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El economista y exasesor de Varoufakis, Daniel Munévar, participa en las Jornadas por un Plan B para Europa

«Grecia es un peón en el ajedrez europeo que Alemania pensó sacrificar»

Fuentes: Rebelión

Las reuniones con los técnicos y representantes de la Troika (Comisión Europea, BCE y FMI) son como chocar con un muro de sordos, ya pueden presentarse propuestas razonables y apoyadas en números que los negociadores no entran a discutir asuntos de calado. No tienen en ello ningún interés. Es la experiencia del economista y exasesor […]


Las reuniones con los técnicos y representantes de la Troika (Comisión Europea, BCE y FMI) son como chocar con un muro de sordos, ya pueden presentarse propuestas razonables y apoyadas en números que los negociadores no entran a discutir asuntos de calado. No tienen en ello ningún interés. Es la experiencia del economista y exasesor de Yanis Varoufakis, Daniel Munévar (Bogotá, 1984), quien ha participado en estas negociaciones durante la crisis griega y la aprobación de los programas de «rescate». La cerrazón de la Troika se constata sobre todo en los asuntos que considera prioritarios, por ejemplo la reforma del mercado laboral o la apertura de la economía helena a la inversión exterior. En las reuniones que tuvieron lugar en abril de 2015 en París, tres meses después que Syriza ganara las elecciones, un informe del FMI («World Economic Outlook») publicaba un recuadro en el que se analizaba el impacto de las reformas laborales prescritas por este organismo en diferentes países. En el «corto plazo», dañaban el crecimiento económico y la productividad. A «largo plazo» y en el mejor de los casos, el efecto era neutral.

Daniel Munévar recuerda que en las discusiones con el FMI los negociadores griegos argumentaron que las «reformas» no funcionarían. Y lo hacían a partir de los mismos informes del Fondo Monetario Internacional. El economista colombiano colaboró desde marzo de 2015 como asesor de Yanis Varoufakis en el Ministerio de Finanzas heleno, en materia fiscal y sobre deuda. Buscaba las referencias concretas en los informes del organismo monetario, y luego se las trasladaba al grupo técnico que mantenía las reuniones. Ésta era aproximadamente la respuesta que recibían por parte de la representación del FMI: «Miren, si ustedes no están interesados en reformarse, no tenemos ningún punto en común para continuar con las discusiones; apaguemos y nos vamos». «Aquí está lo que ustedes han de hacer».

El ejecutivo de Syriza entendía que se daba una relación decisiva entre una quita de la deuda y poner el freno a las políticas de austeridad. Informes del FMI del año 2013 reconocían la verdadera naturaleza de los créditos concedidos a Grecia tres años antes. «Lo publicaron por escrito porque primero hubo filtraciones», destaca Daniel Munévar. Los préstamos del primer «rescate» que se otorgaron en mayo de 2010 a Grecia (110.000 millones de euros) sirvieron sobre todo para reflotar a los bancos alemanes y franceses. «Eran conscientes de que aprobaron un empréstito insostenible y que iba en contra de los mismos lineamientos del FMI, por eso tuvieron que cambiar sus reglas de crédito para la aprobación». Con el fin de establecer una quita que aliviara la asfixia económica, el gobierno griego aportaba todos estos argumentos en las reuniones con el FMI, e incluso se mostraban los «papeles», pero ésta era la respuesta: «Ustedes han de tener esa discusión con los países de la UE». Una de las condiciones que establece el FMI en los «rescates» es que esta institución es la primera en cobrar, por tanto, se le tenía que abonar lo prestado y después ya se entendería el gobierno griego con los países de la Unión.

Pero tal vez la clave del dogal que impedía una quita podía observarse mejor en las argumentaciones de hierro de la Comisión Europea y el BCE. Se les decía a los negociadores griegos que incluso si se aceptaba una reestructuración de la deuda, habría que continuar con las medidas de austeridad. No se podía aceptar -era ésta la idea básica- que Grecia tuviera «obligaciones fiscales» menores que otros miembros de la UE que habían prestado capitales al país heleno. Pero la cuestión se situaba, aunque no se dijera, en el terreno eminentemente político. Porque si a Grecia se le dispensaba un trato más favorable que a otros países, podía entenderse que una «estrategia de confrontación» podía rendir resultados. Y podía cundir el ejemplo.

Daniel Munévar es miembro del Comité Por la Anulación de la Deuda al Tercer Mundo (CADTM), en cuya página Web escribe artículos de modo regular, además, durante seis meses trabajó con el economista y exdiputado de Syriza, Costas Lapavitsas, analizando los estudios realizados por el FMI sobre la deuda griega. En un texto reciente Munévar aborda la figura de Paul Thompson, prohombre del Fondo Monetario Internacional que negoció los dos primeros programas de «rescate» a Grecia. «Ha sido una persona directamente implicada en todo lo que ha ocurrido en el país heleno durante los últimos seis años», resalta Munévar en una pausa durante las jornadas por un Plan B para Europa, celebradas en Madrid entre el 19 y el 21 de febrero. Thompson llegó a apelar a la necesidad de aumentar los recortes en las pensiones para satisfacer la deuda, con argumentos como que países más pobres que Grecia en términos per cápita -por ejemplo, algunos de la Europa del Este- estarían pagando las pensiones a los jubilados griegos. Sin embargo, no sostuvo el mismo criterio en 2010, explica el economista colombiano, «cuando se transfirieron ingresos de los ciudadanos europeos a los banqueros alemanes y franceses». «Ésta es la Europa del FMI».

