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Honduras

El banquero central del millón de «lágrimas» quiere curarse en salud

Fuentes: Rebelión [Imagen: Roberto Lagos, presidente del Banco Central]

“En Honduras una “lágrima” es un lempira” (Leandro Castillo, humorista paceño)

«El gasto público se considera únicamente en función de una masa monetaria que es necesario reducir, nunca en función de su utilidad” (Thomas Porcher, economista)

Me preguntaba un amigo economista chileno si eran ciertos los sueldos de los empleados de la Banca Central en un país tan pobre como Honduras, pero sobre todo del nuevo presidente del Banco Central, Roberto Lagos, con estudios de base en matemática y después en economía. Su salario se estima en cerca de 300.000 lempiras mensuales, unos 11.202 dólares al cambio actual, más  colaterales como acceso rápido a vivienda, aumento de sueldo anual, préstamos y prestaciones garantizadas [1]. Se aduce que su sueldo neto es de 230.000 lempiras mensuales, ya que, como todos, paga impuestos y tiene deducciones obligatorias. La oposiciónpolítica habla de un sueldo mayor, unos 340.000 lempiras mensuales, o sea, 12.695 dólares.

La Banca Central en Honduras ha pagado bien a sus empleados y busca siempre que se especialicen, tengan vivienda  y vehículo propio. La población en general debe estar consciente que el recurso humano del Banco Central es lo más calificado del país, por lo que cualquier mejora en su salario y condiciones materiales de vida está plenamente justificado y garantizado, pero deberán demostrar con resultados dichos conocimientos.

No obstante, contrario a países como Chile, Argentina, Ecuador, donde los empleados de banca  central, sobre todo del área de estudios e investigación económica, tienen la obligación de investigar, discutir y divulgar sus estudios, en Honduras las investigaciones se han quedado en las cabeceras de los jefes de Departamento y Directorio del Banco. Es decir, no se ha permitido una divulgación permanente de dichas investigaciones para conocimiento de la población en general y academia [2]. Igual, se ha dado el caso que el presidente del Banco ha absorbido  investigaciones de los empleados y presentado como propias, sumado a la contratación de más de cinco o seis asesores.

A ello se suma la injerencia política en el nombramiento del presidente del Banco Central y directores y la influencia en la toma de decisiones, sobre todo en la política monetaria,  cambiaria y del financiamiento del déficit del Gobierno. En los gobierno del Partido Liberal y Libertad y Refundación (LIBRE), la política de Banco Central ha escapado al libreto del Fondo Monetario Internacional (FMI) y se puede tipificar como heterodoxa, contrario en los gobierno del partido nacional donde existe un claro interés por adoptar el libreto monetarista neoliberal y las recomendaciones de dicho organismo sin más.

Se pensó, antes de la instauración del Gobierno de Nasry Asfura, que la presidencia del Banco Central debería recaer en un connotado economista de afiliación nacionalista, pero con amplia experiencia en banca, dado que había que dar vuelta al libreto del gobierno anterior, que restituyó el mecanismo de subasta de divisas vigente desde el Gobierno de Carlos Roberto Reina ( 1994-1997),  introdujo el gradualismo en el grado de depreciación cambiaria y canalizaron recursos -vía uso de las remesas- al Gobierno Central para pagar deudas y apoyar los programas de inversión prioritarios.

Roberto Lagos, uno de los principales críticos mediáticos -con apoyo de la prensa denominada tarifada- del Gobierno de Xiomara Castro y de la gestión del Banco Central anterior, no tenía una experiencia evidente en banca privada y central,  pero es manifiesta  su inclinación a un modelo de corte monetarista-neoliberal que atribuye todos los males de mayor inflación, bajo ritmo de crecimiento del PIB,  endeudamiento y déficit fiscal, a la vigencia de una política activa del Gobierno y Banco Central con baja Tasa de Política Monetaria (TPM) , créditos blandos y subsidiados, endeudamiento, aumento de impuestos a los que tienen más, subsidios públicos, ajuste de salarios, uso de reservas monetarias para financiar las deudas y controles cambiarios que, en teoría, reprimen el acceso de divisas públicas por los agentes económicos y financieros.

Salvador Nasralla, candidato a la presidencia de la República por el Partido Liberal en las elecciones de noviembre de 2025, felicitó al Gobierno de Nasry Asfura por el nombramiento de Roberto Lagos como presidente del Banco Central de Honduras, e “insistió en la importancia de que la conducción de la política monetaria se base en análisis técnicos más que en consideraciones partidarias o presiones políticas, especialmente en momentos en que la economía nacional enfrenta retos como la estabilidad macroeconómica. Nasralla también dirigió un mensaje al presidente de la República, instándolo a confiar en el criterio técnico de Lagos por encima de influencias políticas en la toma de decisiones económicas, con el objetivo de fortalecer la confianza en las políticas monetarias y en el futuro económico del país” (Paradigma.hn, 28-01-2026).

