El 60% de los nuevos pacientes de la clínica de MSF en Samos en noviembre expresaron pensamientos suicidas y el 37% fue considerado en riesgo de suicidio.
El 60% de los nuevos pacientes de la clínica de MSF en Samos en noviembre expresaron pensamientos suicidas y el 37% fue considerado en riesgo de suicidio.
Lorenzo Gabrielli, doctor en ciencias políticas, investiga las migraciones entre África y Europa en la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, y en la Universidad de Burdeos (Francia). Durante la pandemia teletrabaja desde Tenerife, así que vive de cerca la actual crisis migratoria en Canarias. Pero dice que no es una crisis. «Las entradas por vías informales existen desde hace treinta años, demasiado tiempo para hablar de crisis. Toda la evidencia científica apunta a que si seguimos tratándolas como emergencia no impediremos las llegadas y además aumentaremos las muertes. Los migrantes usarán rutas más peligrosas y se expondrán a más violencia».
Mientras se vacía el puerto de Arguineguín, el gobierno crea plazas en distintas instalaciones del archipiélago canario, todas a priori temporales. Al mismo tiempo se pule el mecanismo de deportación y se reactivan las rutas inversas a Marruecos, Senegal, Mauritania o Argelia. Además, se bloquea el envío de migrantes a la Península.
Pese a las presiones internas, Marlaska mantiene su negativa a derivar migrantes a la península. Mientras, Migraciones prepara campamentos en terrenos cedidos para reubicar a las miles de personas que están acogidas en hoteles de las islas. Ayer, Interior hizo lo propio para aliviar el muelle de Arguineguín. La prioridad del Gobierno ahora es frenar las salidas desde costas africanas e impulsar las deportaciones para evitar que lleguen al continente europeo.
La gestión del gobierno de la crisis migratoria en las islas obedece a una política coherente con unas directrices europeas que apuntan a evitar la entrada de migrantes y privilegiar los mecanismos de expulsión. Activistas reflexionan sobre cómo responder a ese marco.
¿Recuerdan la foto? Una pareja de bañistas frente al cadáver de una persona migrante subsahariana tras naufragar su patera. «Ahora ya no es solo indiferencia, ahora también es odio», resume el autor, el fotoperiodista Javier Bauluz.
El Gobierno canario hace gala de su incapacidad de coordinar una respuesta a la situación, mientras el Gobierno de España se preocupa más por tapar el problema con soluciones chapuceras y poco humanitarias, que por aportar soluciones contundentes a largo plazo.
El nuevo Pacto sobre Migración y Asilo de la UE era una oportunidad para garantizar protección adecuada a quienes buscan seguridad en el continente. Sin embargo, ha puesto en marcha más muros físicos y burocráticos.