“La corrupción y triquiñuelas no va con los liberales auténticos, déjenselo a los herederos de Carias Andino, el Dictador”. (Edmon L. Bográn)
Hay un problema recurrente en el Partido Liberal, más evidente desde las elecciones de 2009, que refiere a la incapacidad para asumir que puede alcanzar el poder, desligándose del apoyo que pueda tener del gobierno de otro partido. Un argumento a favor de esta tesis es la preferencia por alianzas con hermanos considerados gemelos, caso de los nacionalistas (¿no siempre?) frente al acercamiento a un partido de tendencia progresista, que no existía antes, caso de Libertad y Refundación (LIBRE).
Antes del golpe de Estado (Junio 2009), dirigentes del Partido Liberal asumieron sin más que el presidente de la República, Manuel Zelaya, quería seguir en el poder, por tanto había que apoyar el madrugón (salida del gobierno y país). Se argumentó que las urnas, donde los ciudadanos debían votar a favor o en contra de una Constituyente, no de una reelección, era una mascarada para que Manuel Zelaya siguiera en el poder, ya que estaban infladas con el voto a su favor. Se asumió que el respaldo estaba garantizado, pero, en la práctica, muchos dirigentes afines a Zelaya se opusieron al negociar con la oposición dentro del Partido Liberal, lo que posibilitó el apoyo a una estrategia de salida de Zelaya dentro del Partido Liberal, liderada por diputados del Congreso de la República Embajada de EEUU y empresarios.
Desde las elecciones de finales de 2009, donde salió electo Porfirio Lobo Sosa (2010-2013), seguido de Juan Orlando Hernández (2014-2022), fue evidente el congelamiento en votos y propuestas, del Partido Liberal. Un argumento es que, la mayoría de sus dirigentes, funcionarios y empleados se plegaron a las disposiciones del Partido Nacional a todos los niveles (presidencia, diputados, alcaldes, funcionarios públicos, etc.), pero eran visibles intereses económicos y compromisos con empresarios, más allá del acuerdo político y promesas de campaña con la población. Es decir, el congelamiento se debió a intereses económicos entre políticos y empresarios, más allá de lo político partidista.
Los liberales han perdido varias elecciones y bajado en las encuestas permanentemente. Se han perdido o retirado líderes, o dirigentes de vocación, que no solo apoyaban el desarrollo del Partido, sino también del país. En las elecciones de 2017, donde el candidato era Luis Zelaya, hicieron lo imposible por que las perdiera. El apoyo tradicional de los caciques del lado “oscuro” nunca lo recibió, y hubo tráfico de credenciales y votos rurales en su contra. El cómputo final arrojó que Luis Zelaya obtuvo unos 484.187 votos, contra 1.400.000 de Juan Orlando Hernández (JOH) y 1.360.000 de la Alianza que apoyaba a Salvador Nasralla.
En las elecciones generales de noviembre de 2021, el Partido Liberal tocó fondo. Con Yani Rosenthal a la cabeza, el Partido obtuvo 335.762 votos, contra 1.200.000 del Partido Nacional y 1.700.000 del Partido LIBRE en alianza con Salvador Nasralla. Aunque el Central Ejecutivo del Partido ha perdido el interés por evaluacionesy reflexiones críticas sobre la pérdida, es claro que uno de los factores causales es la alianza del lado “oscuro” con el Partido Nacional, evidente después del golpe de Estado. Se cuestionó que diputados del Partido recibieron dinero para votar a favor de leyes en contra del pueblo, y varios de los dirigentes hicieron negocios con el Gobierno y todavía mantienen enchambados a parientes en cargos públicos y en el exterior.
Para las elecciones de 2025, el Partido Liberal se fortaleció con la incorporación de Salvador Nasralla a sus filas, no así con la llegada de Jorge Cálix, que llegó a asaltar el Partido y dividir la bancada en el Congreso Nacional. No hay duda que Salvador Nasralla es el gran electoral, capaz de mover una masa electoral de unos 500.000 votos, la que se mantiene fiel a su liderazgo y discurso anticorrupción. No existe otro líder que pueda arrebatarle ese liderazgo y vencerlo en elecciones libres, transparentes y honestas (Se habla de José Azcona pero todavía no se decide).
