Acaba noviembre. En este undécimo mes del año, hay dos efemérides marcadas a fuego –literalmente y nunca mejor dicho– en la historia reciente del Sahara Occidental. Son dos viernes que, en la medida de cada uno, constituyen un punto y aparte en la historia de esta franja de desierto quemada por el sol y la aridez –en su levante– y bañada por las olas del Atlántico –en su poniente–.