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Entrevista con Tommy McKearney, antiguo dirigente del Ejercito Republicano Irlandés (IRA)

«El IRA tendría que haberse convertido en una organización socialista»

Fuentes: Sin Permiso / Links

Tommy McKearney fue uno de los dirigentes del Ejercito Republicano Irlandés (IRA) desde comienzos de los años 70 hasta su detención en 1977. Condenado a cadena perpetua, cumplió 16 años de cárcel y participó en la huelga de hambre de la prisión de Maze en 1980. Hoy es periodista independiente y uno de los organizadores del Sindicato Independiente de Trabajadores (IWU) en Irlanda del Norte. El año pasado publicó The Provisional IRA: From Insurrection to Parliament (Pluto Press, 2011) en el que defiende que el IRA Provisional debería haberse convertido en una organización socialista. En la amplia bibliografía sobre la historia del IRA (1) su contribución es la de un militante destacado que revisa los problemas decisivos de la táctica y la estrategia de la revolución irlandesa. La entrevista fue realizada por Mat Ward, para la revista australiana Links.

¿Puedes explicarnos por qué crees que el IRA debería haberse convertido en una organización socialista?

Parto de la asunción que sus lectores aceptan los valores del socialismo como sistema. De lo que estamos hablando es porqué el IRA Provisional hubiera debido -y hubiera podido- adoptar una agenda explícitamente socialista. En los primeros años del desarrollo del IRA Provisional, el movimiento era «pro-socialista» en un sentido no científico. Sus miembros eran trabajadores, se identificaban con los sectores más desfavorecidos de la sociedad y su principal objetivo era una «república democrática socialista». Lo que no tenía era un programa socialista concreto que fuera más allá de sus aspiraciones socialistas.

Mi tesis es que cuando los miembros del IRA debatieron a finales de los años 70 las diferentes opciones estratégicas que tenían, hubieran podido adoptar un programa socialista radical. Si lo hubieran hecho, la energía y la implantación social de los «provos» hubiera permitido crear una dinámica real de transformación económica en Irlanda. Es más, hubiera dado al republicanismo irlandés una oportunidad mejor para establecer lazos con la clase trabajadora protestante y poder luchar contra el sectarismo religioso que es tan corrosivo en la sociedad de Irlanda del Norte.

Señala en su libro como la prensa británica de finales de los años 60, periódicos como Guardian, Observer y el Sunday Times , informaban con una nueva óptica, más atractiva, del movimiento por los derechos civiles. ¿Cree que las nuevas fuentes de información alternativa, como WikiLeaks y las páginas de Internet especializadas pueden crear un clima similar que favorezca un clima de cambio en la República de Irlanda e Irlanda del Norte?

Hay dos aspectos en esa pregunta. Primero, el de una nueva tecnología que ha revolucionado y democratizado los instrumentos de la comunicación humana. Creo que Internet puede significar para las sociedades contemporáneas algo parecido a la imprenta para las sociedades de la edad media: abrir las puertas de una nueva Ilustración. En segundo lugar, es muy poco probable que este fenómeno deje su huella en primer lugar en Irlanda, bien sea el Norte o el Sur. Es más probable que una oleada de protesta de alcance global similar al movimiento de los indignados comience en uno de los centros del sistema como EE UU, China o Alemania y que su onda expansiva llegue hasta Irlanda gracias a las nuevas tecnologías de la información que hemos mencionado. Hasta cierto punto, en 1968-69 el Guardian, Observer o el Sunday Times lo que hacían era reverberar el eco de la revuelta internacional del 68 en Irlanda.

Su libro documenta las políticas aplicadas durante muchos años contra la minoría católica en Irlanda del Norte. No faltan los paralelismos en relación con otras minorías nacionales en todo el mundo. Por ejemplo: provocaciones policiales de la mayoría hindú en Gujarat para provocar motines religiosos y la quema de casas de musulmanes; las acciones del estado israelí contra la población palestina, que responde con piedras al fuego real, a la vez que son explotados como mano de obra barata; la calificación como terroristas de los insurgentes tamiles en Sry Lanka, el genocidio cultural de los aborígenes australianos. ¿Qué otros paralelismos se le ocurren?

