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Una nueva teoría del agente

Fuentes: Rebelión

Recientemente el expresidente del Consejo Europeo y ex primer ministro belga, Charles Michel realizó unas declaraciones impactantes: 

“Quiero ser claro. Mark Rutte es decepcionante y estoy perdiendo la confianza, ¿por qué? Porque espero que Mark Rutte no sea un agente estadounidense. Espero que Mark Rutte trabaje por la unidad dentro de la OTAN. Hoy en día, podemos ver que el Artículo 5 está en peligro, ¿por qué? Debido a la retórica hostil desarrollada en EEUU., por la Casa Blanca. Nos enfrentamos a intimidaciones, nos enfrentamos a amenazas. Lo que está pasando en Groenlandia es inaceptable, y espero que Mark Rutte sea una voz firme para defender la unidad… Está clarísimo que el apaciguamiento (de Trump) no funcionará, la diplomacia aduladora conducirá al fracaso, a un fracaso total. Cuanto más se utiliza esta adulación en la diplomacia, más lejos está yendo Estados Unidos, tal como vemos, en esta táctica de intimidación y amenazas contra los aliados, y la Unión Europea es un socio y un aliado muy leal para Estados Unidos, por eso no nos merecemos ese comportamiento”.

El fragmento se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=Hl5_Yr0_RDI

Mark Rutte es el secretario general (máximo cargo) de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La declaración habilita diversos análisis, la estrategia o falta de ella por parte de la Unión Europea, la propia consistencia de la OTAN, las discusiones internas, y otras. Queremos enfocarnos en la primera parte: “espero que Mark Rutte no sea un agente estadounidense”.

Michel insinúa lo que podría ser una revolución epistémica que merece ser tomada con la mayor seriedad. ¿Puede un representante gobernar para un tercero y no para el representado?

El lector, muerto de risa, contesta que sí, por supuesto, lo vemos todos los días, y en el caso de Rutte, seguramente, responde afirmativamente a las sospechas de Charles Michel.

Rutte protagonizó un hecho del que es difícil encontrar parangón. En junio del año pasado se dirigió a Trump como “papi, tu eres mi papi”, declaración que hizo pública Trump y sobre la que agregó motivaciones: “yo le gusto, creo que le caigo bien”. Medio año después, la semana pasada, Rutte aclaró que fue “por su insuficiente dominio del idioma inglés”, un error de traducción.

No hacía falta que Trump revelara el tratamiento tan familiar que le dispensa Rutte para comprender lo favorable a los Estados Unidos que resulta su gestión en la OTAN (como no podría ser de otro modo), bastaba con ver sus acciones.

Es decir, efectivamente, todo hace presumir que Rutte es un agente estadounidense o las cosas funcionan como si así fuera.

En los años ’70 se desarrolló la “Teoría del Agente”, o teoría del agente-principal o de la agencia, especialmente para temas empresariales, pero extendida también a ciertas áreas de la administración pública. Partiendo de que hay un “principal” que tiene el poder, el mando, la potestad, por ejemplo el dueño de una empresa, que delega ciertas tareas en un “agente”, por ejemplo el gerente. El problema típico de esta teoría es el grado de fidelidad del agente al principal y las fuentes de variación. El gerente no tiene exactamente los mismos intereses que el dueño, ni una moral complementaria, o, incluso, no tiene la misma información, desconoce cabalmente sus preferencias, y otras cuestiones análogas entre los aspectos de esta teoría.

Charles Michel nos presenta una extensión absolutamente pertinente para el análisis político. El caso del agente que responde a un principal alterno. Vale para lo que lamenta Michel, Rutte debería velar por Dinamarca pero lo hace por Trump.

Y vale, también, para decenas de presidentes que, electos por los mecanismos instituidos por los países, en sus funciones actúan como agentes coloniales, y no como defensores de sus supuestos representados, sus electores. Argentina muestra hoy el ejemplo históricamente más vergonzoso, Milei, que se confiesa agente estadounidense e israelí.

El lector sigue muerto de risa, y nos dice que eso ya lo sabe, y que no necesitaba que le digamos en esta nota que hay decenas de presidentes vendidos.

La pregunta es, entonces, por qué tratarlos como funcionarios legítimos y no como lo que son, agentes imperiales, asumiendo esa categoría con todas las consecuencias, incluso académicas, que conlleva. Eso que insinuó, seguramente de modo inconsciente, Charles Michel, en algo que quizás sea una muestra adicional de que Europa también se está convirtiendo en una periferia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.