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Que no crean los golpistas que los hondureños olvidamos fácilmente

Frente al golpe, la misión es multiplicar la resistencia

Fuentes: Rebelión

A pesar de que ha estado claro por mucho tiempo que los golpistas son unos embusteros de gran vuelo, la gente creyó en la opción del diálogo como una vía para solventar una crisis que ya ha impactado en todas las esferas de la sociedad hondureña, y lo que conocíamos como «vida normal» ha dejado […]

A pesar de que ha estado claro por mucho tiempo que los golpistas son unos embusteros de gran vuelo, la gente creyó en la opción del diálogo como una vía para solventar una crisis que ya ha impactado en todas las esferas de la sociedad hondureña, y lo que conocíamos como «vida normal» ha dejado de existir.

Muchos ven con estupor el avance de lo que consideran una burla de los golpistas con los que el presidente se muestra benévolo o ingenuo. Dar tiempo a los golpistas es caer en su trampa, afirman con mucha convicción e impaciencia compañeros que ya se han curtido en la resistencia a base de marchas y represión.

No quiero caer en conformismo ni en ingenuidad, pero creo que el presidente Zelaya entiende la naturaleza y la gravedad de la situación; en Honduras no se enfrentan dos fuerzas equilibradas, ni los números sobre las fueras armadas son los que entendíamos antes del golpe. Por eso un paso en falso puede ser catastrófico y desembocar en una tragedia para el pueblo hondureño.

Vale la pena que nos detengamos a pensar un poco sobre algunos aspectos torales que deben tomarse en cuenta para analizar la situación en el campo de las acciones. El primero es la capacidad de movilización que las fuerzas armadas han demostrado por mas de 100 días. Si bien es cierto que la resistencia ha prolongado sus acciones heroicas por este periodo de tiempo, también es cierto que se debe evaluar esa capacidad de despliegue de los militares.

La cantidad de efectivos, pertrechos, combustible, alimentos; el costo de armamentos modernos (solamente el «cañón del dolor» fue estrenado por los gringos en Irak no hace más de dos años). También debe llamar la atención la ferocidad con que reprimen, la que parece salida de una novela de terror. La brutalidad parece venir de algo mas intenso que el odio mismo. Sin lugar a dudas hay algo que debemos descubrir y ver con la objetividad que requiere el caso.

Muchos fijamos nuestros ojos en Micheletti como el objeto de todo este asunto. Sin embargo, es difícil darle tanto crédito, más parece el idiota bravucón que aceptó ser la cara visible de algo mucho más grande. Gracias a valoraciones apasionadas nos hemos olvidado (o al menos obviamos con mucha facilidad) quiénes son los verdaderos instigadores del golpe de estado y las razones que tuvieron para hacerlo.

Quienes prepararon el golpe contaban de antemano con el apoyo de un gran sector de la derecha continental. Este soporte les garantizaba el «poder de fuego» que ahora tienen. La planificación interna de las acciones, aunque parece torpe, en realidad refleja la visión fascista de los que creen que este continente es suyo y lo deben conservar a toda costa.

Fijémonos en las cosas que parecen parte de un rompecabezas macabro y cuales son sus piezas: Jorge Canahuati Larach es dueño de diario La Prensa, Laboratorios Finlay, y se dedica también al trafico de armas; Carlos Flores Facussé, dueño de diario La Tribuna y del Partido Liberal de Honduras (desconocemos su participación en otros negocios); Ricardo Maduro Joest, representante del capital salvadoreño en nuestro país, con vínculos con medios de comunicación, bancos, inmobiliarias y otros intereses en Honduras y Centroamérica. Sumemos a otros ilustres caballeros, Elías Asfura, con intereses en los sectores farmacéutico y de comunicaciones; José Rafael Ferrari, capo de los medios y la desinformación, conectado con el sector bancario, asegurador y otros; Camilo Atala, banquero ex asesor financiero de Maduro Joest en su periodo presidencial.

Estamos aquí en presencia de los representantes más importantes del capital transnacional en el país. Las conexiones financieras y de negocios de estos tipos con las burguesías continentales son múltiples. Esta misma burguesía que ve amenazados sus intereses en todos los países del continente donde ahora se promueven cambios populares importantes.

Es difícil concluir que esta conspiración se fraguó sin la participación de todo este poder y sus recursos. Por el contrario, resulta obvio que el desafío constante de Micheletti y su banda frente al mundo, están respaldados por ese «gobierno» privado que funciona en paralelo a los estados legítimos de América Latina y que conspiran y bombardean a diario a los gobiernos populares en nuestra región.

En el caso del combustible, las transnacionales han ido perdiendo terreno en todos los países ricos en este recurso, por lo que no tienen inconveniente en dar su decidido apoyo al que perfectamente puede convertirse en un modus operandi en todo el hemisferio.

Resulta que el Pentágono, controlado por los halcones, representantes de los intereses petroleros y farmacéuticos, ha funcionado únicamente como coordinador de una iniciativa más amplia surgida de la derecha que no está en posición de ceder una pulgada de terreno.

