Ahora que sale a luz pública, adopción ilegal de niños, con el informe de las expertas y expertos de Naciones Unidas, sobre adopciones ilegales en tiempo del conflicto armado[1], vienen a mi memoria, los niños y niñas Maya Poqomchi, algunos asesinados, otros lograron sobrevivir y que fueron dados en adopción y una mayoría viviendo con sus familias en las aldeas modelo de Akamal y Saraxoch, donde fueron sometidos a “adoctrinamiento” por parte del personal militar, que cuidaba esas instalaciones.
En el municipio de San Cristóbal Verapaz, funcionaba un comedor y guardería infantil bajo el cuidado de un grupo de religiosas y un hospitalito en la parroquia, bajo el cuidado del párroco y algunos médicos y enfermeras voluntarias. Así como personal de limpieza y aseo, que eran principalmente mujeres y sobre todo mujeres Poqomchi, por la traducción que era necesaria.
Recuerdo, otra de esas tardes, del año 1982, a eso de las seis de la tarde. Llegaron noticias al pueblo, que en la comunidad de San Lucas Chiacal, que estaba a una distancia de 7.5 kilómetros, carretera de terracería, en ese momento, conformada por aproximadamente 20 o 25 viviendas dispersas, había sido invadida, por militares y patrulleros, que habían entrado a una de las viviendas exigiendo comida y que si no les daban los iban a matar, porque de plano eran guerrilleros.
Después de “hartarse” todo lo que quisieron, “sin darle importancia a los niños que lloraban, obligaron a la mamá a cocinarles gallina y al hombre a acarrear agua”. Eso estaban haciendo, cuando llegó la noticia al pueblo y que habían asesinado a la familia y bajo la intensa lluvia, “los bomberos de lugar, arrancaron la ambulancia, una vieja camioneta Volkswagen, que había sido donada por una familia rica del departamento, para ser utilizada en las emergencias”.
Cuando llegó el grupo de socorro, que eran no más de “cuatro bomberos”, a la casa y hablaron con la familia, y dijeron que ya se habían ido. “Uno de los bomberos que iba en el equipo, nos contó una vez, que, solo se miraban las luces de las linternas en los matorrales”, así como eran las comunidades en esa época, los caminos eran pequeños y que se tenía que caminar uno tras de otros, lo que algunos llamaban en “fila india”.
Salieron los cuerpos de socorro de la vivienda, pensando que no les iba a pasar nada. Llegaron al pueblo, a la subestación, cansados y esperando el relevo de turno. Por la mañana, cuando se disponían a buscar el desayuno, los bomberos, el juez de paz y la policía nacional, fueron alertados, porque en la misma dirección de la tarde anterior, “habían quemado una vivienda y nadie sabía si habían asesinados a la familia”.
Cuando, llegó el grupo de socorro, “la casa estaba quemada, bajos los escombros, estaban el papa, la mamá y tres niños de diferentes edades, asesinados a balazos y posteriormente quemados”, en ese momento “los socorristas se preguntaban; ¿con que los quemaron?, porque fueron reducidos a casi nada. Los cinco cadáveres cupieron en una sola camilla. Los niños, fueron cargados, uno en cada mano, como si fueran sandias o melones. Ahora teniendo más conocimiento de la situación, posiblemente los quemaron con fósforo blanco [2].
Las masacres, las desapariciones, las torturas, fueron la principal causa de la llegada niños y niños Poqomchi a los centros de protección y salud. Cuidado por religiosos y religiosas. Frecuentemente a los niños y niñas que quedaban huérfanos o que eran entregados al sacerdote o a la religiosa del lugar, por sus padres o madres, al verse solos o solas por la represión. Estos últimos, se encargaban de darlos en adopción, ya sea a familias adineradas del país o a familias de otros países. Otros fueron llevados por militares a la zona militar, otros a las aldeas modelos, en donde llegaban familias a pedirlos en adopción.
Al carecer de papeles de identificación los niños y niñas se les cambiaba de nombre. Y así, fue, como conocí a Raúl, María José y José y muchos más que no recuerdo sus nombres. Se dieron en adopción a familias de Italia, España, Filipinas, Estados Unidos y Guatemala. Los vimos, los cargamos, les hablamos en su idioma.
Recuerdo que uno de ellos, solo podía decir, “kuloq’ Morán” (viene la Morán), haciendo referencia al bus que viajaba en ese entonces por la ruta, transportando a los habitantes de las comunidades, para ir al mercado o hacer trámites del pueblo. Alguien decía, “taq taq, qa kol qib’, wilqeb’ take aj kansanel” (vamos, vamos, escondámonos, porque vienen los asesinos).
De ahí, que, la preocupación de los y las expertos de Naciones Unidas, puede ser una esperanza, para saber en “donde están nuestros niños y nuestras niñas” Poqomchi, porque nunca supimos más de ellos.
Notas:
[1] https://www.ohchr.org/es/press-releases/2026/02/un-experts-alarmed-reports-historic-illegal-adoptions-and-alleged-role, visto última vez el 17 de febrero de 2026.
[2] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/white-phosphorus, visto última vez el 17 de febrero de 2026.
Kajkoj Máximo Ba Tiul. Maya Poqomchi, antropólogo, filósofo, teólogo e investigador.
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