Ramón Nenadich Deglan’s es un profesor retirado del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. A lo largo de su carrera, además de dedicarse a la enseñanza, ha investigado temas históricos y políticos. Ha escrito numerosos artículos y varios libros, tanto de su autoría como de otros autores a quienes ha editado. Actualmente, trabaja en varias obras, de las cuales tres ya se encuentran en las fases finales de redacción y edición. Obtiene su Bachillerato en Ciencias Sociales en el Recinto Universitario de Mayagüez, y su Maestría y Doctorado en Estudios Latinoamericanos en la reconocida Universidad Nacional Autónoma de México, donde se graduó con Mención Honorífica. Ramón considera a México su segunda patria, ya que durante su estancia allí formó valiosas amistades, especialmente con varios de sus profesores.
Además, Nenadich Deglan’s es el presidente fundador del Gobierno Autóctono, conocido como el Estado Nacional Soberano de Borinken (ENSB). Este gobierno fue restaurado el 27 de octubre de 2012 en Fajardo, en una asamblea popular convocada para tal fin. La restauración implica que este gobierno es la continuidad del que existió originalmente en Borikén, la tierra del Altivo Señor, mucho antes de la llegada de los colonizadores españoles. Dado que España nunca tuvo un título válido sobre el archipiélago borinqueño ni sobre ninguna otra parte del continente americano, todas las acciones de ese reino en América carecen de legalidad. Esto fue respaldado por figuras humanitarias que se opusieron a la colonización, como Fray Antón de Montesinos y Fray Bartolomé de las Casas, quien afirmó que los pueblos indígenas tenían el derecho pleno a recuperar sus reinos, lo que el Estado Nacional Soberano de Borinken está llevando a cabo. Nenadich Deglan’s ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
– Wilkins Román Samot (WRS, en adelante) – ¿Es hora de exigir el fin del colonialismo y comenzar una conversación sobre reparaciones económicas en Puerto Rico y Estados Unidos? ¿Por qué?
– Ramón Nenadich Deglan’s (RND, en adelante) – El colonialismo ha sido, desde el principio, un régimen de explotación económica ilegal, impuesto mediante acciones bélicas por naciones de Europa, Asia y los Estados Unidos a países cuya capacidad de defensa militar es inferior a la de esos imperios. Sin embargo, este sistema ha traído aparejadas otras consecuencias que han implicado subordinación política, emigración forzada para mano de obra barata, serios problemas psicológicos en los colonizados, pérdida de identidad nacional, afectación y distorsión de las culturas coloniales, así como de valores tradicionales, pérdida de las lenguas originarias y empobrecimiento de las economías de los pueblos que viven bajo este tipo de situación, entre otros males. Desde las Capitulaciones de Santa Fe, firmadas entre los reyes de Castilla y Aragón en 1492 con Cristóbal Colón, la Bula Inter Caétera otorgada por el Papa Alejandro VI en 1493 (el más vil y corrupto de la historia de la Iglesia católica), pasando por el Tratado de Tordesillas acordado entre los reyes católicos y Portugal, hasta el Tratado de 1898 firmado entre España y los Estados Unidos, todos son documentos ilegítimos y nulos que no aguantan el más mínimo examen jurídico.
El 14 de diciembre de 1960, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 1514(XV) a través de la cual se declaró el colonialismo como un sistema ilegal. A partir de esa fecha, ese tipo de dominación política y económica quedó proscrito por el derecho internacional. No obstante, todavía permanecen en el mundo un sinnúmero de países que están sometidos a este tipo de régimen, entre ellos, Puerto Rico. En algunos de estos pueblos, el colonialismo está disfrazado bajo argucias jurídicas y políticas, como son los casos de Cataluña, Escocia, Irlanda del Norte, Cachemira, Martinica, Guadalupe y la Guayana Francesa, las Islas Malvinas, Quebec, el País Vasco, el Sahara Occidental y varios más. Igualmente, quedan varias islas del Caribe y el Pacífico aún dominadas por potencias imperiales.
