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Entrevista a Rafael Poch-de-Feliu, periodista y autor del libro "La quinta Alemania"

«España ha jugado el papel del buen alumno en esta comedia surrealista»

Fuentes: Diagonal

Rafael Poch-de-Feliu analiza el papel de Alemania en la imposición de las medidas económicas de la troika a los países del sur de Europa y apunta que la resistencia social es la alternativa frente al neoliberalismo.

Rafael Poch-de-Feliu es periodista y en la actualidad corresponsal de La Vanguardia en Alemania. Tie­ne una amplia trayectoria periodística y ha sido enviado especial en varios países de Europa del Este -entre 1983 y 1987-, en Moscú y China. Desde hace cinco años reside en Ber­lín. Su último libro, La quinta Ale­mania (Icaria 2013), ha sido escrito junto a los periodistas Ángel Fe­rrero y Carmela Negrete (integrante del colectivo editor de Diagonal). El libro repasa la historia reciente de Alemania y profundiza en lo que el autor denomina «la mayor involución sociolaboral desde la posguerra«. Poch-de-Feliu mantiene que esa involución está siendo exportada como modelo económico al conjunto de Europa, sobre todo al sur de este continente, y está creando países de primera y de tercera.

¿La victoria de Angela Merkel en septiembre pasado significa que se van a mantener las mismas exigencias de austeridad sobre los países del sur de Europa?

La política será continuista. Eso es lo que refleja el documento de la coalición [firmado por la Unión Demócrata Cris­tiana, los cristianodemócratas de Angela Merkel, y el Partido Social­demócrata de Alemania] y aprobado por todos sus miembros. Mucha austeridad y cuentas ajustadas y, en otros aspectos ‘retóricos’, se va a potenciar el empleo y estimular la economía. De todas formas, la política tiene puntos imprevisibles dictados por las circunstancias.

Dependiendo de cómo vaya la crisis europea, el Gobierno tendrá que hacer una cosa u otra. Por ejemplo, en marzo de 2010 estaba totalmente en contra de ayudar a Grecia y del llamado ‘rescate’, que en realidad era un rescate de los bancos europeos endeudados allí. En el último momento, hubo un giro de 180 grados porque las consecuencias de no hacer aquel rescate eran mucho peores, más caras, que hacerlo. En ese sentido, pueden pasar cosas parecidas. Los documentos de la coalición son ésos, pero si la crisis evoluciona de determinada manera, puede ser que se hagan cosas distintas.

Merkel parece contenta con la política de Mariano Rajoy. En su discurso de investidura felicitó a España.

La narrativa, como se dice ahora, de todo lo que está pasando exige determinados ritos. Uno de ellos es que, partiendo de la base de que no se reconoce el desastre que ha provocado esta política, efectivamente un día u otro saldremos de la crisis, porque todas tienen un componente cíclico.

Pero esta crisis tiene detrás un problema sistémico enorme, y no se ha arreglado, y va a regresar…Saldremos de ella, sí, pero la cuestión es ¿cuánto tiempo se ha necesitado con una política errónea? y ¿cuánto se hubiera necesitado con una política diferente? Y en esa narrativa, hay unos alumnos disciplinados, y España ha jugado ese papel del buen alumno dentro de esa comedia absolutamente surrealista.

¿El ciudadano medio alemán se siente seguro frente a las políticas neo­liberales que se aplican en los PIIGS: Portugal, Italia, Grecia, Espa­ña?

El gran ‘capital’ de Merkel es que, pese a que la mayoría de los alemanes no están nada contentos porque en lo sociolaboral su vida va a peor en los últimos años, la situación de Alemania es mucho mejor que la de los países del sur. Por tanto, la plegaria es: «Virgencita que me quede como estoy». Por eso Merkel ha ganado las elecciones. Ella es, precisamente, la que ha puesto el acento en ese mensaje y lo ha hecho sabiendo que sus adversarios no han tenido voluntad, ni capacidad, de presentar discursos alternativos.

En La quinta Alemania se desmitifica esa idea de que en ese país todo funciona muy bien económicamente hablando.