Una de las preguntas que se hacen periodistas y analistas políticos como Fredy Guzmán, es por qué Manuel Zelaya no dejó que Salvador Nasralla ejerciera el cargo de Primer Designado Presidencial en el Gobierno de Xiomara Castro hasta el final, coordinando proyectos productivos innovadores y sirviendo de enlace con empresas extranjeras para aumentar el monto de la inversión privada y generar empleos de buena calidad, más allá de las aspiraciones y preferencias políticas para las elecciones de 2025.
La respuesta es que “Mel” Zelaya ya tenía candidata a la presidencia y Salvador Nasralla mostraba de nuevo aspiraciones, pero además mantenía alianza con dirigentes del Partido Nacional en contra de ciertas políticas y leyes promovidas por el Gobierno, caso de la Ley de Justicia Tributaria.
La opinión generalizada del pueblo hondureño, incluyendo miembros del Partido Nacional es que al Partido Liberal, con Salvador Nasralla a la cabeza, le robaron las elecciones en una alianza del “bipartidismo” donde incluso se convenció a Donald Trump que Nasralla es un amigo personal de Mel Zelaya y sería un continuador de su proyecto socialista. Para sacar a LIBRE del poder, Nasralla apoyó a los dirigentes del Partido Nacional como Tomas Zambrano, pero fueron los mismos que lo clavaron en Washington y dieron el “madrugón” con el fraude electoral [1]
Y es que en Honduras, desde las elecciones de 2013, se ha perfeccionado la práctica del robo de elecciones y, lo peor, la ciudadanía ha venido aceptando la misma, en tanto no tiene capacidad de organización y movilización para poder cambiarla al estar de acuerdo dueños, dirigentes, diputados y miembros en el Consejo Electoral, a los que se suman empresarios y prensa mediática. En teoría, ello debería cambiar en la próxima elección, pero el Congreso de la República no avanza en la aprobación de nuevas leyes que vuelvan más independiente el proceso electoral y garantice elecciones libres que minimicen el fraude.
Hay una crítica en el aire, y es que los organismos internacionales siguen prestando dinero a Honduras, cuando se sabe que las elecciones no son confiables y los electos llegan al poder a robar. Ocupamos una condicionalidad en el otorgamiento de préstamos externos que prohíba a gobiernos alcanzar el poder como resultado de elecciones fraudulentas y, más aun, llegar a robarse los dineros que tiene que pagar el pueblo. En tal sentido, Salvador Nasralla ha manifestado su apoyo a una política de gobierno de este tipo con apoyo de los OFIS.
Recién, según el vocero del Ministerio Público, Yuri Mora, el presidente del Central Ejecutivo del Partido Liberal (CEPL), Roberto Contreras, interpuso una denuncia para que se investigue la procedencia y uso de fondos de campaña captados por el ingeniero Salvador Nasralla, sobre todo de aportantes en EEUU. Este ha manifestado es otro intento por inhabilitarlo de la próxima contienda electoral y expulsarlo del Partido que no lograrán, ya que su trayectoria ha sido limpia y sus cuentas claras. Se busca que Jorge Cálix o Eduardo Maldonado sean los elegidos, que cuentan con respaldo de los dueños del Partido, empresarios de la televisión y banqueros. Incluso ciertos periodistas ligados a la prensa mediática considerados tarifados, han llegado al extremo de tratar a su esposa y diputada, Iroska Elvir, de prostituta, a los que suman asesoras del Congreso Nacional como Julia Talbot.
Sin Salvador Nasralla, el Partido Liberal vuelve al número mágico de los 300.000 votos y seguirá como empleado del Partido Nacional. La única justificación que existe para expulsarlo es mejorar el sueldo de empleado, colaterales y bonificaciones. La alternativa es José Azcona, pero no se lanza porque, desde ya, el lado “oscuro” lo quiere capturar.
Nota:
[1] A mediados de 2023, Salvador Nasralla con Tomas Zambrano, presidente del Congreso Nacional, y dirigentes del lado “oscuro” del Partido Liberal, conformaron el Bloque de Oposición Ciudadana (BOC), para enfrentar las decisiones del Gobierno y del Congreso de la República, liderado por el Ingeniero Luis Redondo. Salvador se dio cuenta que lo estaban utilizando y se retiró.
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