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Ucrania hacia su desaparición

Fuentes: Rebelión

Una revuelta popular contra el gobierno ucraniano a finales de otoño, desembocó en una espiral de violencia que ha provocado una situación de guerra abierta en uno de los países más grandes de Europa. Nos aproximamos a este conflicto para tratar de desenmarañar el siempre oscuro y complicado entramado de la política internacional que lo […]

Una revuelta popular contra el gobierno ucraniano a finales de otoño, desembocó en una espiral de violencia que ha provocado una situación de guerra abierta en uno de los países más grandes de Europa. Nos aproximamos a este conflicto para tratar de desenmarañar el siempre oscuro y complicado entramado de la política internacional que lo envuelve. Para ello contamos con la ayuda de Eloy Fontán, reportero que desde Lugansk, habla con nosotros para explicarnos el contexto de la situación desde su análisis particular.

La revuelta

El gobierno de Yanukovich negocia con la UE un nuevo tratado económico pero ante las exigencias económicas y de derechos democráticos exigidos por Europa, el presidente ucraniano decide mirar hacia el este y trata de participar en los acuerdos comerciales que Rusia tiene con otros países del entorno, como Bielorrusia, Kazajistán y el Asia Central. Las protestas ciudadanas que demandan un acercamiento a Europa no se hacen esperar. Estas protestas populares fijan su atención en los abusos por corrupción de sus políticos y la violencia va aumentando en las calles con el paso de los días. Fuerzas de extrema derecha participan y toman protagonismo en las movilizaciones contra el gobierno. «Finalmente tras prolongados enfrentamientos y muertos en las calles, Yanukovich es derrocado en este proceso que se conoce como el Eromaidán.»

Pravy Sector y Svoboda partidos vinculados a la extrema derecha y que participaron activamente en las protestas, acceden a posiciones de poder en el nuevo gobierno. «Entre las medidas que toma este nuevo gabinete político está la no oficialidad de la lengua rusa, muy hablada en el este del país.» La provincia de Crimea se independiza en un proceso de referéndum mediante el que se une a Rusia. Es entonces cuando otras provincias como Odesa, Xarkov y Donbass tratan igualmente de desvincularse de Ucrania y buscar la protección de Rusia. «A diferencia de Crimea, las otras provincias no tienen un interés económico ni estratégico para la Rusia de Putin por lo que no se producen procesos independentistas como el crimeo. Sin embargo el nuevo gobierno de Kiev, no tarda en calificar de sublevados a los independentistas prorusos y comienza una acción «antiterrorista» mandando al ejército junto a mercenarios voluntarios para reprimir a la población de las provincias del este. Sólo en Donbass, en las regiones de Lugansk y Donesk, la población consigue armarse y crear una resistencia.» A partir de aquí el enfrentamiento armado está abierto.

Tras este pequeño resumen y antes de seguir profundizando en el desarrollo del conflicto, pasemos a conocer un poco mejor el país del que estamos hablando y los interés que en él tienen las potencias de su alrededor.

Un país dividido y sus agentes externos

Existen importantes diferencias entre oeste y el sureste de Ucrania. «Particularmente la provincia de Donbass al este, donde viven 7 millones de personas y la lengua rusa es habitual, es de tradición minera y más del 80% de la población rural trabaja en la extracción de carbón. Allí se concentra el 11% del PBI del país, debido principalmente a su importante industria metalúrgica. Esta industria se vería perjudicada con los posibles acuerdos que puedan tomarse con la UE ya que no cumple las normativas medioambientales, de seguridad y trasporte que Europa exige, además Rusia es su principal mercado». Por otro lado, el oeste del país es reacio a las políticas de Moscú y decididamente pro-occidental. «A esta idea contribuye en gran medida la población ucraniana que vive en el extranjero, principalmente en EEUU y Canadá.»

La oligarquía que se ha aupado a las esferas de poder con el nuevo gobierno tiene intereses tradicionales en Europa. «Hablamos principalmente de Igor Kolomoisky, la segunda fortuna de Ucrania y principal mecenas de los paramilitares, que controla un 20% de la metalurgia básica a nivel mundial y tiene intereses en bancos, agroalimentación y el sector del deporte por lo que los acuerdos con Europa favorecerían sus pretensiones de negocio. Para la UE, Ucrania es un mercado potencial de 40 millones de personas y el territorio por el que les llega el gas ruso. En este sentido los medios occidentales hablan de un apoyo ruso a las llamadas provincias rebeldes, sin embargo si este apoyo existe es similar al que Kiev está recibiendo desde la OTAN. Lo que no aparece en sus informativos son los bombardeos del ejército contra la población civil o la utilización de bombas de racimo. Así, Kiev está ganando la guerra mediática en occidente.»

Una vez examinadas las relaciones que pueden tener la UE y Kiev, nos detenemos a hablar de Rusia, otro de los protagonistas que aparecen en la escena de toda esta complicada trama.

La llegada de Putin al poder a principios de la década pasada cambió el panorama en el país donde Yeltsin había estado más cercano a las políticas occidentales. «El gobierno de Putin se basa en vender impunidad a cambio de fidelidad sin fisuras a sus políticas. Los oligarcas rusos actúan libremente en sus territorios realizando toda clase de negocios que Putin ampara siempre que se adhieran a las decisiones que toma su partido Rusia Unida.» Esta oligarquía se ha hecho muy fuerte y es la responsable de las grandes evasiones de capital que se producen en el país, uno de los mayores problemas que afecta a la población rusa. Sin embargo gracias a su apoyo, Putin ha conseguido consolidar su idea de un estado fuerte en el que actúa como un nuevo zar, muy popular entre la juventud. «Una muestra de su poder se puede ver con la organización de los Juegos Olímpicos de invierno en Socchi, donde obligó a los oligarcas a realizar grandes inversiones que no eran rentables para ellos pero que les convenían, ya que situarse en la oposición política, es para Putin lo mismo que hablar de disidencia.