Ahora sí, podemos explicarnos la arrogancia y capacidad demostrada por el régimen de facto; su impertinencia desafiante frente a la comunidad internacional; su total desinterés en el respeto a los derechos humanos o a la libertad de expresión, su capacidad de movilizar recursos para moldear la opinión pública mundial; su habilidad para encontrar las personas e instituciones ideales para llevar adelante su plan.

Aquí podemos también explicarnos porqué, desde el principio, los Estados Unidos movieron a Oscar Arias para que éste metiera en el mismo saco a los criminales golpistas con las autoridades legítimas del país. Desde el principio, de forma velada, reconocieron el golpe y el régimen resultante de él. La OEA desde entonces se inclinó más por el pacto de San José que por ejecutar las resoluciones propias de fines de junio donde se exigían la restitución inmediata e incondicional del presidente Zelaya.

La ONU también se ha hecho eco de este famoso pacto, ignorando su resolución del 30 de junio, que contempla las mismas exigencias que la de la OEA. El mismo gobierno gringo ha evadido la responsabilidad de declarar los eventos del 28 de junio como un golpe militar, aunque incluso el mismo vocero de la policía hondureña lo admite.

Por otro lado, es interesante ver como periodistas extranjeros de agencias como AFP, AP, Reuters, Notimex, y otras, aun presenciando los hechos de cerca publican notas completamente distorsionadas de la realidad que han atestiguado. Es posible que sus notas sean re-escritas por sus casas editoriales. El hecho es que existe una percepción mundial de que aquí lo que tenemos es un encuentro de dos grupos de igual condición, fanatismo, y peligrosidad. A nosotros nos llaman zelayistas. Ojo que este termino no sale de las estériles mentes de Rodrigo Wong Arévalo, Renato Álvarez o Armando Villanueva, viene de profesionales de la desinformación contratados por la CEAL (Consejo de Empresas de América Latina)

Es también interesante como la SIP se muestra tibia, y tolerante con el cierre de medios y la represión de periodistas, cuando todos hemos visto la ferocidad con que atacan a otros gobiernos del área por acciones más bien soberanas.

En conclusión, este golpe de estado no fue obra de un grupo aislado de cavernícolas hondureños; ellos son los autores materiales; para encontrar a los autores intelectuales hay que seguir la pista del dinero. En Honduras se libra una lucha de intereses muy fuerte con una derecha decidida a todo, y un pueblo latinoamericano obligado a resistir y pasar a la ofensiva.

Al régimen fascista sólo lo podremos sacar si lo hostigamos desde el frente interno, y ejercemos suficiente presión sobre la comunidad internacional para que juegue un papel decisivo en este caso. Es importante mantener e incrementar los niveles de denuncia. Tenemos que encontrar una manera de que se sepa la verdad; que sea esta verdad que haga que los pueblos presionen a sus gobiernos a ser más determinantes en sus acciones.

Es importante, cuando hablamos de participación internacional, no confundir presión con intervención militar. La derecha apuesta a esta intervención militar. Las experiencias previas demostraron que las fuerzas «liberadoras» se convertían rápidamente en fuerzas de ocupación, que culminaban la tarea represiva dejada inconclusa por el ejército local.

La opción más conveniente para la presión internacional para nuestro pueblo es un bloqueo comercial, financiero que cierre toda posibilidad de acceso a recursos y equipamiento para los fascistas. El bloqueo comercial representaría si lugar a dudas un impacto demoledor para el régimen. Hoy, por ejemplo, todos los días, especialmente por las noches, hay actividad de aviones de carga en los aeropuertos de Honduras. Los golpistas se preparan a resistir, con el bloqueo esto cesaría.

Esto no quiere decir que debemos dejar a otros la tarea histórica que nos corresponde sólo a nosotros. La resistencia debe multiplicar sus esfuerzos en todos los campos: organización, educación, planificación, ejecución. Hoy necesitamos multiplicar esfuerzos para mantener la resistencia activa de forma permanente.

Hasta la fecha, los golpistas y sus simpatizantes duermen placenteramente, sin perturbación. Debemos emprender acciones diversas, no violentas, para expresar nuestro descontento. Recordarles a todos que no hay ningún momento en que olvidemos los crímenes de que hemos sido víctimas. Si hemos de boicotear las elecciones debemos comenzar a trabajar en la resistencia permanente ya. Ese es el llamado del presidente Zelaya, pronunciado anoche.

El presidente constitucional y legítimo entiende todas las variables que afectan la compleja situación hondureña. Nosotros debemos integrarnos con entusiasmo, valor, disciplina y creatividad a la resistencia. Debemos de dejar atrás divisiones provocada por los intereses de la oligarquía y pasar a asumir nuestra posición como el «pueblo de Morazán».

¡Seguimos firmes hacia delante, hacia la victoria. No debemos dejar que nos desmoralice la campaña de los asesinos!

Somos más que ellos, muchos, muchos, somos un gran pueblo que no se deja engañar. Ni la acción de los traidores detendrá nuestra marcha inexorable.

¡Hasta la victoria siempre!

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.