Frente al aumento de la inflación y bajo crecimiento del PIB en el primer semestre del año, donde la inflación alcanzó el  5,83%, la más alta de la región, contra un rango de tolerancia de hasta 5%, y la tasa de crecimiento del PIB por debajo de los países centroamericanos, Lagos ha dicho que el gobierno anterior es responsable de la emisión de dinero inorgánico, unos 36.500 millones de lempiras, o sea, sin respaldo en la producción, y es causante de un aumento de 2% de la tasa de inflación, un 4,98% en 2025 según el Banco Central.

Prácticamente acusa -como si fuera delito- al Gobierno de Xiomara Castro y Banco Central de usar dólares de las Reservas Internacionales (RI), aunque no dice el porqué del uso y la justificación de la transacción que incluso avaló el FMI [3]. Es más, no dice nada de la política del sobreendeudamiento con banca privada nacional e internacional de los gobiernos de JOH, cuya operación bancaria también avaló el organismo, con un costo del crédito alto y evidencia de corrupción (léase para el caso,  tazón de seguridad).

Como se esperaba, el Banco Central ha venido flexibilizando el mecanismo de acceso a divisas donde es claro que la preferencia en montos la tienen los grandes importadores, comerciantes y banca, frente a las mipymes y público en general. Es de esperar que dentro del nuevo Programa Monetario que será aprobado a finales del mes, se profundicen estas medidas hasta eliminar el mecanismo de subasta de divisas; igual mantener en 5,75% anual ( la más alta de los países de la región centroamericana), o aumentar la TPM, en el entendido que una baja genera presiones inflacionarias mayores, no importando los impactos negativos en la producción de bienes orientados a satisfacer la demanda de consumo interno, como los granos básicos y vegetales.

“El presidente del Banco Central de Honduras (BCH), Roberto Lagos, aseguró que la institución no contempla, por ahora, un incremento en la Tasa de Política Monetaria (TPM), al considerar que las condiciones actuales no requieren ajustes en la referencia utilizada para orientar la economía nacional. Explicó  que la política monetaria hondureña se mantiene alineada con las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), por lo que no existe necesidad de realizar movimientos adicionales en la tasa. Según indicó, esta sincronización permite mantener estabilidad macroeconómica en el manejo financiero del país” (El espectador.hn, 1 de julio de 2026).

El enfoque contractivo usado para estabilizar la economía, que para funcionarios del Gobierno su inestabilidad se atribuye a las malas decisiones de tipo “populista” del gobierno anterior, tanto por la vía de la política monetaria y fiscal, ha hecho visibles efectos negativos en la producción, inversión externa, empleo e ingresos de las familias, sumado al aumento de la inflación donde se evidencian costos mayores de los servicios públicos y alimentos, pero sin cumplimiento de metas previstas.

Seguir los manuales de economía ortodoxa al pie de la letra en un país como Honduras puede generar lo contrario de lo buscado.  La reducción del monto de inversión pública, los subsidios a las familias de menores ingresos y la falta de recursos para apoyar la producción alimentaria, aumenta la pobreza en el país, sin garantía de un crecimiento del PIB aceptable y sostenible y estabilidad de precios.

Antes de que Roberto Lagos reciba el otro millón de “lágrimas”, debería calibrar y presentar un programa monetario coherente, cuyas medidas de política económica golpeen menos a los “desarrapados”. Y también debe olvidarse de estar criticando la gestión de los gobiernos anteriores y avanzar en el cumplimiento de objetivos no solo de estabilización, sino también de desarrollo, donde algunas como la reducción del hambre no están supeditados a lograr una inflación menor de 8% y crecimiento del PIB de 4% en 2026.

Notas:

[1] El sueldo de Rebeca Santos, la presidenta del Banco Central en el Gobierno de Xiomara Castro, era de 180.000 lempiras mensuales y el de Wilfredo Cerrato, último presidente en el Gobierno de Juan Orlando Hernández (JOH), de 270.000 mensuales.

[2] Ello ha venido cambiando últimamente, especialmente después de la presencia del Covid-19, donde empleados del banco se han sentido motivados a publicar parte de sus investigaciones, pero todavía estamos en pañales si nos comparamos con otros países de la región.

[3] El gobierno de Xiomara Castro y el “mote” de comunista que le atribuyeron dirigentes del Partido Nacional y prensa mediática aumentó el riesgo país y el costo del dinero en los mercados internacionales, por lo que se hizo uso de las reservas internacionales para cumplir con las obligaciones de deuda y apoyar los gastos de inversión productiva.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.