En la medida que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, el imperialismo, el colonialismo y el racismo han sido instrumentos utilizados por los poderosos para mantener su control sobre el mundo y sus riquezas. En alguno de los ejemplos que ha citado, las minorías son grupos humanos bastante numerosos. El establecimiento de divisiones artificiales entre mayorías y minorías permite a la clase dominante dividir y gobernar donde no podría. Para hacerlo, la clase dominante siempre demoniza y menosprecia a las minorías: católicos, judíos, negros, musulmanes… la lista es inacabable en la historia. Al actuar así se crean razones espurias para discriminar, usurpar, robar, esclavizar o incluso exterminar a esas minorías, lo que exige una represión violenta. Quienes tienen que ejercer físicamente esa violencia son frecuentemente también los que menos tienen, a los que se premia con pitanzas y pequeños privilegios (los «blancos pobres» o, en Irlanda del Norte, los protestantes más desfavorecidos), pero a los que también se mantiene dentro del sistema con la amenaza de la venganza de los oprimidos. Este mecanismo de equilibrios permite que muy pocos puedan dominar a muchos.

Suele afirmarse que el éxito o fracaso del movimiento de los indignados depende en buena medida de si se crea una alianza con los sindicatos. ¿Podría decirse lo mismo del IRA Provisional y del Sinn Fein?

Conseguir que los sindicatos se impliquen es, en definitiva, que irrumpa en escena la clase obrera organizada y en este sentido es una afirmación acertada y valida. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta cual es la situación actual de la clase obrera.

En muchos países, incluyendo Irlanda, el movimiento sindical tradicional es muy conservador y dócil, lo que hace que el movimiento obrero organizado sea pasivo y débil. Es importante, por lo tanto, que los sindicatos hagan suyo el mensaje radical del movimiento de los indignados y no lo agüen.

La situación del Sinn Fein es un poco diferente. Si el Sinn Fein estuviera dispuesto a apoyar un sindicalismo de combate, el partido sería capaz, sin duda, de jugar un papel muy importante en la transformación de la sociedad irlandesa. Pero si se limita a recibir el apoyo de la burocracia conservadora de los sindicatos irlandeses a cambio de plantear en el parlamento temas con un ligero barniz socialdemócrata, de poco servirá.

Señala que la unificación de la República de Irlanda con Irlanda del Norte ha dejado quizás de ser un tema de actualidad. Si alguna vez se consiguiera avances en ese sentido, ¿qué medidas cree que debería adoptar la mayoría católica -además de promover la solidaridad de la clase obrera- para evitar que la minoría protestante no sea perseguida y oprimida?

La unificación política no es evidentemente un objetivo central para la gran mayoría del pueblo de Irlanda, aunque es posible que no siempre sea así. Si se llegase a conseguir la unidad, sería importantísimo asegurar que la comunidad protestante no sufre desventajas ni opresión. Hay situaciones en las que algunos de los viejos principios democráticos liberal-burgueses retienen todo su valor, y ese sería uno de ellos. Sería esencial que un estado irlandés unificado garantizase y estableciese de hecho una igualdad ciudadana. Y debe reconocerse que es esencial moralmente y en la práctica para legitimar una república progresista.

Apunta en su libro el papel jugado por la prensa mayoritaria en la ocupación de Irlanda del Norte. El Grupo de Estudio de los Medios de la Universidad de Glasgow ha hecho un trabajo muy amplio sobre el papel de los medios en los conflictos de Oriente Medio, que Pluto Press acaba de publicar con títulos como Bad News from Israel y More Bad News from Israel . ¿Qué estudios de este tipo podría recomendar sobre la ocupación de Irlanda del Norte?

