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Gran Bretaña y su esencia de corsario

Fuentes: Rebelión

La isla europea da muestras que su monarquía Constitucional, el gobierno presidido por el conservador Boris Johnson y esta monserga de supuesta defensa del modelo occidental de la democracia, el respeto a la legalidad internacional tiene comportamientos similares e incluso superiores, en niveles de delincuencia, que su primo estadounidense.

En un artículo relacionado con Estados Unidos y publicado en segundopaso.es respecto a su política de agresión y acciones de desestabilización contra Venezuela, en especial las amenazas contra los buques iraníes, que viajaron el pasado mes de junio al país sudamericano, para suministrar gasolina y aditivos, para su industria del petróleo, sostuve que tal conducta lo hacía merecedor de la denominación de un Estado Pirata. Concepto que se rubrica cuando su política exterior gira en torno a sancionar, bloquear, desestabilizar, generar dificultades en todos los planos a gobiernos y sus sociedades en países como Cuba, Nicaragua, Norcorea, Rusia, Irán, Siria, El Líbano y todo aquel que se oponga a sus deseos e imposiciones.

Hoy sale a la palestra otro país, Gran Bretaña, que sigue esta conducta delictiva y genera un acto que debe ser calificado como lo que es: un robo descarado al amparo de excusas impresentables. Mediante un dictamen del Tribunal Superior del Reino Unido dado por el juez Nigel Teare, este organismo anunció, que el autoproclamado Juan Guaidó, al ser reconocido como ”presidente interino constitucional” por el gobierno británico, es parte de la Junta Directiva del Banco Central de Venezuela y por tanto tiene autoridad sobre las 31 toneladas de oro del Venezuela que están depositadas en el Banco de Inglaterra, valoradas en mil doscientos millones de dólares.

Claro está que el Sr. Teare deja pasar el hecho que esa junta directiva no sólo es ficticia, sino que fue creada por el contubernio desestabilizador conformado por el gobierno narcoparamilitar de Colombia y la Administración Trump, cuyos miembros residen tanto en Bogotá como en Miami. Una decisión claramente política, al reconocer, en el fallo que se toma, la decisión en virtud del reconocimiento del gobierno de “su majestad” al autoproclamado, que ante este dictamen corsario se frota las manos, pues sumaría esta riqueza a los fondos ya usurpados a la empresa petrolera PDVSA, la empresa Citgo en Estados Unidos e incluso depósitos en otros bancos europeos.

Estamos en presencia de una faena propia de Corsarios, de la que bien saben los británicos especialistas en pillaje, robo, saqueo y usurpación. Al estilo del inglés Francis Drake, que en el siglo XVII, con la patente de corso otorgada por la corona británica –sintomáticamente dada por una Isabel, como la actual, pero aquella era Isabel I- se dedicaba al atraco bárbaro y sin piedad, a la acción rapaz contra otros países, sus barcos y ciudades, quedándose con parte del tesoro y el otro entregándolo a esa monarquía que le otorgaba esa patente de corsario. No es una conducta nueva la del otrora impero británico, potencia venida a menos en el concierto internacional pero que ocasiona daños como en Libia donde 200 mil millones de dólares en reservas fueron repartidas entre la caterva de países agresores y 200 toneladas de oro, que deben ser parte hoy de las bodegas del banco de Inglaterra.

Gran Bretaña a punta de corsarios, de la corrupción con que suele llevar a cabo sus relaciones con el mundo en apoyo a sus transnacionales tiene en las bodegas del banco de Inglaterra el símil de la Cueva de Alí Babá y los 40 ladrones. Depósito, igualmente de los tesoros y riquezas culturales de ese Irak invadido desde el año 2003. Riquezas arqueológicas que suelen llenar los pasillos del Museo británico y las colecciones privadas de políticos y multimillonarios. Qué duda cabe, que la acción de los tribunales británicos, con la complicidad del gobierno es una acción que viola todas las disposiciones internacionales referentes a acuerdos comerciales, financieros y uso del sistema bancario internacional. En ello, como me recuerda un buen amigo no debemos olvidar las propias tareas de expolio de países como Francia y Alemania, que poseen inconmensurables tesoros culturales pertenecientes a nuestros países, al que llos llaman Tercer Mundo y con una UNESCO, que obsequiosamente mira para el lado. Así que expoliar oro y Dinero es parte del actuar de estas potencias con ínfulas de imperios añosos cuyas carabelas vienen y van, llenando su barrigas para así seguir ofreciendo a sus sociedades lo que niegan a otras.

Es una decisión, la británica, que evidentemente complementa la política de máxima presión que su aliado estadounidense aplica contra Venezuela, que en modo alguna puede alegar independencia de los poderes del estado, ya que muestra el oportunismo y el descaro de las autoridades de este país europeo, que aprovechando: la situación de pandemia mundial, el que el autoproclamado tenga el reconocimiento de 50 gobiernos, ignorando que los otros 142 reconocen sin problemas al gobierno legítimo de Venezuela dirigido por Nicolás Maduro, y más aún, los gobiernos que dicen reconocer el diputado suplente, en el día a día, en las actividades cotidianas propias del quehacer de las relaciones entre países lo concretan con el gobierno legítimo, no con el mencionado testaferro estadounidense.