Aun cuando ya es tiempo de exigir el fin del colonialismo a nivel global, el problema es que no hay mecanismos internacionales que tengan la capacidad de imponer la terminación de este sistema. La ONU y su Comité de Descolonización son ejemplos del fracaso de estos organismos, que han mostrado ser altamente ineficaces para resolver este problema. De hecho, la Unión Europea y los Estados Unidos controlan, además del referido comité, a la ONU completa, y ellos evitan que el colonialismo sea eliminado totalmente debido a las pingües ganancias que obtienen de esos territorios. En este sentido, el Comité de Descolonización es un fraude utilizado para crear la ilusión de que se intenta solucionar el colonialismo, cuando en realidad lo que hace este grupo de países es encubrirlo para que las metrópolis sigan explotando y destruyendo a los pueblos sometidos a esos regímenes. En nuestro caso, el de Puerto Rico, los Estados Unidos compran a la mayoría de los gobiernos que integran este corrupto comité para que nunca se logre resolver efectivamente nuestra situación colonial. La mayor parte de los países que integran este comité son una vergüenza y no debieran formar parte del mismo porque están vendidos por los favores que les hace Estados Unidos. Valga mencionar solamente el reciente caso de los pueblos del Sahel: Níger, Burkina Faso y Mali, quienes han iniciado una auténtica revolución para ponerle fin al neocolonialismo impuesto por Francia sobre sus respectivas economías, y recuperar totalmente su soberanía y fuentes de vida.
Con relación al asunto de las reparaciones económicas que nos debe Estados Unidos, tengo que mencionar el hecho de que hace un par de años integramos una Comisión de Reparaciones de Puerto Rico para exigirle al gobierno de ese país que nos retribuya la deuda que tiene con nuestro pueblo debido al hecho de que nos ha mantenido como colonia desde su invasión militar ilegal el 25 de julio de 1898 hasta el presente. Durante más de 126 años, ese gobierno extranjero nos ha sometido a un régimen de explotación colonial por el que nos debe una cantidad considerable de dinero. En 2017 le solicité al Dr. José Israel Alameda, Catedrático del Departamento de Economía del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, en mi calidad de presidente del gobierno originario del Estado Nacional Soberano de Borinken, que hiciera un análisis sobre este tema y su estudio reflejó que el gobierno estadounidense le debe al pueblo de Puerto Rico la cantidad de más de seis trillones de dólares (en inglés), seis billones en español, es decir: $6,106,579,641,085.00. (Véase: “The Socio-Economic Cost of Colonialism in Puerto Rico from 1898 to the Present: What the United States Owes Us.”*). (*Este estudio fue realizado por el Dr. José Israel Alameda a petición del gobierno de facto del Estado Nacional Soberano de Borinken, tras el paso del Huracán María, 2017.)
Esta deuda es solamente como consecuencia de los daños económicos causados por el colonialismo. La otra parte de la deuda, que supera esa cantidad, es la que se relaciona con los efectos sociales, psicológicos, emocionales y culturales provocados por el sometimiento jurídico-político que el gobierno de los Estados Unidos ha generado en contra de nuestra gente. Sobre este tema se ha escrito mucho, desde Frantz Fanon en su libro Los condenados de la Tierra, hasta Albert Memmi en su Retrato del colonizado y muchos otros, los efectos psicológicos dañinos que el coloniaje provoca en la mente del colonizado, ya están bien identificados desde el punto de vista clínico. Por su parte, el jurista Antonio Augusto Cançado Trindade y exjuez del Tribunal Internacional de Justicia, señala, entre otras cosas, con relación a los daños morales o psicológicos provocados por los perpetradores de la situación ilegal, es decir, el colonialismo que: “Los conceptos jurídicos, como entrañan valores, son producto de su tiempo y están abiertos al cambio progresivo. Con la formación del corpus iuris del derecho internacional de los derechos humanos se hizo más claro que la determinación de las reparaciones debe tener en cuenta la integridad de la personalidad de la víctima [o víctimas], (…) De ahí la importancia de la restitutio in integrum (no siempre posible), dada la manifiesta insuficiencia de las indemnizaciones (por daño material). Para Cançado, los daños psicológicos y emocionales provocados por el colonialismo superan por mucho la cuantía de la deuda económica. De modo que, en nuestro caso, la cantidad que el gobierno de los Estados Unidos le debe a nuestro pueblo sobrepasa los 12 trillones de dólares (12 billones en español), es decir: $12,000,000,000,000.00. Desafortunadamente, la Comisión de Reparaciones cesó sus funciones debido a la falta de apoyo del pueblo, quien nunca ha entendido este asunto de forma apropiada, debido, precisamente, a los efectos disuasorios del imperio sobre nuestro país.
– WRS – ¿Qué relación, si alguna, ves entre la migración de los puertorriqueños a los Estados Unidos y las innumerables oportunidades desarrolladas por el Congreso de los Estados Unidos para que las corporaciones estadounidenses exploten a Puerto Rico?
