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Entrevista a Costas Ísychos, ex viceministro de Defensa de Grecia y cofundador de Syriza

«Nos sentimos traicionados a nivel sentimental y político»

Fuentes: Tiempo Argentino

El argentino que conoce hace más de 20 años al premier griego Tsipras, y formó parte de su gobierno, se muestra muy desilusionado y no lo oculta. Explica por qué dejó Syriza -al que ahora considera un partido más del establishment- para formar Unidad Popular junto a otros ex miembros. Nació en Quilmes, donde vivió […]

El argentino que conoce hace más de 20 años al premier griego Tsipras, y formó parte de su gobierno, se muestra muy desilusionado y no lo oculta. Explica por qué dejó Syriza -al que ahora considera un partido más del establishment- para formar Unidad Popular junto a otros ex miembros.

Nació en Quilmes, donde vivió hasta los 19 años. Aunque era fanático de Independiente, su padre insistía para que jugara en la primera del «Cervecero». Pero en 1976 la dictadura acabó con todo sueño futbolero y debió emigrar. Pasó por Canadá para estudiar Ciencias Sociales. Luego se estableció en la tierra natal de sus abuelos: Grecia.

Su trayectoria política en el país heleno lo llevó a entablar una relación de confianza con el ex primer ministro Alexis Tsipras. De hecho, fue uno de los fundadores de Syriza y ofició como viceministro de Defensa durante el breve gobierno izquierdista.

Desde Atenas y en diálogo con Tiempo Argentino, Costas Isychos sostuvo que la firma de la nueva tanda de recortes fue un punto de inflexión en su relación con Tsipras, a quien conoce hace más de 20 años. Con tonada bonaerense -que aún conserva pese al tiempo y la distancia-, contó por qué se sintió «traicionado sentimental y políticamente» por el ex primer ministro. También explicó por qué dejó Syriza -al que ahora considera un partido más entre tantos del establishment- para formar, junto con ex miembros de esa fuerza política, Unidad Popular. Una agrupación de la que Costas hoy es el vocero y que participará en las elecciones del próximo 20 de septiembre con la idea de retomar el programa de gobierno original de Syriza, es decir, la lucha contra las medidas de ajuste y la nacionalización de los principales resortes de la economía.

-¿Cómo explica el giro de Tsipras, que pasó de rechazar el ajuste a aceptarlo?

-Después del referéndum en el que el 62% de los griegos le dijo «No» al ajuste, Tsipras tenía un arma nuclear política para ir a Bruselas y decir: «Miren, en este momento estoy obligado, bajo la Constitución griega, a cumplir con este mandato». Pero no lo hizo.

-¿Por qué?

-Creo que siempre tenemos que buscar una explicación política, no psicológica. Él eligió un camino en el que se sintió seguro para seguir gobernando. Más de 40 diputados de Syriza consideramos que el acuerdo era un chantaje y por eso no lo votamos. Imagínese que nos dieron 977 páginas que debían ser votadas 22 horas después de haberlas recibido. En este momento se están vendiendo 14 aeropuertos de todo el país, los dos puertos más grandes, pequeñas islas y terrenos turísticos de alto precio en el mercado mundial. ¿Cómo nosotros podíamos seguir apoyando a este gobierno? Este tipo de giro lo hemos visto en gobiernos socialdemócratas de Europa que traicionaron su historia progresista y socialista, pero en un plazo de cuatro u ocho años. Aquí ocurrió en pocos días, en pocas horas.

-¿Pudo charlar a solas con Tsipras para intentar encontrar una respuesta?

-Muchos tratamos de charlar a solas, pero fue muy difícil en las últimas semanas. Él estaba bastante aislado del ala izquierda del partido. Cuando quisimos hablar con él las diferencias políticas ya eran muy grandes.

-Me imagino la desilusión que le habrá causado.

-Sí, pero creo que en pocos meses Tsipras será tirado a la basura, políticamente hablando, como ocurrió con (los ex primeros ministros) Antonis Samaras y Yorgos Papandreu. Va a ser usado por los acreedores. Cuando el desgate político sea lo suficientemente alto, tratarán de reemplazarlo con otros primeros ministros tecnócratas para seguir con este camino de ajustes. Pero el pueblo griego no se rinde. Todas las encuestas manipuladas por el poder económico y mediático le daban al «No» del referéndum menos del 45% de los votos, y finalmente ganó con un 62 por ciento.

-¿Cómo cree que le irá a Unidad Popular en las elecciones del 20 de septiembre?

-Los resultados serán una gran sorpresa. Los grandes medios de comunicación son muy poderosos aquí y están tratando de manipularlos. Pero no les salió en el referéndum y me parece que no les va a salir ahora.

-Por lo que usted dice, si los grandes medios están posicionando a Tsipras en primer lugar…

-(Interrumpe) Sí, como un realista que al fin maduró políticamente.

-Es decir que hoy en día Tsipras es útil al establishment.

-Es útil al establishment griego y al de Berlín. Usted se imagina que si estas elecciones tienen el apoyo de Merkel y los acreedores, están diciendo claramente a quiénes apoyan.

-¿Cómo se sintió después de la firma del paquete de ajuste?

-Por un lado, completamente traicionados a nivel sentimental y político, porque mucha gente dio gran parte de su vida luchando. Pero al mismo tiempo, sabemos que estamos siguiendo un camino de lucha. No lo abandonaremos y esta vez estamos mucho más convencidos de que el pueblo madurará dentro de una batalla que están dando las clases trabajadoras que apoyaron ese proyecto que se llamó Syriza.

-¿Por qué habla de Syriza en pasado?

-No el Syriza por el cual luchamos. Es otra cosa. Este ya es un partido neoliberal, un partido del memorándum, del establishment, que ya no les habla a los jóvenes en su lenguaje. No los deja soñar, no los deja luchar como lucharon para recrear espacios democráticos, progresistas. Así que el Syriza que nosotros conocimos ya no existe más. Ha quedado el nombre, pero el contenido se fue. Lo que diría que pasó aquí es un golpe de Estado.

-¿Dado por quién?

-Por la oligarquía de Berlín y la burocracia de Bruselas, dos fuerzas que están tratando de cambiar el mapa político y social de Europa.

-¿Cómo eran las reuniones con la troika? Algunos testigos las describieron como verdaderas sesiones de tortura.

-Es verdad que hubo un agotamiento psicológico por parte de los acreedores, que tienen un grupo de personas muy ágiles para negociar. El cansancio físico y mental es parte de su estrategia. Cuando los prisioneros nazis fueron interrogados en Nüremberg después de la guerra, no los podían cuestionar más de 5 horas porque tenían derecho de cansancio. A Tsipras lo cuestionaron durante 16 horas… pero él lo aceptó. Un primer ministro de un país soberano puede decir: «Perdónenme, pero hasta aquí llegamos». Y no lo hizo.

Fuente: http://tiempo.infonews.com/nota/185321/nos-sentimos-traicionados-a-nivel-sentimental-y-politico