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Costa Rica

Zonas Francas o simples Maquilas

Fuentes: Revista Amauta

El debate nacional que se ha desatado después del «sacrilegio» de haber propuesto el establecimiento de un impuesto progresivo y solidario sobre las zonas francas; nos ha demostrando lo injusto que es el sistema de globalización si no es regulado. Mientras los pueblos donde reside la inversión extranjera tienen que sacrificarse en épocas de crisis, […]

El debate nacional que se ha desatado después del «sacrilegio» de haber propuesto el establecimiento de un impuesto progresivo y solidario sobre las zonas francas; nos ha demostrando lo injusto que es el sistema de globalización si no es regulado. Mientras los pueblos donde reside la inversión extranjera tienen que sacrificarse en épocas de crisis, las grandes transnacionales se quieren dar el lujo de no contribuir con el desarrollo de las sociedades que les proporcionan esa mano de obra que los ayuda a crecer y enriquecerse.

En los diversos medios de comunicación oímos cifras y pronósticos sobre el desempeño y aporte de estas zonas francas y las empresas dentro de ellas. Lo que no escuchamos es la realidad que viven muchos trabajadores dentro de las mismas; por lo que considero importante el resaltar las experiencias que he tenido al haber trabajado en tres compañías diferentes que se atienen al régimen de zona franca.

Comencemos desmitificando algo que se repite como mantra por parte del gobierno y los promotores de zonas francas. La mayoría de trabajos que se atienen al susodicho régimen son descritos por muchos, como empleos de tecnología de punta… mentira, los trabajos en zonas francas son en su mayoría centros de llamadas (Call centers) o simples maquilas de producción. La mayoría de puestos, me atrevería a decir que el 90% son centros de servicio (Corrección: los empleos de servicio son del 48% segun PROCOMER); lo que incluye servicio al cliente, ventas, y gestión de datos. Puedo afirmar con algo de autoridad, porque lo he visto y vivido, que las metodologías de trabajo, distribución de personal, instalaciones y reglamentos no son más que modernas líneas de producción en algo que parece más una maquila que un centro de servicios de alta tecnología.

La mayoría de trabajadores de zona franca no ven sus puestos como una fuente de trabajo estable; es increíble ver la cantidad de personal que entra cada mes y casi al mismo tiempo observar como salen casi la misma cantidad, ya sea por despidos, renuncias o simplemente porque después del acostumbrado «entrenamiento» de un mes, prefieren seguir buscando empleo en otros sectores. Esa «facilidad» para contratar y despedir personal, le da a todos estos Call centers el beneficio de tratar a los empleados como mejor les parezca, sin preocuparse por invertir en ellos como personas, sin valorar lo que la experiencia de cada uno le puede dar a la empresa. Es increíble como en mi actual sitio de trabajo, ingresamos 20 y hoy un año después solo quedamos 5.

Estas maquilas modernas se «venden» al público como una fuente de trabajo que viene a contribuir con el desarrollo académico de sus empleados. Es cierto que hace 6 años la gran mayoría de jóvenes que laboraban en estos centros eran profesionales que no encontraban cupo en sus áreas laborales y jóvenes que necesitaban del ingreso extra para terminar con sus estudios. Hoy en día la realidad ha cambiado drásticamente; los jóvenes al salir del colegio, lo que buscan es simplemente aprender inglés para ingresar a uno de estos centros, privando al país de los futuros profesionales que serán necesarios para continuar el desarrollo nacional. Al mismo tiempo que se ha notado una disminución de una fuerza laboral con conocimientos universitarios, se ha visto un enorme crecimiento del consumo y tráfico de drogas (dentro de las zonas francas); realidad conocida por empleadores y toda persona que haya por lo menos trabajado 3 meses en dichos centros, pero tolerada por razones que aun desconozco.

En lo que respecta al código de trabajo, la mayoría de estas empresas procuran, por lo menos en papel, cumplir con los requisitos mínimos del mismo; sin embargo es práctica recurrente de managers y personeros de recursos humanos el engañar, mentir, confundir y amenazar al empleado, con tal de mantener los «pisos de producción» en continuo funcionamiento, cambiando horarios laborales cuando el negocio lo requiere y sin previo aviso, ni negociación con el afectado. Al mismo tiempo se cambian los días libres constantemente, se prohíben los días feriados (proclamando que los mismos no se aplican a las zonas francas) y evaden los días de vacaciones de los trabajadores. Se llega a niveles tan ridículos e inhumanos de restringir al empleado hasta el hecho de ir al baño.

Existen compañías que en su afán por forzar a los empleados a trabajar horas extras, les explica a los mismos que en teoría deberían trabajar 48 horas por semana, pero que la empresa es tan «caritativa» que solo los hace trabajar 40, por lo que hacer horas extras es obligatorio y no se paga el doble por las primeras 8 horas extras que se realicen. Al mismo tiempo se les intimida para que no hablen sobre sindicatos, derechos laborales y temas relacionados; todo esto es logrado gracias a una constante supervisión y monitoreo, llegando al punto de bloquear en las computadoras acceso a sitios que se refieran a temas de derecho laboral y derechos humanos… al parecer estamos más cerca de nuestro aliado comercial China de lo que muchos quieren creerlo.

El permitirle a las empresas de zona franca mantenerse bajo un régimen NO contributivo, NO solidario, les motiva a aprovecharse de nuestros trabajadores, convirtiéndolos en simples contestadoras bilingües fáciles de reemplazar, fáciles de manipular y amenazar. Los ticos somos más que mano de obra, somos un país con dignidad, que se preocupa por sus compatriotas y el futuro de su patria. El gravar a estas corporaciones no sería una pérdida de competitividad, sería un paso adelante hacia un desarrollo justo y solidario.

Fuente: http://revista-amauta.org/2011/10/zonasfrancas/