– RND – Existe una grave contradicción entre la emigración a la que han tenido que recurrir, de manera forzada, más de cinco millones de boricuas hacia los Estados Unidos y la explotación de la mano de obra barata que las corporaciones de ese país llevan a cabo en Puerto Rico. Lo primero que es necesario entender es que el colonialismo se basa en la superexplotación de los pueblos que son sometidos a este tipo de regímenes. Desde su invasión ilegal y ocupación militar beligerante a nuestra patria en 1898, los Estados Unidos impusieron leyes para el beneficio exclusivo de los capitales corporativos de ese país sobre nuestra economía. De hecho, una de las primeras cosas que hizo ese gobierno extranjero fue devaluar el peso puertorriqueño en un 40%, que en aquel momento histórico estaba en paridad con el dólar. Con la firma de ese decreto presidencial, la economía de nuestra gente perdió casi la mitad de su valor total. Esto abrió el camino para que decenas de corporaciones estadounidenses invadieran nuestro país y se apoderaran de nuestra gestión productiva.
– WRS – ¿Cuál debería ser el rol de la academia y la sociedad civil puertorriqueña dentro de los Estados Unidos y Puerto Rico en la descolonización de Puerto Rico, si alguno? ¿Qué deberían hacer?
– RND – El primer problema que existe sobre el papel que debe jugar la academia dentro de los Estados Unidos y Puerto Rico con relación a la descolonización es que la función principal de esas instituciones es la de promover y mantener el colonialismo. Por lo tanto, no veo que ese tipo de estructuras educativas puedan contribuir de manera significativa a la descolonización, sino, todo lo contrario. Hay que entender que todas las universidades en Puerto Rico y en los Estados Unidos están controladas por fondos del gobierno federal y este les impone una serie de condiciones para la utilización de los mismos. Esto no quiere decir que dentro de esas estructuras no puedan darse movimientos minoritarios que generen algún tipo de acciones tendientes a la descolonización, pero siempre serán minoritarias y marginales. De modo que por esa vía, no creo que pueda lograrse mucho en ese aspecto. Esta situación la viví durante los 40 años en que fui profesor universitario en Puerto Rico. La academia, tanto en los Estados Unidos como en Puerto Rico, constituyen espacios cuya función principal es mantener y reproducir las ideas conservadoras y reaccionarias para sostener el dominio de la clase dominante sobre sus respectivos pueblos. Esto no era así hace 50 años atrás, pero el imperialismo aprendió su lección después de la derrota de la guerra de Vietnam y se dedicó a convertir a la academia y el sistema educativo en general en centros de propaganda conservadora. En este proyecto se destacó el gobierno de Ronald Reagan y la Heritage Foundation.
Un papel muy diferente es el que debería jugar la sociedad civil con relación a nuestro proceso de descolonización. Sin el apoyo activo y decidido de los movimientos sociales en ambos países, no es posible lograr la libertad de Puerto Rico. En este sentido, es de vital importancia generar actividades de educación y organización en el seno de ambas sociedades, encaminadas a desarrollar una amplia movilización capaz de exponer internacionalmente la gravedad que el colonialismo yanqui le ha causado a los puertorriqueños durante todas estas décadas de dominación imperial. Por ejemplo, durante aproximadamente dos décadas, de 1945 a 1965, el gobierno estadounidense, en complicidad con el colonial, implantaron un programa de esterilización masiva de cientos de miles de mujeres boricuas en edad reproductiva sin su conocimiento. Esto no es otra cosa que genocidio; lo único que aquí no se hizo con bombas como en Palestina, sino con bisturí en los hospitales, donde esas mujeres fueron internadas bajo engaño, premeditación y alevosía, para extirparles sus órganos reproductivos sin su consentimiento. En 1982 se produjo el documental La operación en el que se expone de manera contundente este proceso que se llevó a cabo en Puerto Rico. De esta forma, ambos gobiernos implantaron una política clandestina de control de población para evitar que nuestras mujeres siguieran pariendo y así tratar de evitar mayores problemas sociales debido a la presión que el crecimiento poblacional ejerce sobre los recursos públicos.