Venezuela respondió, ante esta operación delictiva, con la rápida decisión del fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, quien dio a conocer que el Ministerio Público del país sudamericano, solicitó órdenes de aprehensión contra 5 integrantes de la denominada “Junta Directiva Ad Hoc” del Banco Central de Venezuela (BCV), designada por Guaidó, decisión que incluye el congelamiento de sus bienes y cuentas bancarias que se tengan en Venezuela. Los mencionados cumplen la función, protegidos en ello por el gobierno estadounidense de supuestamente representar al Banco Central de Venezuela ante el Banco de Inglaterra. Una maraña artificiosa de mentiras y acuerdos, para expoliar a la nación sudamericana y que ha merecido la repulsa de variados gobiernos.

La Federación Rusa, por ejemplo, a través de la vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores, María Zajárova sostuvo que “Observamos con preocupación que el Tribunal Superior de Londres decidiera reconocer a Guaidó como el ‘presidente interino’ de Venezuela y proporcionarle acceso a las reservas de oro de este país en poder del Banco de Inglaterra. Esta decisión es indignante. Hemos estudiado los argumentos legales esgrimidos por el tribunal británico, sin embargo, no existen estos argumentos. La ley británica guarda silencio cuando la conveniencia política está en juego con acciones que violan los intereses del pueblo venezolano, que ya sufre las sanciones contrarias al derecho internacional”

Un oro que Venezuela necesita, en un marco de presiones, sanciones, embargos, bloqueos, para la lucha contra el Covid 19. Por cuanto esos recursos, según indicó el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza serían utilizados a partir de un convenio con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para la compra de equipos e insumos médicos que son necesarios para combatir la pandemia del nuevo coronavirus, causante de la COVID-19.

Surge la pregunta ¿cómo llegó ese oro venezolano a un banco inglés si conocemos bien la conducta depredadora y delictual de los gobiernos británicos? El embajador de Venezuela ante la ONU explica, que hace algunos años el gobierno de Venezuela hizo un negocio con el City Bank, con relación a un préstamo donde el oro quedó en garantía, como suele suceder en operaciones internacionales de este tenor. Venezuela devolvió el dinero del préstamo y el banco, cuando se le solicitó la devolución a su vez del oro sostuvo “las sanciones del gobierno estadounidense no me permiten devolverles el oro que lo he puesto en el Banco de Inglaterra” Cuando el gobierno venezolano le dice al Banco de Inglaterra que le devuelva ese oro, esta institución alega, que no puede, en virtud de las sanciones de Trump. Una situación luctuosa, donde el elemento central de esta puesta en escena se llama Juan Guaidó definido como el instrumento que se presta para el saqueo. Un Guaidó, que no sólo traiciona a su patria generando acciones militares con mercenarios y elementos militares extranjeros, para atacar suelo venezolano, sino que además establece alianzas con potencias extranjeras, para robar sus recursos. Eso es traición aquí y en cualquier parte del mundo

Ya Moncada el año 2019, en el seno de las Naciones Unidas, exigió que el banco de Inglaterra devolviera ese oro, ante lo cual esa institución con aires imperiales declaró que debía estudiar esa restitución, pues se temía que fuera producto de lavado de dinero. Hoy habla de reconocimiento de un testaferro y que ese oro le pertenecería a ese gobierno autoproclamado. Cualquier argumento sirve, para que aquellos, que han hecho de su historia un caudal de saqueos y expolios, que hoy desea aprovechar el momento que se vive en el ámbito mundial y los ataques a Venezuela para quedarse, descaradamente, con un oro que no le pertenece.

Buena nota deben tomar los países de la conducta corsaria llevada a cabo por Gran Bretaña, pues es costumbre que los países menos poderosos pongan a “buen resguardo” sus reservas de oro y dinero, en bancos centrales extranjeros, tanto en Europa como en Estados Unidos. Una estrategia cuya labor se denomina, utilizar prestadores de servicio de resguardo, por el cual esos bancos cobran una comisión. Claro está, que algunas de esas instituciones bancarias suelen tener los colmillos de la codicia muy afilados y entran de lleno en labores propias de corsarios apropiándose de lo ajeno, con impunidad y una desfachatez propia del que está acostumbrado a delinquir y suele no ser castigado.

La operación “Robo del oro venezolano” es un arma de doble filo para el Banco de Inglaterra pues da muestras de la necesidad de buscar, por parte de aquellos que suelen tener confianza en las bodegas de estas instituciones, otros sitios donde depositar sus riquezas, las legítimas y aquellas mal habidas y que también suelen estar a recaudo entre sus murallas. ¿Quién va a confiar ahora en un banco que cede a la petición de un gobierno coludido con su monarquía los jueces, la clase empresarial y que a su vez le tiemblan los pies cuando su primo Trump le grita y ordena que ejecuten acciones punitivas contra otros?. Quizás los corsarios modernos tendrán que pagar sus delitos como solían hacerlo sus antecesores: colgarlos de la plaza pública.

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