No se trata de comparar la miseria de unos y otros. Se trata de comprender que cada país, con sus puntos de partida y sus diferencias macroeconómicas tienen puntos en común. Alemania tenía un enorme Estado social, de garantías sociolaborales, en los contratos de trabajo, etc… y eso se ha ido erosionando. Sin embargo, ahora, es el modelo que se exporta. Ésa es la contribución alemana a esa línea neoliberal de la gran desigualdad. En España es otra cosa. Se partía de un sistema neocaciquista con unas raíces en el Franquismo, con esa mezcla de amigos y tunantes… Ésas son las especificidades nacionales de cada país, pero el sistema alemán y español tiene puntos en común.

¿Sigue vigente esa división entre los alemanes del Este y los el Oeste? En el libro hablas de cierto desencanto entre los primeros.

Sí, evidentemente la reunificación consagró una Alemania de categorías. La Alemania del Este fue vilipendiada y ninguneada. Todo lo que había sido la República Democrática Alemana (RDA) se redujo al Estado policial [la Stasi]. Aunque sí tenía cosas muy oscuras, también otras perfectamente válidas, especialmente en el aspecto sociolaboral, pero se metió en el mismo saco toda la biografía de los 16 millones de alemanes del Este. Mucha gente se vio despreciada en su propia biografía, y eso ha dado lugar a sentimientos muy amargos.

Además, en la antigua RDA se pasó del pleno empleo a unas cuotas de paro enormes. Al mismo tiempo que se produjo una gran mejora en las infraestructuras, hubo una tremenda pérdida de seguridad en el futuro, pérdida de derechos de la mujer y la caída del sistema sanitario y de educación.

Estos sistemas, aunque eran más precarios que en la Alemania del Oeste, eran más eficaces… Ha habido un balance de lo que se ha perdido y lo que se ha ganado y muchas personas sienten hoy que perdieron su autoestima porque el sentimiento de ciudadanos de segunda categoría sigue muy vivo aún.

¿El nivel de contestación de los alemanes es comparable con el de los ciudadanos del Estado español ante la pérdida de derechos?

Son dos países muy diferentes. España es un país muy politizado y Alemania está mucho menos politizado, pero las instituciones del Estado gozan de una presunción de inocencia y un prestigio desconocido en España. Dicho esto, la profunda polarización española no tiene consecuencias, el español grita mucho pero hace muy poco. El alemán no grita, pero sí protesta cuando los asuntos le conciernen direc­ta­mente, son batalla­dores dentro de su des­politi­zación.

Hay otra diferen­cia fundamental: la regre­sión que hay en Es­paña es mucho más brutal que la que hay en Alemania y el Gobierno alemán se da cuenta de hasta dónde puede llegar y hasta dónde no. Por ejemplo, se han tomado medidas de carácter social desde que Merkel está en el poder hace años, porque la base de esos recortes la hicieron los gobiernos anteriores…No es como en España, que cada semana tenemos una involución más. Pero, en España como en Alemania, lo que cuenta son las consecuencias. Y ni en España ni en Alemania las fuerzas sociales están poniendo en peligro el orden establecido, con la diferencia de que en Ale­mania hay menos razones para revelarse.

Entonces, ¿cómo saldremos de esta crisis?

Como se explica en el libro, la crisis tiene tres niveles, y el financiero que estamos viviendo, es, quizás, el más anecdótico. El nivel más grave es esta crisis de civilización, del despilfarro de recursos, de la insostenibilidad del modelo económico… La crisis ha venido para quedarse y va ir a peor. La manera de vivir, de producir, tiene que cambiar y la historia demuestra que los resultados dependen siempre de la resistencia de las fuerzas sociales.

Si la gente se moviliza y consigue impedir determinados procesos, éstos no tendrán lugar. Si no se hace nada y los procesos se aceptan, continúa la ofensiva. El continente europeo ha sido siempre manso y apático, a excepción de Grecia, que ha tenido casi 20 huelgas generales en los últimos años y ha creado nuevas fuerzas políticas hoy a punto de ser hegemónicas. Si en Europa hubiéramos tenido tres Grecias, si hubiera pasado lo mismo en otros dos o tres países, Bruselas y Berlín no hubieran sido capaces de imponer las políticas que se han impuesto. Al final, es todo una cuestión de correlación de fuerzas.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/global/21523-espana-ha-jugado-papel-del-buen-alumno-esta-comedia-surrealista.html