El mayor problema que existe con relación al papel que debe jugar la sociedad civil en ambos lugares es que el gobierno de los Estados Unidos ha logrado, de una manera muy efectiva, encubrir el colonialismo que le impone a Puerto Rico. Y esto lo ha hecho a través de varias formas, las que no es posible explicar aquí en su totalidad debido al limitado espacio. Sin embargo, la primera que utilizó el imperio para ocultar el colonialismo en Puerto Rico fue la imposición fraudulenta de la llamada constitución de 1952, a través de la que se estableció el mal llamado Estado Libre Asociado. La segunda fue la aprobación de la Resolución 748(VIII) en 1953 por la Asamblea General de la ONU. La tercera ha sido el apoyo masivo a los partidos políticos colonialistas como el Partido Popular Democrático y el Partido Nuevo Progresista, entre otros, quienes solo han servido para proteger los intereses yanquis en Puerto Rico. Y otra, no menos efectiva, ha sido una muy sabia y estructurada política de represión en contra de las fuerzas que promueven la independencia nacional. Esta última se inició desde la invasión de 1898 y ha continuado hasta el día de hoy. La Operación COINTELPRO, que desarrolló el Buró Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés), que en realidad es la GESTAPO yanqui, contra el movimiento independentista puertorriqueño en la década de 1960, todavía está vigente. Para quienes no la conocen, esta fue una táctica de guerra sucia que ese Buró puso en marcha para provocar la ruptura de las organizaciones revolucionarias a través de la propagación de innuendos, difamaciones y calumnias contra dirigentes independentistas con el propósito de desprestigiarlos. Muchos integrantes incautos de esos movimientos fueron utilizados como propagadores de esos chismes sin darse cuenta que estaban siendo, y aún son utilizados por esa agencia, para continuar difamando a dirigentes importantes de la lucha por la libertad. Esta política represiva creó una histeria colectiva dentro de todo el movimiento revolucionario que constituyó una de las causas fundamentales en el resquebrajamiento de muchas organizaciones. Todavía hoy día este fantasma sigue minando la posibilidad de una unión más efectiva de estas fuerzas y el FBI sigue relamiéndose por su triunfo.
– WRS – ¿Cómo el Comisionado Residente de Puerto Rico en el Congreso de los Estados Unidos y los congresistas de origen puertorriqueño podrían ayudar a resolver los problemas económico-sociales creados por la explotación de los Estados Unidos en Puerto Rico?
– RND – La primera cosa que tenemos que entender es que el llamado Comisionado Residente de Puerto Rico en el Congreso de los Estados Unidos es solamente un correveydile del Imperio Yanqui. Quienes han ocupado esa posición desde principios del siglo XX han sido marionetas colonialistas cuya función principal es defender los intereses estadounidenses en nuestro país. Así que no creo que este pueda ayudar en casi nada a resolver los graves problemas socio-económicos que tenemos. Aparte de hacer algunas gestiones para que el gobierno federal le asigne fondos a Puerto Rico, su aportación a la solución de la situación de explotación colonial es la de apoyo a esas políticas de robo y saqueo de nuestros recursos económicos. Sobre las congresistas de origen boricua ocurre algo similar. Puerto Rico no es una prioridad en la agenda del Imperio y, por lo tanto, esas personas carecen de la capacidad real de incidir de manera efectiva en la solución de nuestros problemas. Además, sus compromisos están mayormente dedicados a las comunidades a las que representan, hacia las cuales tienen la obligación primaria, no hacia nosotros. Hasta ahora, ninguna de estas personalidades ha hecho nada significativo por resolver el problema colonial que nos afecta. Solo aparecen de vez en cuando en la escena política y, mayormente, para complacer a sus constituyentes boricuas, ya sea del Bronx o Brooklyn. De esta manera aparentan que hacen algo por Puerto Rico, cuando, en realidad, no somos su prioridad.
– WRS – ¿Por qué los movimientos de estadidad no han sido capaces de confrontar al imperialismo estadounidense en Puerto Rico y los Estados Unidos? ¿Qué deberían hacer?
– RND – La respuesta a esta pregunta es obvia: porque son tan colonialistas como los llamados autonomistas, que solo buscan obtener dádivas del Imperio y, por lo tanto, su política es la del sometimiento y no la de la confrontación. Aquí es necesario entender que esas fuerzas representan a sectores económicos que son aliados de los Estados Unidos y cuyas actividades económicas están estrechamente vinculadas a la de ese país colonialista. De modo que esas fuerzas son, en primer lugar, pro-imperialistas y solamente buscan la manera en que el colonizador las integre totalmente a su economía. Podría asegurarse, sin lugar a equívocos, que quienes profesan la llamada “estadidad”, que no es otra cosa que la asimilación total de nuestra cultura a la yanqui, son los más abyectos colonialistas que existen en nuestro país. En cualquier otro lugar del mundo serían tomados por traidores y encarcelados por ese delito.
Además, este partido político está integrado por personas que ni se sienten ni son puertorriqueños. Son lo que aquí se conoce como pitiyanquis, es decir, yanquis pequeños. Por lo que su identidad cultural y psicológica depende de la aceptación que los verdaderos yanquis hagan de ellos. De modo que la psiquis de estos personeros está determinada por la sumisión y no por la confrontación en contra del imperio. Por otro lado, esos grupos asimilistas ya han logrado hacer un nicho de poder dentro del régimen colonial, muy estrechamente vinculado a la corrupción. Esto los mantiene más ocupados en continuar robándole al pueblo que a la promoción de su supuesto “ideal.”
– WRS – ¿Qué ha hecho, si algo, la presidencia de los Estados Unidos, y los dos partidos políticos dominantes dentro de los Estados Unidos, el demócrata y el republicano, para mitigar el desastre que ellos y los estadounidenses ayudaron a crear dentro de Puerto Rico?
