Recomiendo:
0

El ultraderechista austriaco Jörg Haider falleció en un accidente de coche

Final abrupto para un líder neonazi

Fuentes: The Independent / Página 12

El ex presidente austríaco destilaba antisemitismo y decía que los alemanes deberían sentirse orgullosos por las SS. Para él, los campos de concentración eran simples «campos penales».

 

El líder de la extrema derecha austríaca Jörg Haider, uno de los políticos europeos más controversiales de las últimas décadas, murió ayer en un accidente de tráfico, apenas dos semanas después de su vuelta triunfal en las urnas. Haider tenía 58 años y su Alianza para el Futuro de Austria había ganado más del 10 por ciento de los votos en la elección general del 28 de septiembre pasado.

Sus últimos 15 minutos de fama habían sido hace ocho años, cuando la Unión Europea le impuso sanciones a Austria porque su partido había entrado al gobierno de unidad nacional. El choque entre el bloque regional y el país fue tan fuerte que Haider tuvo que renunciar al cargo de presidente de la fuerza de extrema derecha. El partido se quedó en la coalición gobernante, pero con Haider también se fue la mayoría de su base electoral.

Haider era un carismático populista que horrorizaba al establishment liberal europeo con sus ataques contra la inmigración, sus intentos de relegitimar a los nazis -una vez sostuvo que las SS «eran una parte del ejército alemán de la cual todos deberían sentirse orgullosos»- su abierto antisemitismo y su descripción de los campos de concentración nazi como simples «campos penales». En 2001, le dijo a un grupo de votantes en Viena: «No queremos más extranjeros aquí, no los queremos en nuestras casas y no queremos a sus hijos en nuestras escuelas».

Haider iba de camino a la casa de su madre para celebrar su cumpleaños número 90 cuando murió. Estaba manejando sólo a las 2.30 de la madrugada, cerca de su ciudad natal, Klagenfurt, cuando perdió el control del auto y se estrelló contra un muro. Según los médicos, sufrió heridas graves en el pecho y la cabeza. El vocero de su partido, Stefan Petzer, lo despidió ayer con honores. «Para nosotros es el fin del mundo.»

Con su muerte, la resurgida extrema derecha austríaca perdió a su hombre más popular; el hombre que hace una década consiguió infiltrar de nuevo en el país la abierta xenofobia y la nostalgia por el pasado nazi, y aún peor, los convirtió en oro electoral.

En 1986, a los 36 años, asumió como líder del Partido de la Libertad. Su apoyo llegó a ser del cinco por ciento. Su crecimiento dentro del partido llevó a que los socialdemócratas rompieran la alianza que mantenían. pasaron a la oposición y en las elecciones de 1999 sorprendieron a los europeos y al mundo al alcanzar el 27 por ciento de los votos. El año siguiente se unieron al gobierno centrista liderado por el Partido Popular y provocaron la ira de la Unión Europea.

Al perder el apoyo de su partido, que prefirió quedarse dentro del gobierno y darle la espalda, la carrera política de Haider parecía estar llegando a su fin. Pero si algo había aprendido el seguidor ferviente del Führer era a redefinirse y esperar hasta una próxima crisis política. En 2005 dejó definitivamente el Partido de la Libertad y fundó la Alianza para el Futuro de Austria. Moderó por un tiempo su retórica pro-nazi y xenófoba; incluso llegó a proponer el ingreso de Turquía, un país de mayoría musulmana, a la Unión Europea. Al año siguiente, nueva fuerza política logró un cuatro por ciento, apenas por encima de lo necesario para entrar al Parlamento austríaco.

Dos semanas atrás, sin embargo, volvió con todo. La Alianza de Haider obtuvo el 10,7 por ciento de los votos y eso le valió el apoyo de todos los partidos de extrema derecha, incluido su antiguo Partido de la Libertad, ahora dirigido por su rival, Heinz-Christian Strache. La nueva coalición de xenófobos y conservadores sumó el 28,2 por ciento de los votos, apenas detrás de los socialdemócratas. Para los partidos moderados los resultados fueron alarmantes. El 43 por ciento de los jóvenes de 16 a 29 años y el 47 por ciento de los que votaban por primera vez eligieron una boleta de un partido de extrema derecha.

El día antes de matarse en su auto Haider se había ganado un lugar en los titulares de los principales diarios del país al anunciar la creación de un campo de aislamiento para las personas que llegan pidiendo asilo político -«delincuentes», según su definición-, arriba en las montañas. Heinz Patzelt, el director de Amnistía Internacional en Austria, rechazó la iniciativa de inmediato. «Suena mucho como un destierro. No hay lugar para una medida como esa en un Estado de derecho moderno», denunció.