Solo me viene a la memoria The Propaganda of Peace: The Role of Media and Culture in the Northern Ireland Peace Process, de Greg McLaughlin y Steve Baker, publicado en 2010.

Argumenta que Gran Bretaña mantiene su ocupación de Irlanda del Norte para proteger su flanco occidental y evitar que surja en su «patio trasero» un estado «canalla», tipo Cuba. Según usted ¿en que medida la gente es consciente en Gran Bretaña e Irlanda de estas imposiciones geo-estratégicas?

En mi opinión, la mayoría de la gente en Irlanda o Gran Bretaña desconocen que Londres considera Irlanda como un espacio estratégico vital para su seguridad. La visión de estado británica ha variado, por supuesto, con los siglos si no de década en década. La respuesta de Londres depende de la situación política en Europa y de la tecnología, pero sobre todo de cuales son las fuerzas políticas realmente existentes en Irlanda y de cual es su disposición en relación con Londres. Actualmente, la sociedad irlandesa no supone ningún riesgo para los intereses del capital o del estado británico. Gran Bretaña puede, por lo tanto, tomarse de manera mucho más relajada lo que ocurra en Irlanda, porque puede contar con fuerzas conservadoras, tanto en el Norte como en el Sur, para apoyar sus objetivos imperialistas.

Utiliza los términos «Gran Bretaña» y «Reino Unido» ¿en qué medida le molesta o es una ironía?

No lo hago con ninguna intención oculta. Cuando me refiero al «Reino Unido», a «Gran Bretaña» o incluso a «Irlanda del Norte» uso los términos habituales para describir entidades políticas contemporáneas que son una realidad. El que no apoye o acepte políticamente a las mismas no me impide usar esos términos, de la misma manera que mi oposición a la OTAN no implica que no pueda llamarla por su nombre.

Lo que me irrita, sin embargo, es que la gente use el termino Eire cuando se refieren a la República de Irlanda o simplemente la República. Eire es el término gaélico para «Irlanda» y su utilización en artículos escritos en inglés es lo mismo que escribir Deutschland para referirse a Alemania. Margaret Thatcher y el Belfast News Letter usan Eire. En cuanto al término «Britania continental» (mainland Britain) es simplemente ridículo: tanto Britania como Irlanda son dos islas en las costas del continente europeo. Solo aquellas personas que están convencidas de que Europa se queda aislada cuando cae la niebla en el Canal de la Mancha pueden creer que Britania es el continente de Irlanda.

La crisis financiera de 2008 parece ser una oportunidad perdida para la izquierda. Ahora que la crisis de la deuda pública europea vuelve con toda su crudeza, ¿cree que la izquierda sabrá sacar provecho de ella?

Hasta cierto punto, la izquierda siempre está dispuesta a responder a una crisis capitalista. Desgraciadamente, la gente no siempre está preparada para escuchar o dejarse aconsejar por la izquierda y apoyarla. No hay una respuesta fácil. Simplemente tenemos que perseverar y tener paciencia, porque cuando la gente se pone en movimiento, la izquierda tiene que tener respuestas y debe aprovechar las oportunidades que crea el propio movimiento popular. Lenin siempre decía que en esas ocasiones, la gente siempre va por delante de los partidos.

¿El reciente giro hacia la izquierda del Sinn Fein, que usted señala al final de su libro, abre esperanzas?

Sería imprudente confiar que el Sinn Fein se convierta en una verdadera alternativa de izquierdas. En Irlanda del Norte el Sinn Fein es parte de una coalición con el conservador Partido Democrático Unionista que aplica una dura política de ajuste, exigida por el gobierno británico. La excusa del Sinn Fein en el parlamento norirlandés es que dado que Irlanda del Norte no tiene el control en última instancia sobre sus finanzas, el Sinn Fein hace todo lo que puede para mitigar el impacto de los recortes exigidos por Londres. Por otra parte, en Dublín, la coalición del Fine Gael y el Partido Laborista insiste en que deben aplicar el paquete de ajuste ordenado por el FMI y el Banco Central Europeo y que también ellos intentan mitigar el efecto de esas políticas. Y el Sinn Fein les critica por ello.