La figura de Putin es realmente fuerte y gobierna de forma casi totalitaria, ha conseguido acallar a los disidentes, perseguido a los activistas pro-occidentales y los homosexuales. Durante 2011 hubo protestas en contra de las maneras absolutistas del gobierno y los recortes de libertades y derechos. La nueva situación en Ucrania y la anexión de Crimea han acallado estas reivindicaciones y Putin cuenta con un amplio respaldo social que roza el 90%. «La población rusa es muy conservadora sobre todo después de la década de los 90 con el desmantelamiento de la URSS y la llegada del liberalismo. Los años noventa son los de la llegada oficial de la democracia y la relajación de las costumbres, a su vez coinciden con el caos económico, la lucha de bandas, la consolidación de la oligarquía por la fuerzas, los funerales a diario por la calle, la idealización del mundo del hampa… eso ha producido una identificación de libertad con caos.

La familia es un pilar fundamental y se considera muy positivamente el orden basado en un estado fuerte que Putin ha levantado. El nivel de vida en las grandes ciudades como Moscú o San Petersburgo ha aumentado mucho sin llegar a ser el de los países occidentales, todo esto en un contexto de gran nivel de corrupción y un capitalismo de formas casi feudales.»

Con respecto a Ucrania, Rusia tenía un claro interés en Crimea donde pagaba un alto coste al gobierno ucraniano por tener su flota allí. «No es el caso de las regiones de Donesk y Lugansk que pretendieron el apoyo ruso pero Rusia no tiene un interés territorial allí, ni tampoco necesita el carbón y el gas que pueda extraerse de estas regiones, lo que no desea de ninguna manera es tener a la OTAN cerca de sus fronteras.» En este sentido puede estar destinando apoyo militar a la zona pero es poco claro o se hace de modo encubierto.

La zona de conflicto

Los ataques del ejército ucraniano a la zona este del país donde se encuentra nuestro compañero Eloy, han destrozado infraestructuras básicas de agua o electricidad, además de minas y campos que han sido quemados. «Conjuntamente al ejército se presentan batallones declaradamente fascistas, con discursos vagos que rememoran la II Guerra Mundial a su manera, considerando a los soviéticos como invasores y al ejército nazi como liberador de su país. La resistencia y la contraofensiva se ha basado en una guerra de posiciones con pocos choques directos.» Preguntamos a Eloy sobre quienes forman esta resistencia en las zonas de Donesk y Lugansk ya que la información al respecto es muy confusa. Se habla de milicianos antifascistas como los integrantes de la Brigada Carlos Palomino que se ha desplazado hasta allí como otros internacionalistas pero también en sentido totalmente opuesto, llegan noticias de nacionalistas rusos y grupos de extrema derecha del mismo origen que habrían llegado a combatir a los ucranianos en favor de la «Gran Rusia». Eloy nos cuenta su experiencia en el terreno.

«En la resistencia no hay una ideología unificadora y definida pero se trata de una milicia popular, gente que se ha visto atacada y ha decidido coger las armas para defenderse. Hay entre estos milicianos gente con experiencia en combate en Chechenia o Afganistán, también cosacos pero muchos carecen de formación militar y participan en su primera experiencia en combate. Esta mayoría es gente valiente con una vida dura en las minas que se han volcado con las milicias.» Con respecto a los nacionalistas rusos Eloy reconoce que «puede haber gente con esta mentalidad y vean en esta situación un motivo para defender su causa. También hay gente reacia a venir hasta aquí porque piensan que estarían favoreciendo los intereses ocultos de nacionalistas prorusos. Personalmente pienso que la gente local es humilde, lucha por defenderse y creo que esta es una lucha contra el fascismo.» Recientemente el nuevo presidente ucraniano, Poroshénko, o «Potrohénko» como lo llaman en Donbass, un juego de palabras que vendría a significar «que lo despieza todo», acudió al senado estadounidense a pedir armas letales para enfrentar a las milicias y aprovechó para agitar la amenaza rusa cuando empiezan a buscarse salidas hacia la paz.

Desde que en primavera comenzaran los ataques, se habla de un millón de desplazados civiles, lo que cuentan es horrible. «Los milicianos capturados han sido fusilados y los civiles obligados a cavar zanjas para los tanques. Muchos de los que lograron escapar tienen miedo de hablar porque tienen familia en la zona occidental del país y temen posibles represalias contra ellos.» Sin embargo cuando consiguen contactar con sus familiares en el oeste del país estos difícilmente se creen las penalidades que les cuentan, en la tele no dicen esas cosas sino más bien lo contrario. «Los medios hablan de como el ejército ucraniano está haciendo frente a grupos terroristas al este del país. Esto provoca una sensación de abandono muy grande por parte de sus compatriotas y también de la UE, supuesto faro de la democracia y los derechos humanos que permite que se les ataque sin impunidad, sintiendo que no le hacen falta a nadie.»

Hay gente que ha podido huir hacia Rusia, también hay refugios en las propias zonas de resistencia, incluso Ucrania permitió algunos corredores hacia zonas seguras que después resultaron no ser tales. Para Eloy Ucrania ya no existe, «el nuevo gobierno es un grupo de oligarcas que actúan como señores feudales repartiéndose el poder y armando a gente para defender sus intereses. Ya no volveremos a conocer Ucrania como era hasta hoy. El futuro es incierto y las consecuencias de este conflicto que ya está pagando la población civil del este del país, no podemos saber todavía hasta donde alcanzarán.»

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.