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Honduras

Luchamos por todo o nos quedamos sin nada

Fuentes: Rebelión

Ciertamente es complicado ser un hondureño pobre. Peor es ser pobre en resistencia, ya que a los males de siempre se une el riesgo permanente de caer victima de la feroz represión de los asesinos en el poder. Otra cosa es pertenecer a la oligarquía o a los súbditos que se desgañitan diciendo que este […]

Ciertamente es complicado ser un hondureño pobre. Peor es ser pobre en resistencia, ya que a los males de siempre se une el riesgo permanente de caer victima de la feroz represión de los asesinos en el poder. Otra cosa es pertenecer a la oligarquía o a los súbditos que se desgañitan diciendo que este régimen «democrático» es lo mejor; en este grupo encontramos tanto a los ejecutores del golpe como a aquellos que lo acuerparon.

Los titulares de los diarios, noticieros y demás formas de divulgación apuestan a la «amnesia total»; el reloj se detuvo a las 5:40 de la mañana del 28 de junio; los muertos son una abstracción de la que nadie habla; la represión brutal sólo se percibe si se buscan evidencias; los asesinatos políticos selectivos suceden sin mucha bulla, no pasan de unas notas o citas periodísticas que nunca buscan investigar a fondo; eso le queda, convenientemente, a la policía.

Ya hace rato que el presidente Zelaya, es el presidente «depuesto», «derrocado» y otros adjetivos que lo ubican en el pasado político de las mentes manipuladas por los medios. Al contrario, se incrementa la presión sobre el público diciéndole de mil formas que el golpe fue una bendición celestial y que el «transportista» es algo así como un emisario del bien.

Ahora todos hablan de reconciliación entre los hondureños. Hacen votos para que el nuevo gobierno «cure» las heridas, dejadas por la «crisis política». Curioso como le cambian nombre a tantas cosas. ¿Cuáles son las heridas que quieren curar? Pues realmente lo que están haciendo es jugando a que el tiempo haga su trabajo en el consciente colectivo para que se acabe el peligro de ingobernabilidad.

El golpe en toda su magnitud, incluyendo las elecciones, son una ofensa de proporciones incalculables para el pueblo hondureño. Sus consecuencias nos perseguirán por mucho tiempo, si es que no hacemos algo ahora mismo por nuestro propio destino. Gran parte de nuestro pueblo siguió de lejos los eventos desde el golpe, confiando más en la eventual «normalización» que en la lucha por el bienestar colectivo; ese fenómeno ahora pende como una terrible maldición sobre nuestro porvenir.

Los motivos del golpe de Estado, por si alguien lo ha olvidado, son esencialmente económicos. Los demás intereses, incluidos los políticos, vienen derivados de ellos. Los delincuentes que propiciaron el golpe (no sus ejecutores), vieron como una amenaza demasiado cercana la posibilidad de que las mayorías populares tuvieran la opción de decidir sobre sus intereses.

También entran en juego los intereses económicos y estratégicos del imperio gringo, que busca controlar una zona que, bajo la correlación de fuerzas actual, puede, más temprano que tarde, ser de importancia capital para su propia subsistencia. Los yankis no han cesado ni un solo instante de luchar contra los intereses de los pueblos latinoamericanos siempre que les han sido adversos.

Seis meses después del artero ataque a la democracia nacional, llega la hora de pasar la factura al «flaco» Estado hondureño. Con el precio que debe pagar, sólo puede bajar más de peso, al límite de su existencia. Los ejecutores del cobro han alineado las piezas a lo largo de este tiempo en que nos «distraían» a garrotazos. El fin último de los pseudo empresarios es deshacerse de los controles que el Estado les impone.

Provoca conmoción ver como después de todo siguen argumentando que hay que generar condiciones «favorables» a la inversión; que nuestra competitividad radica en los magros salarios que se pagan; que las exportaciones de monocultivos son la vía hacia el desarrollo; que la mejor energía es de origen privado. Todas estas cosas ya las pusieron en práctica y no paso nada; la pregunta es ¿cómo podemos seguir creyendo estas mentiras después de tanto sufrimiento?

Las victimas más propicias de la nueva ola neoliberal en Honduras son las empresas de servicio público. La energía eléctrica se enfrenta a una inminente privatización total durante una crisis ficticia que ya se prepara. Por ahora han llevado a cabo una licitación pública de energía renovable a un precio mayor que el de la energía térmica que actualmente consumimos.

La mayoría de los involucrados en este maravilloso negocio son los mismos que han estado en medio de la generación de energía térmica. Es probable que la vida útil de su parque generador se aproxime a su fin y hayan decido que es tiempo de entrar por la vía de los recursos renovables. En este negocio están implicados prácticamente todos los sectores de poder económico en el país, incluidos los bancos, las importadoras de derivados del petróleo, las distribuidoras de equipo y mucho más.

Es impresionante darse cuenta que en la licitación se acepte que la Empresa Nacional de Energía Eléctrica compre la energía renovable por más de 30 millones de dólares anuales por encima de lo que paga por la energía térmica. ¿Quién en su sano juicio hace este tipo de concesión? Probablemente el asunto radica en que la ENEE absorverá los costos fijos y variables de le etapa de construcción; o se infla el precio para pagar los intereses de la banca. Es difícil decir.

