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Perú

Sentido de patria

Fuentes: Rebelión

Cuando Marco Martos sintió la necesidad de exponer su sentido de patria, acudió a la belleza literaria y nos dijo: “No es este tu país / porque conozcas sus linderos / ni por el idioma común / ni por el nombre de sus muertos / Es este tu país / porque si tuvieras que hacerlo / lo elegirías de nuevo / para construir aquí / todos tus sueños…”.

Este recurso le ayudó a contrastar dos concepciones que en verdad responden a un mismo sentimiento: el sentido formal de lo que constituye la patria, y lo que se integra a partir del sueño de los peruanos orientados por los más altos ideales.

El Perú es uno de los países más antiguos del mundo. Cuando en los años cincuenta estudiábamos la “historia antigua”, los textos nos llevaban de la mano a las culturas milenarias: el antiguo Egipto, la Mesopotamia, la pequeña Fenicia.

Eran poblaciones que habitaban el planeta tres mil o cuatro mil años antes de nuestra era y asomaban al horizonte como las civilizaciones más primitivas. Hoy, la Cultura Caral representa la expresión más antigua de la peruanidad.

Podemos, los peruanos de hoy, hablar de culturas nacionales alimentadas desde hace casi siete milenios y nutridas de valores que se han ido acumulando en la experiencia de lo que llamamos “poblaciones originarias”, y que no son otra cosa que la vida, que alumbra las expectativas de nuestros pueblos.

De esas experiencias es que nace la pluralidad de la cultura, la diversidad de lenguas aborígenes, las costumbres ancestrales, los mitos y leyendas; pero también las grandes creaciones peruanas desde las ruinas de Choquequirao, el Santurio de Ampay y la Fortaleza de Keulap, hasta Machu Picchu.

Es esa historia la que fue capaz de forjar culturas Nazca o Paracas; Moche o Chavín de Huántar; Tiahuanaco o Chimú: para citar tan solo algunas de las múltiples expresiones de riqueza humana, que precedieran al grandioso Imperio de los Incas. Y fue éste, el que extendió el caudal de nuestra cultura a diversos rincones de América en un sueño interrumpido por la conquista y el coloniaje.

Mariátegui recuerda que la destrucción de la estructura Inca no permitió forjar una cultura nueva, sino que abrió paso a una conquista violenta que ensombreció la vida nacional.

De ese modo, dio sustento a las expresiones más heroicas de nuestra historia: la rebelión de Manco Inca, la resistencia de Juan Santos Atahualpa, la epopeya de Tupac Amaru, y Micaela Bastidas las luchas de Francisco de Zela, Crespo y Castillo, el sacrificio de Mariano Melgar, la muerte de José Olaya, hitos todos,  de una misma voluntad: liberar al país del yugo extranjero para afirmar el verdadero sentido nacional de nuestra historia. 

A esa opción se sumaron los mensajes de quienes forjaron con sentido creador a ésta, nuestra “Nación en proceso de formación”. Desde María Alvarado, Mercedes Cabello, Clorinda Matto; hasta Miguel Grau, Francisco Bolognesi, Alfonso Ugarte, Ramón Castilla, Daniel Carrión y González Prada.

Las luchas de nuestros pueblos en distintas etapas, complementaron el mensaje y afirmaron el papel de una clase social -los trabajadores- y un movimiento siempre vivo: el campesinado, que vibró por la dignidad y la justicia afirmando el pensamiento de hombres grandes, como Vallejo o José Carlos Mariátegui.

En el Perú nunca se produjo la fusión de dos culturas, orientada a forjar una tercera.  Hubo un proceso de destrucción sistemática de la cultura nuestra, en el afán de desaparecer lo que los conquistadores juzgaron siempre “una raza inferior”.

Hoy, la vida se ha encargado de desmentir tal engaño. Y eso, no sólo ocurrió aquí, sino también en el extenso suelo americano, que después fuera igualmente hollado por nuevos conquistadores, también cegados por el oro.

Frente a ellos, los pueblos vienen recuperando su imagen desde una óptica nueva. Son conscientes que, eso hoy no será posible en los moldes heredados a partir de la conquista.

Las banderas que ahora se enarbolan, recogen dos grandes expresiones de la dignidad: la lucha por Independencia y Soberanía. Con ellas, a partir de nuestra condición de territorio invadido, podremos recuperar nuestra vigencia, y forjar la sociedad del futuro.

Nosotros la llamaremos Sociedad Socialista porque en la base de nuestra historia está la vida comunitaria y social de nuestros pueblos; y porque estará basada en los más altos y genuinos valores de la comunidad humana.

Y porque se alimentará de las batallas que se libran en todo el continente contra el dominio opresor del Imperio, que busca perpetuar la discriminación y la barbarie.

Hombres netos de América, como Emiliano Zapata o Augusto C. Sandino, jugaron en el pasado un rol decisivo en esta tarea. Hoy, el empeño continúa. Eso explica la lucha de nuestros pueblos hermanos que más allá de fronteras formales recogen la semilla del pasado y siguen un nuevo derrotero.

Ese, es Cuba, desde Hathuey hasta nuestros días; Venezuela o Chile; Bolivia, Ecuador; El Brasil de Tiradentes, el Uruguay de los Charrúas; o el México desde Moctezuma hasta nuestro tiempo. A él, aportamos los peruanos.

Para nosotros, la tarea consiste en recuperar las riquezas básicas, reconstruir la economía nacional en beneficio de las grandes mayorías, integrar al país con un claro sentido liberador y democrático, respetar la interculturalidad, incorporar a las acciones esenciales a los pueblos discriminados, sometidos y marginados; en suma, mostrar sentido de Patria y hacernos dignos de su historia.

De ese modo concretaremos el anhelo del poeta, y construiremos aquí todos los sueños.

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