– RND – Esta pregunta podría contestarse con una sola palabra: nada. Sin embargo, debido a que hay muchas personas que no conocen el caso colonial de Puerto Rico, es necesario ampliar un poco más. El colonialismo moderno, en su fase caribeña, fue inventado por los reyes católicos Fernando e Isabel y su acólito Cristóbal Colón. En su primera carta a los monarcas, luego de su regreso del primer viaje, Colón define de manera precisa lo que habrá de ser este sistema de explotación económica. Luego de describir la geografía y las poblaciones autóctonas isleñas, el intrépido pirata le dice a los reyes en relación a lo que será su aventura: “En conclusión, a hablar de esto solamente que se ha hecho en este viaje, que fue así de corrida, pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto hubieren menester, con muy poquita ayuda que Sus Altezas me darán.” Ahí se encuentra la síntesis de lo que ha sido el colonialismo desde ese entonces hasta nuestros días. Y esta frase contesta la pregunta que precede, pues ningún presidente de los Estados Unidos ni los partidos políticos metropolitanos han hecho nada significativo por nuestro país. No solo no han hecho nada ejemplar por mitigar el desastre que ellos mismos han generado, sino que más allá de eso, lo que hacen a diario es agravarlo. La crisis en la que se encuentra hoy día Puerto Rico, con la quiebra del gobierno colonial, es la muestra más fehaciente de esto que digo. Esta situación se ha agravado con la imposición de la Junta Dictatorial de Explotación Colonial establecida por ambos partidos, el demócrata y el republicano, bajo la presidencia del otrora nefasto Barack Obama. La deuda pública que sobrepasa los 75 mil millones de dólares, sin contar la del Sistema de Retiro y la quiebra de la Autoridad de Energía Eléctrica, entre otras corporaciones gubernamentales, es impagable. Esa deuda debe ser catalogada como “deuda odiosa” y quien debe asumirla es el gobierno de los Estados Unidos. Ahora, para colmo, la administración colonial pretende que seamos los consumidores de energía quienes paguemos por las pensiones de los trabajadores jubilados de la AEE a través de un impuesto adicional a la factura del servicio eléctrico.
– WRS – ¿Cuál sería la forma de que los puertorriqueños rompan con este ciclo de abuso del colonialismo estadounidense dentro de Puerto Rico? ¿Debería Puerto Rico y los puertorriqueños ser reparados económicamente por Estados Unidos?
– RND – Romper con el régimen colonial en Puerto Rico es algo altamente complicado. No ha sido ni es nada sencillo. Desde los tiempos de don Pedro Albizu Campos hasta el presente se han realizado diferentes formas de resistencia contra el Imperio, desde la insurrección armada hasta las elecciones coloniales y los plebiscitos. Todas y cada una de ellas ha fracasado, aun cuando han dejado huellas importantes en nuestra historia y, sobre todo, enseñanzas de qué no tenemos que hacer. Nadie puede negar el impacto de la revuelta nacionalista de 1950 y todas las acciones de lucha armada que don Pedro realizó contra los Estados Unidos, incluyendo el intento de ajusticiamiento del presidente Truman en octubre de ese año y el ataque al Congreso en 1954. Gracias a esas luchas, hoy día hablamos español y nuestra cultura boricua sigue vigente, aunque muy golpeada por la intervención del inglés y la cultura anglosajona. Sin embargo, tenemos que reconocer que el camino de la guerra no es el más adecuado para lograr nuestra liberación nacional. Las elecciones y los plebiscitos tampoco han servido de mucho, ya que ambas formas están controladas por los partidos coloniales. Todos esos partidos que participan en esos procesos están inhabilitados para acabar con el colonialismo, pues -sin excepción- solo aspiran a administrar la colonia.
A nuestro modo de ver, solo existe una forma para ponerle fin al abuso colonialista que nos han impuesto los Estados Unidos. Sobre este particular hemos tenido dos experiencias muy aleccionadoras: 1. La lucha contra la Marina de los Estados Unidos en Vieques, y 2. El verano caliente de 2019, donde el pueblo expulsó al entonces gobernador corrupto Ricardo Rosselló de manera masiva. Desafortunadamente, en ambos casos, esos procesos de protesta fueron atajados y neutralizados por las fuerzas aliadas del imperio y por este mismo. Estos dos movimientos no lograron trascender por razones muy complejas que no pueden ser explicadas en este espacio limitado. Lo lógico hubiese sido que tanto en el primero, así como en el segundo, la militancia pudo haber logrado el fin del colonialismo, pero carecieron de una dirección revolucionaria que encabezara ambos procesos. Quienes se pusieron, de manera fraudulenta, al frente de ambos movimientos fueron dirigentes espurios que carecían de la voluntad de lograr la liberación nacional definitiva. En el caso de Vieques fueron los religiosos y los políticos de turno y en el segundo unos artistas que nada saben de procesos de descolonización.
