyes que para ellos vulnerabas sus derechos, «no son ciudadanos de primera», tras afirmar que «¿Que puedan decir 400 mil nativos a 28 millones de peruanos: ‘ustedes no tiene derecho de venir por aquí’? ¡De ninguna manera! Ese es un error gravísimo. Quién piense de esa manera quiere llevarnos a la irracionalidad y al retroceso primitivo». Martes 9 de junio de 2009.

[10] En un órgano creado por la Ley Nº 27902 que modifica la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales Ley Nº 27867, para regular la participación de los Alcaldes Provinciales y la Sociedad Civil en los Gobiernos Regionales y fortalecer el proceso de Descentralización y Regionalización, diciembre 2002.

[11] El Informe Alternativo «Sobre el Cumplimiento del Convenio 169 de la OIT. Perú: Informe Alternativo 2010», elaborado por las organizaciones de indígenas y organismos no gubernamentales, es un documento político en tanto expresa el malestar y la forma cómo el gobierno los trató políticamente. Ellos señalan que el ex presidente Alan García priorizaba y concentraba toda su atención en el gran capital y los inversionistas, como fuente para generar riqueza en la selva. Y para que esa riqueza pueda desarrollarse necesitan que la tierra sea vendida, pues los propios indígenas no serían capaces de transformar la naturaleza en riqueza. Para ese fin se hicieron las leyes, decretos, directivas, y toda una campaña mediática a favor de vender la selva a quien podía supuestamente invertir y traer el desarrollo para esa zona y para el todo el país. Así el Informe cita a Alan García: «Esa misma tierra vendida en grandes lotes traería tecnología de la que se beneficiaría también el comunero, pero la telaraña ideológica del siglo XIX subsiste como un impedimento». Tomado de su texto «El perro del hortelano», Alán García, setiembre 2007.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.