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El desempleo juvenil pasó la barrera psicológica del millón de personas

La crisis británica golpea a los jóvenes

Fuentes: Página 12

«He tenido 20 años y no permitiré que digan que es la edad más hermosa.» La famosa frase de Paul Nizan tiene más peso que nunca en la Europa actual y no por razones existenciales. La crisis económica está golpeando con particular fuerza a los jóvenes. En el Reino Unido el desempleo juvenil superó la […]

«He tenido 20 años y no permitiré que digan que es la edad más hermosa.» La famosa frase de Paul Nizan tiene más peso que nunca en la Europa actual y no por razones existenciales. La crisis económica está golpeando con particular fuerza a los jóvenes. En el Reino Unido el desempleo juvenil superó la barrera psicológica del millón de personas y nadie parece abrigar esperanzas de que las cosas mejoren en este 2012. Unos porque nunca tuvieron expectativas de otra cosa, otros porque las puertas abiertas se están cerrando y no hay tampoco manera de abrirlas: este año la matrícula universitaria costará unos 16 mil dólares y la ayuda estudiantil secundaria ha desaparecido. Así las cosas, no sorprende que los estudiantes estén engrosando las filas de la prostitución para financiarse una carrera que mejore, sin ofrecer garantías, su futura empleabilidad.

En un intento de capturar y transmitir la gravedad de la crisis, la ONG Barbados, que defiende los derechos de los menores, llama a los jóvenes «los futuros pobres». En algunos casos el futuro no es más que la continuación del pasado: llevan la pobreza inscripta en la partida de nacimiento. En los barrios londinenses de Tottenham, Lewisham, Hackney, en los bolsones pobres de las grandes ciudades, en Manchester y Liverpool, Birmingham y Newcastle, hace mucho que se abandonó toda esperanza. Durante los saqueos masivos que conmovieron en Reino Unido durante agosto, un 80 por ciento de los arrestados tenía menos de 25 años.

En su mensaje de año nuevo, emitido este domingo, la máxima autoridad de la Iglesia Anglicana, el arzobispo de Canterbury Rowan Williams, exhortó a los británicos a no demonizar a los jóvenes. Pidió a los británicos que abandonen la hostilidad hacia los jóvenes. «Es una tragedia que haya saqueos cuando podemos ver lo que se puede lograr con esos jóvenes cuando esa energía que tienen es canalizada positivamente en un contexto de seguridad y amor», señaló el arzobispo. Pero como advirtió David Lammy, diputado laborista por Tottenham, el barrio donde se originaron los incidentes, no hay una conciencia social o política sobre la gravedad y urgencia del tema. «Necesitamos políticos de todos los partidos que atiendan estos problemas o los saqueos pueden volver a repetirse», vaticina Lammy.

No hay señales de que el gobierno esté escuchando. La primera reacción a los disturbios fue descalificarlos como mero vandalismo juvenil de pandillas desbocadas. El primer ministro David Cameron suavizó un poco sus propias palabras hablando de la desintegración moral de la sociedad y prometiendo una investigación de los hechos, pero la política socioeconómica del gobierno no varió un ápice.

En su comparecencia ante el Parlamento en octubre, el ministro de Finanzas George Osborne reafirmó el plan de austeridad del gobierno que contempla una reducción de unos 140 mil millones de dólares en el gasto fiscal del período 2011-2015. Los programas juveniles, diezmados por los recortes, no recibieron ninguna nueva fuente de financiamiento. El barrio de Tottenham es un claro ejemplo del abismo social que existe en uno de los países ricos del planeta. Es la zona con mayor desempleo de Londres y una de las diez más pobres del Reino Unido: los clubes de la juventud desaparecieron luego de que el presupuesto municipal sufriera una poda del 75 por ciento.

La apuesta de la coalición conservador-liberal demócrata es que el sector privado compensará el draconiano achicamiento del Estado. Por el momento, esta apuesta no ha dado resultado. Entre julio y septiembre de 2011 unas 67 mil personas perdieron su empleo estatal: el sector privado solo creó cinco mil nuevos puestos. Según el prestigioso Chartered Institute of Personnel and Development, esta situación empeorará este año con el despido de unos 120 mil trabajadores estatales. Una chica de 21 años que terminó el año pasado la universidad, Charlotte Foster, resumió al Daily Telegraph su falta de expectativas. «En el mejor de los casos pasaré de un empleo temporal a otro. Con tantos despidos va a ser muy difícil. Hay gente con diez años de experiencia en el mercado laboral buscando trabajo», señaló al matutino.

Si la estrategia de la coalición para el conjunto de la sociedad hace agua, para los jóvenes ha naufragado en medio de la nada. Una de las medidas de austeridad de la coalición que más los han afectado es la triplicación de las matrículas universitarias, que entra en vigor este año, y la eliminación de ayuda a estudiantes secundarios. Las masivas manifestaciones entre octubre de 2010 y marzo del año pasado sacaron a los jóvenes del letargo político de las últimas dos décadas, pero no consiguieron evitar la reforma de la ley educativa.

Con costos por las nubes y sin acceso a puestos part-time o a empleos veraniegos, muchos estudiantes están recurriendo a variadas formas de prostitución. «Con todos los recortes que ha habido, muchas estudiantes se prostituyen para escapar de la pobreza. Con este tipo de trabajo, se puede en una noche cubrir más o menos los gastos de la semana», señala Sarah Walker, de una agrupación de defensa de los trabajadores sexuales, el English Colective of Prostitutes (ECPL). Un estudio de la Universidad de Leeds, en el norte de Inglaterra, reveló que un 25 por ciento de las strippers y lapdancers de la capital eran estudiantes. Otra investigación de la Universidad de Londres mostró que un 16 por ciento de las universitarias estaban dispuestas a prostituirse para pagar sus estudios y un 11 por ciento contemplaba la posibilidad de trabajar en agencias de escort. «La mayoría son estudiantes que acaban de empezar la universidad o estudiantes adultos que quieren un título. El gobierno sabe que el trabajo sexual es una manera de escapar de esta trampa, pero parece no importarle mucho», señala Walker.

En medio del desaliento, la Unión de Estudiantes se ha comprometido a continuar con las protestas para cambiar la política universitaria de la coalición. En noviembre, casi un año después que el Parlamento aprobara la triplicación de las matrículas, miles de estudiantes se manifestaron por un cambio de política. La mayoría no estaba directamente afectada por la medida que solo entrará en vigencia para la camada que ingresa a la universidad este septiembre. 2012 promete ser un año movido.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-184584-2012-01-02.html