Ahora, la crisis colonial tiene otro sentido mucho más profundo. Ya no se trata de sacar a la Marina de Vieques o de expulsar a un gobernante corrupto. Hoy la crisis es mucho más grave, pues involucra la quiebra total del País, la caducidad del régimen colonial que ya no sirve, el aumento desmedido de la corrupción, la destrucción del ambiente, la emigración masiva de la juventud hacia los Estados Unidos y el decrecimiento de la población, que es un problema muy serio. También, el fracaso de las agencias federales y coloniales con relación a la criminalidad, que ya constituye una seria amenaza a la seguridad ciudadana, no solo por la falta de recursos, sino, sobre todo, por la elevada corrupción que afecta a todo el sistema de impartición de justicia.
Ante toda esta debacle del sistema colonial, solo hay una forma de eliminarlo y establecer una nueva sociedad y un nuevo sistema político, y esto únicamente puede lograrse mediante la construcción de un nuevo movimiento de liberación nacional cuyo fundamento sea la resistencia civil pacífica. Pero esta fuerza tiene que ser creada fuera de las estructuras coloniales y establecer una estrategia de desafío constante en contra de las estructuras e instituciones que mantienen este régimen disfrazado. Por ejemplo, algunas de las acciones que este movimiento puede realizar son: tomar las oficinas de LUMA y mantenerlas cerradas por tiempo indefinido. Paralizar el país mediante el bloqueo de calles y avenidas. Tomar la Universidad de Puerto Rico y expulsar a su administración, pero mantenerla funcionando bajo una administración integrada por estudiantes, docentes y empleados. Evitar que la Junta de Control Fiscal pueda seguir operando en nuestro territorio. Tomar pacíficamente las alcaldías de Rincón y Cabo Rojo y expulsar a sus respectivos alcaldes, y promover actividades en esos municipios de autogestión ciudadana para imponer restricciones a los desarrolladores que eviten el avance de esos proyectos destructivos. Todo esto puede hacerse a través de la convocatoria al pueblo para establecer asambleas ciudadanas que asuman el control y la administración de esos municipios. Existen muchas otras formas de ejecutar acciones de resistencia civil pacífica, las cuales deben ser creativas y realizadas en su momento por quienes lleven a cabo las mismas. Todo esto está debidamente explicado en mi libro Pequeño manual de resistencia civil pacífica, publicado por la Editorial Borikén en 2019.
Ya señalé con antelación que el gobierno de los Estados Unidos tiene la obligación de pagar reparaciones a nuestro pueblo y la cantidad por todas las violaciones a las que hemos sido sometidos es enorme.
– WRS – El economista francés Thomas Piketty considera que Francia debería reparar en más de 28 mil millones de dólares americanos a Haití. ¿En cuánto debería Estados Unidos reparar económicamente a Puerto Rico y a los puertorriqueños?
– RND – Aun cuando ya cité el estudio del Dr. José Israel Alameda sobre lo que los Estados Unidos nos deben debido al colonialismo, lo volveré a decir. La cantidad de dinero que ese gobierno usurpador le debe al pueblo de Puerto Rico sobrepasa los 12 trillones de dólares (12 billones en español). En la medida en que su dominación y explotación colonial continúe, esa deuda seguirá aumentando. El problema que existe con relación a esta deuda es que, en general, el movimiento independentista está totalmente desenfocado de esta realidad y no se ocupa de la misma. En cambio, en los Estados Unidos, los descendientes de esclavos han llevado varios casos en los tribunales que han ganado y existe un fuerte movimiento de reparaciones que le está exigiendo al gobierno federal la paga de 14 trillones de dólares (14 billones en español), en reparaciones. Ellos plantean que la causa principal de la pobreza y marginación de la población negra cuyos antepasados fueron esclavizados es, precisamente, esa: la esclavitud. Esto es igual para nosotros porque el colonialismo es una forma de esclavitud. Hoy día los países que integran el CARICOM tienen una demanda que está activa contra España, Inglaterra, Holanda, Francia y Portugal por esta misma causa. Pero aquí en nuestro país, la enajenación del movimiento independentista en general es tan grande que han despreciado esta línea de acción.
En nuestro caso, lo que procede es incoar una demanda contra España y los Estados Unidos, ya sea contra ambos gobiernos juntos o separados, para obligarlos a pagar reparaciones por todos los daños que ambos imperios le han ocasionado a nuestro pueblo. No obstante, no hay ningún abogado interesado en llevar esta demanda porque la misma implica mucho tiempo y gastos.