Termina el libro con estas palabras: «Como siempre, el mundo esta en proceso de cambio. La cuestión es como influir en ese cambio». ¿Qué hacer?

La mayor dificultad, en mi humilde opinión, a la que se enfrentan la clase obrera y la izquierda es la ausencia de una alternativa clara, viable y fácil de entender a lo que se conoce como la actual «ortodoxia económica». Sería un activo muy importante, en términos de influir positivamente en el mundo, si se pudiera identificar un modelo económico alternativo y conseguir un amplio consenso sobre dicho modelo en los sectores progresistas más amplios de la sociedad.

¿Qué opinión tiene sobre la coalición Alianza de la Izquierda Unida (ULA), que se ha presentado a las elecciones en el Sur de Irlanda?

La ULA es un elemento positivo y progresista. El hecho de que organizaciones de izquierda hayan sido capaces de coaligarse es una buena noticia, que anima, especialmente en esta época de crisis capitalista. La ULA también ha dado una muy necesaria visibilidad a la izquierda, con portavoces de peso y capacidad de argumentar como Richard Boyd Barrett y Joe Higgins. Además, la Alianza de la Izquierda Unida se ha puesto al frente en la organización de la resistencia a las medidas de austeridad adoptadas por el gobierno irlandés, en especial la subida del impuesto IBI sobre las propiedades inmobiliarias. Esta resistencia es muy importante por dos razones. La primera, porque ha dado confianza y animado a mucha gente en Irlanda que no había ofrecido resistencia hasta ahora a los recortes y ajustes que afectan al nivel de vida de las clases trabajadoras. La segunda, porque el FMI y el BCE estaban utilizando Irlanda como un ejemplo para el resto de Europa para demostrar como un país debe y puede pagar sus deudas, unas deudas que no han contraído las clases trabajadoras, y como estas están dispuestas a aceptar resignadamente las consecuencias de las políticas de austeridad.

Este último aspecto está siendo desafiado gracias a la resistencia organizada por la ULA. Una preocupación a tener en cuenta es que hay sectores significativos de la clase obrera que se sitúan fuera de la ULA. Los sectores obreros de la corriente republicana irlandesa, la izquierda laborista y aquellos sectores bajo la influencia del PC irlandés (que va más allá de su base militante) tienen aun que ser coaligados para poder construir una alternativa realmente potente. Se arrastra una larga historia de suspicacias y rivalidades entre todos estos grupos y no será fácil juntarlos. Pero hablando con objetividad, esa es la tarea pendiente que hay que llevar a cabo. La ULA esta en una buena situación para actuar como catalizador. Pero al mismo tiempo, cualquier gesto de la ULA en esta dirección debe ser recíproco y ello nos incumbe a todos.

¿Qué le parece esta cita de Chomsky?: «Considérese, por ejemplo, el terrorismo del IRA, que era muy real. En la medida en que Gran Bretaña respondió a la violencia con violencia, se alimentaba un circulo vicioso de terror. Finalmente, en parte por la influencia de EE UU y en parte por presiones internas, Gran Bretaña acabó por prestar atención a los agravios legítimos que estaban detrás y alentaban las acciones terroristas. El terror disminuyó y hoy Irlanda del Norte, sin ser una utopía, es muy diferente de la de hace quince años. Esa es la manera de encarar el terrorismo: analizar sus causas, sus raíces, y actuar en consecuencia» (2).

