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El nuevo gobierno alemán

Transatlánticos y europeístas

Fuentes: Gara

«Transatlanticos» y «europeistas» son las dos corrientes que existen tanto en el Partido Socialdemocrata (SPD) como en las uniones cristianodemocrata y cristianosocial, CDU y CSU. Los primeros defienden una política común con Washington mientras que los últimos pretenden construir una fuerte UE, capaz de competir en los campos político, económico y militar a nivel global. […]

«Transatlanticos» y «europeistas» son las dos corrientes que existen tanto en el Partido Socialdemocrata (SPD) como en las uniones cristianodemocrata y cristianosocial, CDU y CSU.

Los primeros defienden una política común con Washington mientras que los últimos pretenden construir una fuerte UE, capaz de competir en los campos político, económico y militar a nivel global.

La llegada del SPD, con Gerhard Schröder, al poder en 1998 fortaleció la corriente europeísta que culminó en la formación del eje París-Berlín-Moscú como respuesta a la política unilateral de la primera legislatura de Bush. Sin embargo, los europeístas alemanes se hallan atrapados en un callejón sin salida después del fracaso del tratado constitucional europea en varios referéndums. Después del shock vino la paralización causada por las elecciones anticipadas en Alemania y el empate técnico entre SPD y CDU/CSU. Nadie había esperado este desenlace. Todos contaron con la victoria de Angela Merkel sobre Schröder, el triunfo de los transatlánticos sobre los europeístas.

Desde el punto de vista geoestratégico, la corriente neoconservadora que determina la política del Departamento de Estado y de la Casa Blanca hacía todo lo posible para que Merkel venciera en los comicios. Ella y otros políticos fueron recibidos en Washington por George W. Bush, con el objetivo de recuperar el terreno perdido tras la debacle electoral del fiel vasallo Aznar en 2004. El triunfo de Merkel habría supuesto controlar el centro de Europa, sitiando de nuevo a París y quitando a Moscú uno de sus más importantes aliados políticos y económicos. Así se explica que Bush llamara el 12 de octubre personalmente a Merkel para felicitarle por ser designada canciller de Alemania. El gesto subraya que la química entre los dos es buena. Merkel es tan fiel a Bush que no sólo respaldó en su día la guerra contra Irak, sino que sigue justificándola incluso hoy en día. En su único debate televisivo con Schröder, ignoró la pregunta directa sobre su opinión respecto a la conducta de Bush ante la catástrofe de Nueva Orleans.

VENEZUELA, BOLIVIA Y CUBA

Pero Merkel no es la única cristianodemócrata que actúa así. Su ex compañera del gabinete de Helmut Kohl, Claudia Nolte, es la responsable del «concepto de América Latina», publicado en 2004. El escrito prevee una unión entre EEUU, UE y los estados latinoamericanos. El «Concepto» ignora por completo el actual desarrollo político en el «patio trasero» y parece más bien un documento dictado por los neoconservadores estadounidenses, que los aliados alemanes se han limitado a traducir a su lengua.

Los enemigos de la estabilidad en aquella parte del planeta son, según Nolte, Venezuela, Bolivia y Cuba. Otro cristianodemócrata, Klaus-Jürgen Hedrich, llamó reiteradas veces al derrocamiento violento del presidente legítimo de Venezuela, Hugo Chávez. Su correligionario Klaus Vaatz fue expulsado de Cuba cuando utilizó su inmunidad parlamentaria para emprender acciones provocadoras contra el Ejecutivo de La Habana.

También en el SPD existe una corriente antichavista y anticastrista que se expresa más moderadamente. En la reciente campaña electoral, Wolfgang Schäuble, el designado ministro de Interior, anunció que tras la toma del poder cambiaría radicalmente la política filorrusa de Gerhard Schröder. En este caso fueron los industriales y banqueros alemanes quienes les invitaron a él y a Merkel a hablar de sus inversiones en Rusia. Son firmas germanas que se han reservado lucrativos contratos en la ampliación del sector energético ruso. Mayoritariamente han sido bancos alemanes y franceses que han financiado la reciente consolidación del mercado en torno a la empresa Gazprom, controlada desde el Kremlin. Después del encuentro, Schäuble prometió respetar el status quo.

En este contexto adquiere importancia que el SPD haya nombrado como futuro ministro de Exteriores a Frank-Walter Steinmeier. Desde hace 12 años, es el hombre de confianza del canciller Schröder. Durante las últimas dos legislaturas ha obrado en las sombras de la vida política, siendo el jefe de la Cancillería. Desde el centro del poder coordinó la política nacional e internacional. Al mismo tiempo, controló también a los servicios secretos alemanes.

Así las cosas, adquiere especial relevancia el hecho de que él deba ser el sucesor de Joseph Fischer al frente de la diplomacia alemana y no algún político sin experiencia en la política internacional. Su objetivo va a ser, con la ayuda de Müntefering, controlar a Merkel y a los otros incondicionales «transatlánticos». No obstante, se ignora la visión de Steinmeier sobre política exterior. Por eso hay que dudar de que de él puedan salir nuevos impulsos para sacar a la política europea de su callejón sin salida.

El petroleo e Irán

La paralización de Berlín ha hecho que París siga junto con Washington una política común contra Teherán ante la ONU. He aquí la razón por la que al final sí podría haber algún tipo de colaboración de la UE con EEUU: lo que les une es la dependencia del petróleo. Para noviembre, la OTAN ha organizado un foro sobre «la seguridad de la energía» en Praga. En el punto de mira de los estados industrializados del Norte no sólo está Iran, también Venezuela. A Caracas y Teherán les unen contratos económicos y el hecho de ser miembros de la OPEP. El encuentro de Praga podría ser la primera prueba para observar el rumbo del nuevo Ejecutivo alemán, siempre bajo la condición de que Merkel haya sido elegida canciller.