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¡Viva la Pepa!

Fuentes: Gara

Pasado el referendo europeo el guión previsto se ha cumplido exhaustivamente: «ha ganado el sí». Y el evento genera una sensación contradictoria, optimista, porque nunca ha sido más nítido que ahora el declive deficitario de este modelo presuntamente democrá- tico; y pesimista, porque Euskal Herria peninsular, Navarra, ha perdido una oportunidad de oro para desmarcarse […]

Pasado el referendo europeo el guión previsto se ha cumplido exhaustivamente: «ha ganado el sí». Y el evento genera una sensación contradictoria, optimista, porque nunca ha sido más nítido que ahora el declive deficitario de este modelo presuntamente democrá- tico; y pesimista, porque Euskal Herria peninsular, Navarra, ha perdido una oportunidad de oro para desmarcarse del preestablecido guión estatal mediante un No masivo.

El cachondeo es general, la España de Bartolín y compañía avanza incontenible. Nunca antes durante una campaña había sido posible ver tamaña desvergüenza de los políticos para sacar adelante como fuera un trámite como el del referendo. Se ha dicho todo sobre la tendenciosa campaña institucional, sobre la casi clandestina campaña electoral, sobre el desconocimiento mayoritario de los electores en torno al texto, que además ha sido publicado incompleto. Nada ha sido casual, la tendenciosidad gubernamental, la calculada ambigüedad de la derecha unionista, la patética, cínica y embustera apuesta del PNV por el voto afirmativo todos y cada uno han cumplido un papel, lograr movilizar en función de la disciplina partidaria al mínimo común denominador de electores fieles para asegurar un Sí, y a otra cosa mariposa.

Llevamos más de un año denunciando los procesos votocráticos que EEUU y su entorno están imponiendo en el planeta, para homologar como «democráticos» una suerte de gobiernos de clara obediencia para con el Imperio. Un mes para hacer «el recuento» electoral en Afganistán bajando las urnas del monte en mulas. Elecciones presidenciales en los territorios ocupados por Israel, elecciones en Irak, Ucrania, ChecheniaŠ Todas ellas criticadas abiertamente por sus irregularidades, el escenario en que se han desarrollado, «la campaña», pero sobre todo porque no han tenido el quórum suficiente como para ser válidas. No importa, porque el hecho de que unos pocos ciudadanos hayan ejercido «su derecho» al voto permite considerar los resultados como validables y legitimadores del gobierno entrante. Los procesos votocráticos, se den como se den (incluso con 100.000 muertos censados, como en Chechenia) son homologables democráticamente, son le esencia de la «democratización» del Planeta.

Lo curioso es que las leyes, tanto aquí, como en España, como en gran parte del Planeta, tipifican un quórum mínimo para que una consulta sea validable. Desde las reuniones de comunidades de vecinos hasta las asambleas de asociaciones, pasando por las elecciones de delegados estudiantiles en las aulas, todo tipo de consulta electoral debe cumplir el requisito mínimo de que el quórum sea suficiente y representativo.

Es más, en los disparatados debates sobre las hipótesis que se le proyectan a la aplicación del «plan Ibarretxe», desde el unionismo más «democrático» se decía que nunca sería aceptable un resultado con un 51% de votos favorables (aún no se sabe a qué, pero en fin), ni ¡con un 70%! Y el 90%, no sé, no sé. «Hace falta una aprobación absoluta de la sociedad vasca, cosa imposible por otra parte» (sic).

O sea que para poner ascensor, pintar la fachada con los colores del Athletic o elegir al presidente de Txikiteros Sin Fronteras hace falta quórum y más de la mitad de los votos, incluso en algunos casos la unanimidad total. Para declarar la independencia, pongamos por caso, de Euskal Herria o Navarra, que es lo mismo, mediante un referéndum de autodeterminación hace falta por lo menos el 150% de 100. ¡OK! Pero para sancionar electoralmente, ni más ni menos, que a la Ley de las Leyes de la Unión Europea «de la que nos hemos dotado», «la Constitución que vertebrará nuestras vidas de aquí a 25 años» (sic), con que digan sí 1 de cada 4 va que chuta. ¡Votocracia a la iraquí al canto y a cantar el Himno de la Alegría!

El Tratado que se ha votado carece de legitimidad popular, porque realmente no ha ganado el Sí, ha ganado la abstención. Y en toda «comunidad vecinal» ante una elección con falta de quórum es obligatorio ¡repetir! La votación ¡no vale! Claro que en este caso es ingenuo pensar así. La UE, al igual que el Nuevo Orden «democrático» Internacional se construye de espaldas a los ciudadanos, a los pueblos, a las personas. Se crea de arriba abajo, en función de claves impuestas por los lobbys neoliberales, y es vital que la gente «no piense excesivamente en ello». Desinformación, narcotización consumista, densidad conceptualŠ Los del Sí, los que no tienen argumentos para defender un Tratado tan arbitrario y retrógrado como éste, han hecho la campaña que necesitaban, una campaña difusa, clandestina, han logrado el resultado esperado y se acabó. Tan redondo les ha salido que se han permitido incluso quitarse la careta. La inexistencia de principios puramente democráticos en la ideología y la praxis de los mediocres polí- ticos del sistema hace que incluso ante eventos tan «planificados» como éste se permitan en plena campaña decir que «un 40% de participación es un éxito» (sic).

Es por ello que la «votocracia» se impone en el siglo XXI como referencia práctica de la democracia representativa neoliberal.

La nitidez de la catadura con la que construyen «la Europa de los ciudadanos» tan bien reflejada en el referendo del día 20, es positiva porque va aislando a la clase política y demuestra que se está desarrollando un proceso con pies de barro, un castillo de naipes con escaso futuro efectivo, otra Europa es posible, porque ésta no tiene legitimidad popular. De ahí la preocupación de la prensa europea ante los resultados de los «tan europeístas» españoles.

Y Euskal Herria, Navarra, está en ese saco. A pesar de que el No ha marcado con fuerza nuestra identidad diferenciada, nuestra esencia europea ancestral ninguneada por un Tratado «naciocida», gracias al Sí disciplinado que no convictivo de muchos votantes del PNV, han permitido que se perdiera una ocasión de oro para que nuestro estado vasco, anterior a la existencia de Francia o España, fuese vislumbrado de modo propio en Europa. Si esto es la «libre adhesión» ibarretxiana, la disolución cómoda en el «votocrático» escenario español, pues nada, que «Viva la Pepa» y todos y todas a «Bartolinear», que España es un circo, pero conmigo que no cuenten. Por cierto, ¿aceptarían la independencia de Euskal Herria si la votáramos uno de cada cuatro? –

Gabirel Ezkurdia Arteaga es especialista en Relaciones Internacionales