Lo primero que me trae a la cabeza este comentario de Chomsky es el viejo chiste de una persona decente que discute sobre el tema con un grupo de Fabianos británicos, que concuerdan al unísono que el problema es el «terror» (cualquiera que sea el significado de esta palabra en un orden mundial vigilado por los marines de EE UU) y que solo la acción ilustrada de los poderes imperiales civilizados puede poner coto al mismo. Para volver a poner el caballo delante del carro hay que reconocer que si no se hubiese utilizado la fuerza armada en Irlanda del Norte, el ilegítimo y no democrático régimen gobernante jamás hubiera tenido en cuenta y considerado las reivindicaciones populares, por muy justas que estas fueran. Sin embargo, en un sentido amplio, la observación de Chomsky de que hay que ir a las causas y raíces del conflicto, en vez de acabar con él aplastándolo, es perfectamente correcto.

¿Qué partes de este libro fueron pensados en la cárcel?

La idea del libro surgió de una conversación con mi amigo y camarada Paul Stewart, que escribió la introducción. Hace unos dos años discutíamos la situación del republicanismo irlandés y qué le había pasado al movimiento que una vez fue el IRA Provisional. El libro fue una consecuencia de esa conversación. Lo que puede atribuirse a mi estancia en la cárcel es el método empleado para escribirlo. En la cárcel comencé a comprender para que servían el materialismo y la dialéctica y desde entonces intento emplearlos de la mejor manera posible para dar forma a mi pensamiento.

No trata de su estancia en prisión, ¿por qué?

El libro no es sobre mi. Es mi análisis de la evolución del IRA Provisional desde su fundación hasta su transformación en un partido parlamentario reformista y el papel que jugó en la transformación del viejo estado en Irlanda del Norte. Mi objetivo era demostrar la naturaleza del viejo «estado orangista», los intereses estratégicos británicos implícitos, como se enfrentó el IRA Provisional a esta situación y como han quedado la región (y los «provos») hoy.

¿Qué piensa de las declaraciones del primer ministro británico David Cameron en el sentido de que cualquier decisión que afecte a la soberanía británica sólo puede ser adoptada por el Parlamento de Westminster, tal y como recoge el estatuto de 1998 que concedió un auto-gobierno limitado a Escocia?

La clase dirigente británica esta haciendo un enorme esfuerzo para evitar la ruptura del Reino Unido. Inglaterra sin el resto sería como Rusia sin la URSS. Prácticamente cada semana escuchamos una historia de miedo sobre lo terrible que sería si Escocia opta por la independencia. Cameron, que parece prisionero de sus diputados más reaccionarios, comienza a amenazar un poco con el palo para tranquilizar a su propio partido y quizás para enervar a los escoceses. No hay ni que decir que Londres carece de cualquier derecho moral para decir a los escoceses si deben ser independientes o no. ¿Por qué llamarla una «unión» si las partes no pueden separarse si quieren? Lo que nos cabe esperar es una campaña sucia, orquestada por los servicios secretos londinenses, como ocurrió durante la huelga de los mineros.

Notas: (1) Además del clásico libro de Tim Pat Coogan, The IRA: A History, (Roberts Rinehart Publishers, 1994), hay que destacar los de Ed Moloney, A Secret History of the IRA, (Penguin, 2003) y Richard English, Armed Struggle: The History of the IRA, (Oxford University Press, 2003). Ahora se suma el de Tommy McKearney (http://www.plutobooks.com/display.asp?K=9780745330747& .(2) ( http://thoughteconomics.blogspot.com/2011/04/understanding-democracy.html )

 

Tommy McKearney fue uno de los dirigentes del Ejercito Republicano Irlandés (IRA) desde comienzos de los años 70 hasta su detención en 1977. Condenado a cadena perpetua, cumplió 16 años de cárcel y participó en la huelga de hambre de la prisión de Maze en 1980. Hoy es periodista independiente y uno de los organizadores del Sindicato Independiente de Trabajadores (IWU) en Irlanda del Norte.

 

Traducción para www.sinpermiso.info : Gustavo Buster

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