En otro artículo publicado en la página Web del CADTM, Munévar analiza la responsabilidad del sistema bancario griego como parte esencial de la crisis. Antes de que estallara la recesión, las entidades financieras griegas «prestaron a la gente para que compraran por encima de sus ingresos e inundaron a la población con tarjetas de crédito». Ejecutivos de la banca griega utilizaron las entidades para transferir directamente dinero a sus cuentas. También hubo quien adquirió una parte de los títulos de un banco, lo que les confería un sillón en el consejo de dirección y, desde esta plaza privilegiada, se concedieron créditos a sí mismos sin la obligación de devolverlos. O realizaron préstamos a empresas de su propiedad sin ningún tipo de garantías. «Las historias de los robos en Grecia son increíbles», señala Daniel Munévar, recuerdan el contenido del libro «La mejor forma de robar un banco es ser dueño de uno», publicado en 2005 por el profesor de Economía y exregulador del sistema bancario estadounidense durante la crisis de los 80, William Black. La corrupción empezó antes y continuó después del rescate bancario. En pleno proceso de recapitalización y puesta a la venta de nuevas acciones, se dio el caso de banqueros que pidieron préstamos a otras entidades financieras para la adquisición de títulos. Daniel Munévar aclara que la autoridad bancaria europea considera irregulares este tipo de «maniobras».

En una conversación con el economista del CADTM el guión ha de incluir, casi a la fuerza, una pregunta sobre los vaivenes de Syriza y la gestión de Tsipras. «Yo creo que Tsipras hizo lo correcto en la campaña electoral que le llevó a la victoria en los comicios de enero de 2015, él siempre fue muy claro al afirmar que la salida del euro no era una opción para Grecia». Como presidente electo, se mantuvo en la misma posición. El 5 de julio el pueblo griego rechazó en referéndum (con un 63,5% de votos negativos) las condiciones vinculadas al «rescate» del FMI, la Comisión Europea y el BCE. Sólo una semana después, el 13 de julio, tuvo lugar la reunión del Consejo Europeo en la que Tsipras firmó el Memorandum asociado al «rescate», recuerda Daniel Munévar.

«Si hubiera decidido no suscribir el memorandum, Grecia habría sido expulsada del euro», sostiene el exasesor de Varoufakis y Lapavitsas. El quid de la cuestión es que Tsipras «no preparó políticamente a la población ante una eventual salida de la moneda única, lo que resultó un error; cuando uno es un líder tiene que marcar el camino, y Tsipras no lo hizo: hoy lo está pagando». El economista no revela en la entrevista su posición sobre el euro, pero sí que afirma con rotundidad: «Para un proceso radical de cambio se ha de tener a la población movilizada». Las condiciones del «salvataje» son «más de lo mismo», una cura de choque aplicada a un país que desde el inicio de la crisis, el año 2008, ha sufrido una mengua del PIB en un 25%, presenta tasas de paro entre el 25 y el 30% y de desempleo juvenil que rondan el 50%. En un artículo conjunto publicado en agosto de 2013, Daniel Munévar y el profesor de Economía de la Universidad de Texas, también exasesor de Yanis Varoufakis, James Galbraith, explicaban al calor de los acontecimientos la sangría que el «ajuste» fiscal estaba provocando en la economía griega.

Más allá de la estadística, lo que se libró fue una durísima batalla política, en la que Grecia no era más que un «pie de nota en el gran juego de poder europeo, que Alemania estaba dispuesta a sacrificar como en público y en privado reconoció su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble». Ya en enero de 2016, la Comisión Europea abrió un nuevo frente en el cerco a Grecia, esta vez a cuenta de las personas refugiadas. «Se les obliga a incrementar los recortes, aumentar el pago de la deuda y apechugar con el coste de la crisis de los refugiados, que es un problema a escala europea». La UE le pidió al ejecutivo heleno que reforzara los controles en la frontera con Macedonia, por donde transitan los refugiados que se dirigen al centro y el norte de Europa. Otra de las medidas instaba al registro «eficaz» de los refugiados que llegan al territorio griego (en relación con las huellas dactilares y los documentos de viaje). En caso de incumplimiento, Grecia podría ser expulsada de la zona Schengen (espacio europeo en el que se han suprimido las fronteras comunes). «Esto es Europa en 2016», zanja Daniel Munévar.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.