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Cuando el 14 de abril de 2014 se conoció que el grupo fundamentalista nigeriano, Boko Haram había secuestrado a doscientas setenta y seis alumnas de una escuela secundaria en la ciudad de Chibok, del Estado de Borno, al noreste del país, gran parte del mundo comenzó a tomar conciencia de que lo que estaba sucediendo en ese país africano desde el 2009 no era para tomar a la ligera. (Ver: Nigeria: La sonrisa de Michelle).
Nigeria tiene problemas mucho más graves que atender que las recientes amenazas del presidente norteamericano, Donald Trump, que ha declarado a ese país “de especial preocupación”, preámbulo para una remota intervención militar a raíz de la persecución que allí sufren los cristianos.
Según el gobierno indio, “fuerzas antinacionales” habrían sido las responsables del ataque del pasado lunes 10, en cercanías del Fuerte Rojo, uno de los monumentos más visitados de toda India, en pleno centro de Nueva Delhi, que dejó unos quince muertos y al menos una treintena de heridos.
El Departamento de Estado de EE.UU. ha vuelto a convertir a Pakistán en un laboratorio, profundizando las siempre tensas relaciones entre Islamabad y Nueva Delhi por la derrota de acercamiento que, a partir de la creación de los BRICS (2009), India ha tenido hacia Rusia y China, donde también se alienta una alianza militar entre estas tres naciones, el RIC.
Estados Unidos y Francia están articulando en Mali la misma maniobra que ejecutaron en Siria para derrocar al gobierno de Bashar al-Assad, esta vez apuntado contra la junta militar que entre el 2020 y 2021 tomó el poder y comenzó un profundo proceso anticolonialista que rápidamente desbordó hacía Burkina Faso y Níger, donde se aplicaron idénticas medidas como el cierre de embajadas y filiales de empresas de la antigua metrópoli y recuperando además bases militares, bajo el control extranjero, al tiempo que sus dotaciones fueron expulsadas.
Existen bibliotecas enteras en las que se cuentan las “hazañas” de los Estados Unidos, en procura de llevar la “libertad” hasta los confines más remotos del mundo, y si fuera el caso, más allá también.
Como no cabían dudas de que el genocida judío Benjamín Netanyahu solo se había tomado un respiro al aceptar el plan de paz impuesto por Donald Trump el pasado 8 de octubre, dijimos que más temprano que tarde reiniciaría la obra cumbre del sionismo: el exterminio de Gaza y así de toda Palestina (Ver: Gaza. ¿Qué nombre le pondremos a esto?).


