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Reino Unido: el superjueves electoral desnuda grietas en la coalición oficialista

Voto de castigo para el gobierno británico

Fuentes: Página 12

Las elecciones municipales y el voto en Escocia y Gales serán un primer veredicto sobre un ajuste que contempla un recorte de 130 mil millones de dólares en cuatro años y un despido de alrededor de quinientos mil empleados públicos.

En un superjueves electoral, el Reino Unido renueva autoridades municipales en Inglaterra, elige Parlamento en Escocia y asamblea en Gales y vota en un referendo para el cambio del sistema de votación nacional. Las encuestas les dan una clara ventaja a los laboristas en Inglaterra y Gales, pero la victoria del principal partido de oposición podría verse opacada por una derrota en Escocia a manos de los nacionalistas. A casi un año de coalición conservador-liberal demócrata, los analistas anticipan un voto castigo al gobierno, que ha quedado sumergido en una miniguerra civil a raíz del referendo.

Las elecciones municipales y el voto en Escocia y Gales serán un primer veredicto sobre el drástico programa de ajuste gubernamental anunciado el pasado octubre, que contempla un recorte de 130 mil millones de dólares en cuatro años y un despido de alrededor de 500 mil empleados públicos. Las encuestas le dan una intención de voto del 38 por ciento en Inglaterra (aumento del 12 por ciento respecto de las últimas municipales), seguidos por los conservadores, con un 34 por ciento (una caída del 5 por ciento), y por los liberal-demócratas, con un 17 por ciento (una caída del 7). Gales muestra un panorama aún más favorable para el laborismo, que controlaría la mitad de los escaños de la Asamblea Autónoma. Los liberal-demócratas, que se presentaron en las elecciones de mayo pasado como la alternativa por izquierda del laborismo y terminaron formando gobierno con los conservadores, son los que podrían perder más en estas elecciones. Su líder, Nick Clegg, que en la campaña del año pasado era la figura política alternativa, es hoy el piantavotos por excelencia: en YouTube todavía circula su video prometiendo, en abril, semanas antes de dar marcha atrás, que eliminaría las matrículas universitarias. La coalición terminó por triplicarlas, desatando la primera ola de protestas contra el gobierno con decenas de miles de estudiantes en las calles entre octubre y diciembre.

El referendo sobre el sistema de votación ha partido por la mitad a la coalición con los conservadores, movilizados por el No, los liberal-demócratas por el sí, y cada uno convertido en enemigo jurado del otro. ¿Se puede formar parte del mismo gobierno con alguien a quien se acusa de usar los métodos propagandísticos nazis de Joseph Goebbels? Es lo que hizo el ministro de Medio Ambiente liberal-demócrata Chris Hunne respecto del de Economía, el conservador George Osborne. ¿Se puede acusar de despilfarro e incompetencia a los encargados de llevar adelante la política austera que proclama el gobierno? Es lo que hizo Osborne con los liberal-demócratas. Y no se trata de dos ministros que perdieron la tradicional flema británica. Desde el primer ministro, David Cameron, hasta el último diputado electo de la coalición, todos están en armas. Si se confirman las actuales proyecciones de las encuestas y el No triunfa, la crisis en los liberal-demócratas puede ser definitiva. La reforma del sistema de votación era su gran conquista en el pacto de la coalición, el primer paso hacia un sistema proporcional que rompiera con el bipartidismo. Si pierden, habrán puesto su nombre al ajuste más drástico de la posguerra y no habrán sacado nada a cambio. Tienen un solo consuelo: los laboristas no podrán sacar provecho del asunto porque ellos mismos están partidos por la mitad por el tema.

Escocia es un caso aparte. Allí la competencia es entre el laborismo y el separatista Partido Nacional Escocés (SNP, según las siglas en inglés). A fines del año pasado, el laborismo tenía una ventaja de 10 puntos en la intención de voto para el parlamento. En marzo aún le llevaba varios puntos, pero desde el comienzo de la campaña, la tendencia parece haberse revertido: dos encuestas recientes le dan al SNP más del 10 por ciento de ventaja. Según los observadores, se trata de un problema local. En Escocia, la elección parlamentaria no se usa como voto castigo a nivel nacional. La campaña laborista no ha sintonizado bien con las preocupaciones del electorado. Una derrota en Escocia quitaría brillo a la victoria en Inglaterra y Gales y demostraría que el nuevo líder del laborismo, Ed Milliband, todavía tiene mucho que andar para ser una figura convincente a nivel nacional.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-167573-2011-05-05.html