– WRS – Muchos puertorriqueños viven en la diáspora, bien en Estados Unidos como fuera de los Estados Unidos. Otros puertorriqueños han sido y son partícipes del saqueo estadounidense dentro de Puerto Rico. Todos, los primeros y los segundos son estadounidenses. ¿Por qué deben ser o no ser recompensados? ¿Son todos los puertorriqueños sujetos coloniales a los que se les ha robado su futuro en su propia tierra? ¿Se les debe devolver su futuro estén donde estén, sean quienes sean?
– RND – Esta pregunta presenta varios aspectos muy complicados, por lo que no es fácil contestarla con argumentos simples. Sin embargo, trataré de ser lo más breve posible, aunque dé la impresión de no responder de manera profunda. En primer lugar, es necesario comprender que de los casi seis millones de boricuas que viven en otros países, la inmensa mayoría ha tenido que emigrar debido a la falta de oportunidades de trabajo que es una causa directa de la explotación colonial. Los puertorriqueños que han sido y son partícipes del saqueo colonial son parte de una proto-burguesía que desde los tiempos en que España era la metrópoli imperial, aspiró a convertirse en burguesía nacional puertorriqueña, pero nunca pudo. Estas ansias fueron las que lograron la Carta Autonómica de 1897, la cual se vio frustrada por la invasión yanqui el año siguiente. Con la entrada de las fuerzas invasoras estadounidenses y la imposición de las nuevas leyes imperiales, esa proto-burguesía fue prácticamente aniquilada. Hasta ahí llegaron sus sueños de llegar a constituirse en burguesía nacional criolla. Una vez consumado el asalto de nuestra economía por parte del Imperio del Norte, el remanente de esa proto-burguesía se vio obligado a convertirse en un apéndice del invasor. Y ese es el papel que juega hoy día en su mayoría. Pero, por otro lado, existe un sector bastante numeroso de la economía boricua que tiene grandes contradicciones con el Imperio y aun cuando no conforma una burguesía nacional criolla como tal, en la medida en que el régimen colonial se resquebraja, expresa sentimientos nacionalistas. La mayor evidencia de esto que digo puede verse en el elevado porcentaje que tuvo la alternativa de la independencia y la libre asociación en el pasado plebiscito. Si a estos números se le suma la mitad de las papeletas depositadas en blanco, cuya acción fue promovida equivocadamente por el Partido Independentista Puertorriqueño y el Movimiento Victoria Ciudadana, entonces el porcentaje que apoyó a la soberanía fue mayoritario. Y esto implica que detrás de esa fuerza política hay a su vez otra económica que la impulsa. La propia Cámara de Comercio de Puerto Rico mandó a hacer un estudio cuya conclusión, avalada por esa organización, es que lo que más le conviene al País es un tratado de libre asociación soberano.
Con relación a la afirmación que haces de que los puertorriqueños somos estadounidenses, eso es incorrecto. Nunca nuestra gente se ha considerado estadounidense. Muy por el contrario, nos consideramos boricuas. Otro asunto es que se nos impusiera la ciudadanía “americana” en 1917.
Es un hecho innegable que el colonialismo se basa en el saqueo de los pueblos que han sido sometidos a ese tipo de sistema. Para eso fue que se estableció desde el principio. La inmensa mayoría de los países que fueron sometidos al colonialismo poseen grandes riquezas que han sido esquilmadas por los imperios. En nuestro caso, por ejemplo, España nos robó alrededor de 50 toneladas de oro en el primer siglo de la colonización. Está comprobado por estudios del Servicio Geológico de los Estados Unidos que nuestra isla posee las segundas minas de cobre más grandes del mundo después de las de Chile. Asimismo, poseemos grandes yacimientos de oro, plata, níquel y otros minerales que dos compañías yanquis, la Kennecott y la Anaconda, trataron de explotar en la década de 1970, pero la lucha del pueblo por la defensa de esos recursos no lo permitió. De modo que, los países colonizados no son pobres, sino que han sido empobrecidos por el imperialismo. Y ese es nuestro caso.
Así que sí es cierto, el gobierno de Washington nos ha robado nuestro futuro y debe recompensarnos. Esas reparaciones deben ser tanto en metálico, así como en servicios. En el derecho capitalista existe el criterio de que cuando se ocasiona un daño, este debe ser retribuido monetariamente.
– WRS – Recientemente ha estado moviéndose un proyecto de Orden Ejecutiva para el reconocimiento de la soberanía de Puerto Rico por parte del Presidente de los Estados Unidos. ¿Qué le falta a ese proyecto de Orden Ejecutiva? ¿Qué defectos le ves a ese proyecto de Orden Ejecutiva? ¿Por qué los Estados Unidos merecen algo mejor? ¿Por qué Puerto Rico merece algo mejor?