Otra cosa dura es como la ENEE, que se encontraba en proceso de saneamiento financiero al momento del golpe, hoy haga concesiones a grandes compañías para que produzcan su propia energía, cuando estos son los mayores consumidores del servicio de esta empresa; además de ser los mayores deudores históricos.

No se necesitan dos dedos de frente para saber que estas medidas iniciadas por el gobierno de facto que, seguramente, serán intensificadas por la parte II del mismo a partir del 27 de enero; llevaran a la empresa eléctrica por un despeñadero junto con el pueblo hondureño que será el único aportador de capital a la misma. Esto empeorado por la inevitable devaluación de la moneda nacional.

En pocas palabras la energía se valora a precio más elevado ANTES de que la mecánica de deslizamiento monetario comience a afectar la importación de combustibles y otros bienes que influyen en la generación eléctrica; que será pagada en lempiras por la población.

En la Empresa Hondureña de Telecomunicaciones nos enfrentamos a un destino similar. Sus intentos de incursión en la telefonía celular serán clausurados y su poca infraestructura entregada como «botín de guerra» para las empresas de comunicaciones que de forma solicita apoyaron el golpe de estado. Los servicios de telefonía fija permanecerán en manos Hondutel, con esta afligida por la competencia intensa de las empresas privadas y la falta de capital para mantener la vigencia tecnológica.

Es muy difícil suponer que los movimientos que se hagan en Hondutel vayan a ir en beneficio de los clientes. Peor aún, su condición de empresa estatal la perjudicará en el área de las tarifas, ya que deberá dolarizar los cargos al público. No olvidemos que la competencia de la telefonía fija se ha multiplicado y es cobrada en dólares en la actualidad por todas las empresas del sector privado.

La ventaja relativa que tenia esta empresa gracias al monopolio de la telefonía fija, que se pretendía expandir a áreas de competencia como servicio de televisión por cable, telefonía celular y transmisión de datos, ha desaparecido desde el momento en que las empresas de la competencia se han convertido en parte de los «salvadores» de la empresa.

No debemos olvidar que inmediatamente después del golpe, personal de MULTIFON, empresa relacionada con el grupo Televicentro, sustituyó por varios días a los empleados de Hondutel en tareas administrativas y técnicas. El golpe miliar estaba dándole una ventaja increíble al sector privado en un negocio que ellos mismos, los militares, utilizaron como fuente enriquecimiento durante décadas.

Y si vamos a hablar del agua, este asunto ya está consumado. Se han sentado las bases para la privatización de las fuentes de agua mediante decreto legislativo. El propósito: poner a la orden de los países industrializados el agua de fuentes sanas a países industrializados. Esto lo han pretendido incluir en los tratados con la Unión Europea.

La presión europea por la «democracia» en Honduras es una fachada para poder culminar las negociaciones con Centroamérica. Esto probablemente demore por un tiempo el desarrollo en la privatización de este valioso recurso, pero esto no excluye la posibilidad de que se den las primeras iniciativas muy temprano en 2010.

Tenemos frente a nosotros un monstruo de mil cabezas que pretende privarnos de todo asomo de civilización; un monstruo para el que la muerte de nuestros hijos significa solamente estadísticas, daños colaterales; un inescrupuloso monstruo para el que todo tiene precio; todo se vende y todo se compra; un monstruo que mantiene buenas compras entre la clase política nacional.

Después del 28 de junio nos unimos en una sola voz para exigir la restitución de la democracia; por el retorno del presidente; por la Asamblea Nacional Constituyente. Hoy debemos profundizar estas luchas, y tener presente que esta causa lleva de por medio nuestra existencia misma.

Si hoy no definimos una estrategia de lucha por lo que nos pertenece, seguramente no está lejano el día en que tengamos que ver los efectos catastróficos de esta barbarie que hoy vemos con pasmosa pasividad. Este no es un asunto de la resistencia, sino de todos los hondureños, aunque, en realidad, será la resistencia la que nos guie en la defensa de estas y otras banderas.

Evidentemente, el esfuerzo que tendremos que llevar adelante en el año nuevo será infinitamente mayor al que pusimos en este 2009. Estas bestias carroñeras no van a parar hasta poder privatizarnos el aliento. La respuesta a esto no puede ser menos; es imperativo llevar adelante esta lucha desde ya.

Todavía me cabe la duda sobre la posibilidad de plantearle a Lobo Sosa una huelga general para mediados de enero, estoy convencido de que existen muchos motivos para llevar adelante este y otros movimientos de presión contra estas monstruosidades.

Por favor no nos quedemos callados, preguntémosle a la dirección de la resistencia que podemos hacer; como nos paramos de frente ante este sombrío panorama.

PD Justo antes de publicar este escrito llega a mi conocimiento que la formula de precios para los derivados del petróleo ha sido restaurada a su forma antes de la reforma del presidente Zelaya. Bueno las campanas siguen sonando.

Rebelión ha publicado este artículo con permiso del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.