En estas elecciones nos encontramos entre dos situaciones: Elegimos el continuismo o nos proponemos barrer con la podredumbre. Si elegimos por puro subjetivismo, se va a dar espacio a un poder absoluto de la derecha en la cámara de senadores y diputados, y el presidente que sea electo se encontrará entre la espada y la pared sometido ante el senado, convertido en un títere de la derecha, peleando por su subsistencia en el gobierno, marginando la voluntad política en favor de las grandes mayorías. En este proceso, se compran y se venden voluntades y se mantiene intacta la corrupción con altos índices de criminalidad, por eso los candidatos ingresan a una subasta de propuestas con anuncios de aumentos de sueldos, con menciones de construcciones de colegios, hospitales, y no proponen un cambio real y objetivo, dirigen la política estatal a un camal de carne de cerdo o de ovino de la que nadie se salva, y se sirven en la mesa las transnacionales al ritmo de Jeffrey Epstein(EE.UU., Europa, sionismo israelí), y debajo de la mesa con el fondo de la música perturbadora “chino, chino” toda la derecha pelándose por las migajas, con nula capacidad para dirigir a la nación a un auténtico modelo de desarrollo, manteniendo a la ciudadanía en un círculo vicioso de corrupción con propaganda de terror y populismo con el único objetivo de conservar sus intereses y posponer a las grandes mayorías.
La corrupción es alentada desde las alturas y se convierte en su modo de vida, y la única forma de gobernar es a través de la propaganda mediática, psicosociales y funciona como distractor visual y distorsión de la realidad, y una forma de justificar el caos es a través de la estadística, encuestas, por obra y gracia de la estadística y de las encuestas se crea una estabilidad artificial, es decir, desaparece o disminuye el descontento popular, aumenta o disminuye cualquier situación que sea de interés de la derecha, y esto lleva a la confusión de la percepción de la realidad y contiene la reacción de la ciudadanía. Esta forma mediática de propaganda fue utilizada con mucha efectividad en la dictadura de Fujimori-Montesinos, y hay videos donde Montesinos soborna a empresas de estadística para favorecer la popularidad del dictador de Fujimori, y actualmente es utilizada por la derecha con fines de campaña electoral que favorecen a los candidatos muy a pesar del descontento de la ciudadanía al actual Congreso, y esto da pie para que algunos candidatos desde ahora vociferan de un posible fraude electoral, es decir, si o si quieren ganar las elecciones amparándose en la estadística, porque saben que la realidad no les favorece.
En estas condiciones, el candidato vende su alma al diablo, no le interesa en absoluto una propuesta de un cambio real y objetivo, eso ocurre, porque estamos frente a organizaciones sin programa, sin ideología de cambio, sobre todo sin bases y no están conectadas con las organizaciones vivas de la sociedad. Las elecciones se convierten en un espectáculo de compra venta de honores, tránsfugas, oportunistas que no tienen lealtad a sus principios éticos y morales porque no los tienen. Incluso, el partido político se convierte sólo en una etiqueta, en un color destinado a fines ilícitos, todos desesperados a insultos, empujones, trampas por aquí, por allá, todo vale para ser ricos y no perder la mamadera del Estado. Así, la política es reducida a un negocio ilícito redondo y las elecciones a una subasta de candidatos.
El ciudadano se encuentra en una situación de confusión sin entender qué es derecha y qué es izquierda, con temores de toda índole, empantanado y sin salida, tal es el objetivo de la derecha, con ello retrasar las reformas profundas que necesita el país para salir del atolladero del subdesarrollo; las autoridades hacen su circo, ríen, bromean, saben que no va a pasar nada, porque están rodeados de autoridades a su medida, por ejemplo: Un alcalde de la provincia de Lima que se hace llamar porki (seguramente por su similitud a un cerdo), dijo que: “Lima sería potencia mundial”, se le ocurrió colocar la estatua de Francisco Pizarro en la plaza mayor de Lima, símbolo del colonialismo español en el Perú, es decir, ¿el colonialismo es avance, desarrollo?, cuando trajo destrucción, muerte y sobre todo la desaparición de nuestra cultura Inca, ¿a quién se le ocurre rendir homenaje a sus opresores? Esa es la derecha racista, con un pensamiento aristocrático, mercenario del capital financiero de EE.UU., Europa y del sionismo israelí. Y el pueblo mirando todo turulato, incapaz de movilizarse debido a los psicosociales de terror, adormecido en una burbuja con estadísticas y encuestas.
La población tiene que entender que la derecha sólo se jacta de gobernar en democracia, cuando se trata tan sólo de la propaganda de “pan y circo” con psicosociales de terror, y la única forma de romper la ofensiva de la derecha es a través de la organización y la convicción de cambio, “siempre de pie, nunca de rodillas”, ligada a una filosofía que nutra la organización y la acción dirigida a una sociedad justa, soberana con una auténtica democracia. Algo que, indudablemente, está fuera de las pretensiones de los candidatos sin distinción del color de la camiseta, siendo su objetivo primordial la satisfacción de sus intereses particulares, ofrecen el “oro y el moro” matizada con propaganda demagógica, eso nos lo han demostrado el actual Congreso y todos los presidentes que se hallan en la cárcel y dos presidentes fallecidos.
Ir a unas nuevas elecciones con nuevos candidatos es lo más viable para esta coyuntura. Estas elecciones están diseñadas en favor de cualquier organización improvisada grande o pequeña, mientras que la voz del pueblo no es escuchada como lo ocurrido en las luchas sociales 2022-2023, donde fueron tildadas las grandes mayorías de terroristas, acribillaron a 50 compatriotas, y los miembros del Congreso ni siquiera se inmutaron, esto es, ninguno de ellos pidió su renuncia para forzar a un adelanto de elecciones. A las espaldas del pueblo se acrecentaron sus emolumentos y una serie de beneficios, aumentaron la burocracia con la ampliación del Congreso a la cámara de senadores y diputados, rifan el Estado (privatizaciones, concesiones, tercerizaciones), promulgan leyes procrimen, etc. ¿Son a ellos a los que debemos elegir?
También, no se escapan las organizaciones denominadas “nuevas”. La derecha ensayó inicialmente con Butters, no funcionó, luego con el cómico tampoco funcionó, Grosso se cayó en el intento, por ahí quiere aletear Nieto Montesinos, político de escritorio vinculado a Villarán, tampoco puede, el resto de los candidatos es casi lo mismo llevan en sus listas una serie de personajes desconocidos sin trayectoria política, otros que tuvieron su pasado en el actual Congreso y otros tantos tuvieron su pasado en otras gestiones de otros años y no hicieron absolutamente nada de nada por solucionar los problemas álgidos de la sociedad y quieren volver a repetir el plato. ¿Son a ellos a los que debemos elegir?
Tampoco podemos estar sometidos a los designios mentales de alguna encuestadora que direccione la voluntad popular a los candidatos de su preferencia, sin reflejar la cruda realidad.
La elección de cualquiera de los candidatos representaría un salto al vacío, estaríamos eligiendo al lobo con disfraz de oveja, porque ninguno tiene programa ni filosofía de cambio que enrumbe a la nación peruana por el desarrollo. Demandar por nuevas elecciones con nuevos candidatos representa un planteamiento de cambio y no de continuismo: VOTO VICIADO. Representa un voto de la recuperación de la dignidad de ser ciudadanos y convertirse en actor político que redireccione la política estatal en favor del interés de las grandes mayorías.
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