– RND – Hasta donde yo sé, no existe un proyecto de orden ejecutiva de parte del presidente de los Estados Unidos para otorgarle la soberanía a Puerto Rico. Lo que sí se ha publicado es un borrador redactado por un grupo de buenos boricuas cuyo fin es que el presidente lo firme para iniciar ese proceso. Ese borrador pudo haber sido redactado con las mejores intenciones, pero hay un refrán que dice que: “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.” En términos generales, yo jamás hubiese formado parte de ese grupo de redactores, en un principio anónimos, pero que fueron expuestos por algún partícipe desconocido. He leído el documento y en realidad estoy en serios desacuerdos con el mismo.
En primer lugar, cualquier boricua que aspire a la soberanía nacional jamás debe iniciar la redacción de un documento, sin importar qué tipo sea, afirmando que Puerto Rico “es una posesión territorial” de los Estados Unidos. Cualquier compatriota que diga eso comete un acto de traición, pero la mentalidad colonizada es muy atrevida y, con tal de lograr un titular en la prensa, dice cualquier barbaridad. Al decir esa barbaridad, se adopta el lenguaje y la visión del colonizador, no de quien aspira a la liberación nacional. Puerto Rico no le pertenece a los Estados Unidos, nos pertenece a nosotros, los boricuas. El gobierno estadounidense lo que hizo fue usurpar nuestro territorio. Ni siquiera cuenta con un título de propiedad lícito y genuino, pues el Tratado de París de 1898 es nulo ab initio.
La segunda oración es todavía peor. Decir que los Estados Unidos ha cargado el peso económico de tener que apoyar un sistema territorial ineficiente, es no solo incorrecto desde el punto de vista histórico, sino además una adulación al imperio que nos ha explotado de manera inmisericorde por más de un siglo. Tampoco es cierto que nosotros dependemos de fondos federales que han drenado los recursos de los Estados Unidos. Las ganancias que las empresas yanquis sacan anualmente de nuestro país sobrepasan por mucho la “ayuda” que ellos le dan al gobierno colonial. Esa “ayuda” se da con el propósito de viabilizar el saqueo de nuestros recursos. Si no dan fondos para construir carreteras, es para que le compremos vehículos, gasolina, gomas, aceite, piezas, etc. Si nos dan “ayuda” para “salud”, es para que le compremos medicinas, equipos médicos y todo lo relacionado con esa industria, que es multimillonaria. Y así sucesivamente. No hay tal cosa como un almuerzo gratis.
Si se acepta ese tipo de acuerdo, entonces perderemos el derecho a demandar reparaciones. Ese tipo de proyecto es realmente improcedente. ¿Cómo es posible que un pequeño grupo de intelectuales trasnochados se atrevan a hacer semejante disparate para concederle al gobierno de los Estados Unidos librarse del pago de más de 12 trillones de dólares en deuda que tienen con nosotros? Este grupo de puertorriqueños cuasi anónimos está jugando un juego sumamente peligroso en contra de los mejores intereses de nuestra patria. Sobre todo, ahora cuando la conciencia de nuestra gente ha comenzado a entender la necesidad de la independencia. Claro que no todas las cosas que contiene el documento son malas. Lo terrible es que fue fraguado a espaldas del pueblo.
En este momento histórico, lo que entiendo que debe hacerse es convocar a una asamblea constituyente ciudadana para dilucidar todo este asunto del colonialismo. Una vez la Constituyente Ciudadana declare la soberanía de manera unilateral, y se establezca un nuevo gobierno nacional, entonces, y solo entonces, se deberá dar inicio a un proceso de negociaciones con el Imperio. Este documento lo que hace es poner la carreta delante de los bueyes, o de los caballos, como dicen en otros lugares. Es un error estratégico garrafal y si se continúa por ese camino nos pasará lo de siempre: seremos víctimas del timo y el engaño. Para negociar con cualquier adversario poderoso se necesita fuerza, y esa fuerza tenemos que organizarla antes de comenzar a negociar un proceso de independencia. Aquí vale la pena recordar aquel hecho histórico que ocurrió en la Conferencia de Yalta, cuando los aliados Churchill, Roosevelt y Stalin se reunieron para repartirse el mundo de la posguerra. Ante la propuesta de los representantes de Occidente para que el Papa formara parte del cónclave, José Stalin les preguntó: “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?” Una división equivale a quince mil soldados. Hasta ahí llegó la propuesta de Roosevelt y Churchill.
Wilkins Román Samot, Doctor de la Universidad de Salamanca, donde realizó estudios avanzados en Antropología Social y Derecho Constitucional.
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