Guadi Calvo

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Como en todas las guerras, antes de las diferencias políticas, religiosas, étnicas o territoriales, antes que el mismo odio ancestral entre dos pueblos que han rivalizado por un espacio compartido por siglos, antes de todo esto, las guerras son por intereses estrictamente económicos; póngase a esto el nombre que se quiera: agua, petróleo, oro, uranio, marfil u opio.

En Somalia julio se inició con absoluta normalidad, el Gobierno anunció el día primero la muerte de al menos 35 muyahidines de al Shabaab, la franquicia de al-Qaeda para el cuerno de África, tras una operación aérea en la que colaboraron “socios internacionales”, en la región de Bajo y Medio Shabelle al sur de la capital, Mogadicio, que se ha convertido en estos últimos meses en el corazón del conflicto que desde 2011 incendia el país.

Durante la noche del domingo 28 de junio Pakistán realizó nuevas operaciones aéreas sobre posiciones, supuestamente terroristas, ubicadas en las provincias afganas de Paktia, Paktika y Kunar, seguidas de acciones terrestres en las que murieron al menos 29 milicianos, dejando además cerca de 200 heridos. En los reportes oficiales no se mencionan bajas civiles, aunque algunas fuentes sin confirmar señalan que los menores muertos en estos últimos ataques llegarían a los 115.

Solo Donald Trump tiene el talento necesario para convertir algo tan serio y crucial como una guerra en una comedia de enredos y no una guerra más, sino con las dimensiones de la que comenzó el último día de febrero, donde no solo pone en riesgo, más allá de la vida y el destino de millones de personas, a una región capital para el funcionamiento de la economía global.

Sudán

El grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) se hizo con El Fasher, la capital de Darfur del Norte, en octubre del año pasado después de 18 meses de asedio.

Da igual cuándo uno revise la información, cheque su agenda o mire un poco más allá de los grandes titulares: en la República Democrática del Congo (RDC) habrá una guerra vieja o una nueva, no importa, ya que absolutamente siempre será la misma y con un solo motivo: el saqueo de sus infinitos recursos naturales (coltán, casiterita, oro y otros minerales estratégicos). Por lo que, en las guerras de la RDC, los mapas geológicos se han superpuesto con los mapas militares con exasperante precisión.

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