Recomiendo:
0

Ni golpistas internos ni asesores externos pudieron prever la fortaleza de la Resistencia hondureña

Estados Unidos, inmigración y el golpe de Estado

Fuentes: Rebelión

Cuando los americanos (estadounidenses) saben que tienen el poder para cambiar las cosas, es muy difícil detenerles (Barack Obama, presidente de USA y Premio Nobel de la Paz) Recién ejecutado el golpe de Estado militar en Honduras, dije en entrevista publicada por Clarín, TeleSur, Rebelión (y muchos medios más): «A veces pienso que lo del […]

Cuando los americanos (estadounidenses) saben que tienen el poder para cambiar las cosas, es muy difícil detenerles
(Barack Obama, presidente de USA y Premio Nobel de la Paz)

Recién ejecutado el golpe de Estado militar en Honduras, dije en entrevista publicada por Clarín, TeleSur, Rebelión (y muchos medios más): «A veces pienso que lo del golpe de Estado en Honduras puede ser una especie de laboratorio, y dependiendo de los resultados de este pequeño gran país, se decidirán las acciones a tomar en otros países que estén pensando mucho en sus libertades. Habrá que ver. En ese caso el golpe de Estado no ha sido a Honduras sino a América Latina con endosado saludo al resto del mundo.»

Continúo pensado en esa probabilidad de laboratorio, pero ahora con el convencimiento de que en cualquier caso ha sido un experimento fallido. Ni golpistas internos ni asesores externos pudieron prever la fortaleza de la Resistencia hondureña. Palabra que no debe malinterpretarse: Resistencia es nada más sinónimo de Pueblo, a diferencia de que se trata de un pueblo despierto y decidido a defender sus derechos. No confundir Resistencia con zelayistas. Zelayistas son los seguidores del presidente constitucional Manuel Zelaya Rosales, Resistencia incluye a zelayistas pero es a la vez un movimiento nacional constitucionalista, que alberga a diferentes partidos políticos e ideológicos con un sólo objetivo: devolver a Honduras la institucionalidad, que pasa, indudablemente, por la restitución del presidente constitucional Manuel Zelaya. Tampoco intuyeron la condena mundial, por unanimidad, al golpe de Estado militar en Honduras.

En algunos sectores hondureños existe el temor de que los Estados Unidos esté más involucrado de lo que hasta ahora se sospecha en el golpe de Estado militar, y que todo este movimiento de funcionarios a territorio hondureño no sea sino parte de la pantomima para dar largas a la restitución y llegar así a las elecciones y luego buscar mecanismos para legitimarlas, burlando así la voluntad popular hondureña y a gran parte de la comunidad internacional.

Desde el mismo momento en que Estados Unidos reconocíera unas elecciones realizadas bajo un gobierno de facto, sin restitución del presidente constitucional Manuel Zelaya, inmediatamente se entiende el mensaje a lo ancho y largo de América Latina: «No se puede confiar en Estados unidos, nos sigue viendo como su patrio trasero y no como su par, continúa el doble rasero y por tanto no queda sino ponerse alertas porque cualquiera de los otros países puede ser el próximo». Partiendo de allí, a América Latina no le queda sino prepararse para defenderse en bloque de futuros atentados a sus respectivas democracias y reformas.

Si los republicanos recalcitrantes están utilizando a Honduras como plataforma para enviarle un mensaje o debilitar al presidente Hugo Chávez, es un mensaje muy equivocado. Cabe pensar que utilizaron un país pequeño y pobre porque temen enfrentarse directamente a la Venezuela chavista, lo que sólo fortalece la Revolución Bolivariana, pues evidenciado (o no) el miedo, no queda sino continuar reformando América Latina en beneficio de las grandes mayorías.

Pero si por otro lado, lo que pretende el ala radical republicana es desarticular las promesas de campaña de Barack Obama en cuanto a grandes transformaciones para favorecer a los estadounidenses de la clase media y a los más desposeídos, Honduras es el escenario propicio, pues de prevalecer el golpe de Estado militar, se etiquetaría a Obama con una palabra que es letal en Estados Unidos «Un presidente blando»; «una administración blanda», y con ello Obama podría empezar a olvidarse de continuar el sueño que una vez tuvo uno de sus maestros, Martin Luther King.

Aquí podría suceder a Barak Obama lo mismo que a David Dinkins, el primer y único alcalde afroamericano (1990 y 1993) que ha tenido la ciudad de Nueva York, que por su flaqueza sólo sirvió como mampara para decir al mundo que en Estados Unidos no existía discriminación, los republicanos le torcieron el brazo, es uno de los pocos alcaldes neoyorquinos que no ha sido reelegido y salió con más pena que gloria. ¡Cuidado Obama, hay que aprender de las experiencias de otros!

Roberto Quesada; escritor y diplomático hondureño en Resistencia.

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.