La coyuntura de las elecciones a la presidencia y congreso (senadores y diputados) se desarrolla dentro de un ambiente de profunda crisis política en las alturas: La desacreditación de los partidos políticos por sus evidentes vínculos con la corrupción y con el favorecimiento a la proliferación de las organizaciones criminales (minería informal, trata de personas, narcotráfico, depredación forestal, etc.) con la promulgación de las leyes procrimen, que contribuye de manera directa a la inseguridad ciudadana, dejando en una total indefensión a la población y formalizando la corrupción, el crimen como algo natural, donde el principio de autoridad se diluye y ya no tiene un contenido real ni objetivo. Irónicamente, este sector político(partidos políticos en el Congreso) participa en las elecciones del 2026 con distintas caras y nombres distribuidos en diferentes partidos políticos, con cinismo y mucha pompa se vanaglorian de tener la solución a los distintos problemas que aquejan a la ciudadanía, para luego, “como anillo al dedo” al ser elegidos responsabilizar de la mala gestión y de los actos de corrupción de las autoridades y por ende de la crisis política a las grandes mayorías.
Si hay algo que entender, es que la corrupción no es de una gestión presidencial, se viene arrastrando desde muchos años, por eso se dice la corrupción es estructural, se halla en el modelo económico y se articula en las diversas instituciones públicas, no está aislado, lo abarca todo, se refleja en el copamiento de la Administración de Justicia (Ministerio Público, Tribunal Constitucional, Poder Judicial, etc.), del sector salud, vivienda, trabajo, transportes, etc., y se retroalimentan con diversas leyes que se favorecen entre sí. En efecto, depreda el desarrollo de la sociedad, favoreciendo únicamente a un sector minoritario que se halla en el Congreso, y perjudica hasta la muerte en vida a las grandes mayorías, mostrándose en los altos índices de anemia, tuberculosis, VIH, etc., sin asistencia médica, sin una adecuada infraestructura en educación, falta de trabajo digno, sin seguridad pública, es decir, el derecho a la vida de las grandes mayorías peligra, más, se las prefiere en estado de ignorancia y de miedo con psicosociales para contener su reacción de descontento.
Son las grandes mayorías que siempre han buscan el cambio, abogan por una mejor calidad de vida, y su voto siempre fue en ese camino; sin embargo, el pueblo siempre ha sido traicionado en sus aspiraciones políticas, un ejemplo claro, son los presidentes que se encuentran purgando cárcel y uno que se suicidó, y diversos políticos de toda laya investigados por corrupción. La corrupción es endémica, y el pueblo tiene que esforzarse en pensar, analizar y actuar, sino se convierte en “actor político” nunca podrá revertir esta situación, no es conveniente mirar desde el balcón adormecido por el miedo, la ciudadanía debe tener una alternativa frente al caos político que la derecha imprime que genera confusión en las masas con propaganda de terror, un ejemplo claro, es el cerronismo(Perú Libre, los magisteriales, y otras pequeñas agrupaciones), aparente enemigo de la derecha, cuando en el fondo es aliado acérrimo de Fujimori II (Keiko) y de todo el Congreso de derecha, eso les permite gobernar “mejor” en favor de sus intereses.
La derecha no debate ideas políticas, filosofías de cambio, sólo rebuzna, insulta, crea falsos contendores y se encamina en su proyecto político de mantener el “orden de cosas” tal cual es. En estas elecciones ¿hay algún candidato que proponga un cambio serio? Ninguno. López Aliga (se hace llamar porki), sólo dice que aumentará el sueldo a tal sector, ¿eso es cambio?, pide la intervención de EE.UU. para contener la violencia en Perú, cuando Donald Trump paraba en la isla de Jeffrey Epstein, vaya amistades de porki capitalista. Fujimori II no propone nada nuevo, sólo lleva personajes oscuros y con prontuariado a los que ella llama “rehabilitados”. Con respecto a Carlos Álvarez, cae bien un proverbio turco que dice: “Lleva a un payaso a la presidencia y será un circo”. Acuña “plata como cancha”, el gazapo de la CONFIEP con el disfraz de oveja. López Chau, no propone nada nuevo, amigo de la CONFIEP, invitado especial del sector empresarial en CADE y después, qué más, no hay nada. Roberto Sánchez, Ronald Atencio, no proponen un cambio serio, tampoco cuestionan muy seriamente a Perú Libre, lo pasan por agua tibia, Roberto Sánchez lleva en sus filas a Antauro Humala, quien le ofreció la mano y su confianza a Dina Boluarte; Ronald Atencio (así como Verónika Mendoza) estuvo ausente en las luchas sociales del 2022-2023, en su campaña sólo lleva una camisa roja, ¡que miedo! Wolfgang Grozo, un completo desconocido, que estuvo del lado de Dina Boluarte reprimiendo a toda furia al pueblo en las luchas sociales del 2022-2023, no tiene programa salvo ser amigo del fujimorismo y de porki capitalista. Candidatos que en la vida real cuentan con un amplio rechazo en la población, lo inaudito es que aparecen en las encuestas en los primeros lugares. Y de ahí vienen una veintena de partidos que le hacen el juego a Fujimori II, no proponen absolutamente nada nuevo, sólo una subasta de propuestas sin fondo, candidatos desconocidos unos más que otros que sólo tienen presencia en temporada de elecciones, candidatos sin organización propia, funcionan como vientres en alquiler, haciendo un total de 32 organizaciones mal llamados partidos políticos, sino miren lo que legisla el actual Congreso.
La derecha se jacta del culto a la corrupción y conducen a la nación peruana a una anarquía sin salida, para ellos no sirve la ideología, sólo se empeñan a relucir diversos métodos para aplacar las luchas del pueblo, no tienen un solo plan de desarrollo, sólo siguen las recetas del BM, FMI, Consenso de Washington al “ritmo del chino” siguiendo sus instintos de codicia a espaldas del pueblo, con una economía precaria a la pauta del piloto automático, a eso le llaman programa. Se trata de los felipillos de EE.UU., no cuestionan la política neocolonial en Perú y América Latina, ni condenan la guerra imperialista contra Irán, con mucha simpatía aceptan la “Carta de Lealtad de la Cumbre del Escudo de las Américas”, acceden a la construcción de una base militar de los EE.UU. en el puerto del Callao. Esa es la derecha peruana que se desgañita de hablar en favor de un capitalismo salvaje neocolonial y que le encanta vivir de las prebendas del Estado, de la rifa de los recursos de la nación. ¿En qué beneficia al pueblo? La ciudadanía está al abandono con diversas enfermedades, sin buena educación, sin trabajo digno, sin seguridad, sin buenas carreteras, viviendo a su suerte y como pueden. No sólo eso, cuando reclaman los reprimen con violencia como lo ocurrido en el 2022-2023.
Esta situación mantiene a la población arrinconada, así cumplir con el objetivo de erosionar la organización y convicción de cambio de la ciudadanía. Las grandes mayorías deben entender que hay un riesgo si sólo somos observadores y no hacemos nada ante tanta corrupción: vivimos arrodillados o reaccionamos. En estas elecciones sería irracional dar nuestro apoyo a cualquier candidato por el color de su camiseta, o direccionar nuestro voto por el clientelismo político, la misma Ley establece alternativas, en este caso, debemos ir por el VOTO VICIADO, no tenemos otra alternativa, NUEVAS ELECCIONES CON NUEVOS CANDIDATOS. Vayamos por el cambio. Las grandes mayorías tienen la capacidad de convertirse en actor político de su propio destino.
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