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República Dominicana

Por crónicas de rebeldía más allá del 5 de abril

Fuentes: Rebelión

“El puro y desadaptado que choca con el mundo de las farsas y de las apañucias”. Con la frase que precede, ¿acaso no adelantó César Vallejo la descripción de uno o de cada uno de los tres periodistas asesinados a finales de marzo en El Líbano por fuerzas israelíes?

El 5 de abril es Día Nacional del Periodista. La conmemoración no traspasa los límites de República Dominicana (es el aniversario de la fundación, en 1821, del primer periódico dominicano, El Telégrafo Constitucional). Lo que trasciende a toda frontera es la necesidad de asociar el ejercicio a la lucha por el derecho a hablar de futuro.

El poder que mató a los tres periodistas libaneses es el mismo que hizo pagar con encierro y merma en su salud y en su calidad de vida la denuncia por parte de Julian Assange, el creador de la organización Wikileaks el acto de denunciar la corrupción y el servilismo de encumbrados dirigentes de la politiquería internacional y de hacer visibles prácticas sistémicas como la creación y el uso de paraísos fiscales, el pago por delación y la imposición de premio y castigo.

Ese sucio ejercicio es el que manipula los medios de comunicación controlados por corporaciones y se encarga hoy en día de mantener en lugar destacado en las redes sociales el contenido basura.

En República Dominicana, la clase dominante, encargada de coordinar la sumisión, ha utilizado los medios corporativos para disfrazar la dependencia y presentar como necesario el entreguismo.

El ejercicio de manipulación de la opinión pública que durante la ocupación de 1965 se realizaba desde la estación de radio y de televisión oficial y mediante las transmisiones especiales de La Voz de los Estados Unidos, hoy se realiza en forma continuada, utilizando medios con mayores recursos tecnológicos y aprovechando la capacidad de reproducción de las redes sociales.

Han aumentado los recursos materiales y la forma de realizar el trabajo, pero es imposible ocultar las manos directoras. Candidatos y precandidatos a la Presidencia y dirigentes de los mal llamados partidos del sistema electoral (hay que decir que son asociaciones de saqueadores) hacen acto de presencia y manifiestan apoyo a medios y a opinadores que utilizan palabras soeces, difunden antivalores y se ocupan de presentar como ridícula la honradez y como desfase el apego a los principios. A ese coro se une (lo ha hecho en otras coyunturas en décadas anteriores) la embajada de Estados Unidos.

Desde el gobierno de Barack Obama a la fecha el activismo de la embajada de Estados Unidos en ese sentido ha sido creciente (por lo menos en notoriedad).

Raúl H. Yzaguirre, quien estuvo en el país entre los años 2010 y 2013 mantuvo en el diario El Nacional una columna aparentemente neutral (defendía el servilismo con traje de neutrón) pero cargada de elogios al servilismo.

La gestión de James Walter Brewster Jr., Wally Brewster, activista gay, estuvo marcada por la fuerte presencia en los medios del embajador y de su esposo (Bob Satawake) en un aparente ejercicio de inclusión y de respeto a la diversidad (aparente, porque, en realidad, defendieron la compra y venta de favores sexuales).

La actual embajadora, Leah Francis Campos, antiaborto y dispuesta a convertir en centros confesionales las escuelas, posa junto a directores de plataformas para la difusión de contenido basura (sin importar que no sean nada santas sus expresiones y que hagan espectáculo a partir de la prostitución del cuerpo y de las ideas).

John Bartlow Martin (ocupante del asiento principal en la embajada cuando Estados Unidos, la jerarquía católica y la parte rancia de la oligarquía dominicana derrocaron el gobierno constitucional encabezado por Juan Bosch), y William Tapley Bennet, quien sustituyó a Martin, hicieron el mismo papel desde los medios de entonces.

La católica Campos estimula ahora pronunciamientos contra el avance político (como somos conservadores, somos de derecha o es anticuado ser de izquierda), alimenta el discurso contra las personas migrantes y fomenta los pronunciamientos a favor del uso de la recolonización de Venezuela, de la agresión contra Cuba, de los bombardeos contra Irán y de la siembra de gobiernos de derecha en América Latina.

Agente es del colonialismo y del sometimiento como John Bartlow Martin y como William Tapley Bennet, pero vive en otra época, que es la del monstruo agonizante dando coletazos terribles con Donald Trump y Marco Rubio como caras visibles. Ella perteneció a la Agencia Central de Inteligencia, CIA, y no puede ser vista como exagente.

A comunicadores formados en el espectáculo politiquero y que no tienen compromiso alguno con el futuro, no les importa presentarse como apañadores o partidarios abiertos del genocidio en Gaza y de los bombardeos contra El Líbano. La elección entre defender el derecho a existir de niños, niñas, mujeres y hombres que tienen la condición de civiles y lucrar con la defensa del invasor, para ellos no está en discusión.

La conmemoración del Día Nacional del Periodista en República Dominicana es ocasión para destacar el compromiso… En memoria de quienes cayeron por decir la verdad (casos Guido Gil y Orlando Martínez, militantes de izquierda y defensores de la soberanía)… En tributo a la verdad misma… En nombre del compromiso de transformar el presente y construir un hermoso futuro.

Es inmoral la autocensura de quienes presentan como paladines de la libertad de prensa a dueños de medios que ejercen la censura para disfrazar lo que es cierto y que no rechazan la imposición cuando es suficientemente poderosa la mano que la realiza; dueños de medios que defienden sus corporaciones y privilegian a sus socios, aunque para ello tengan que prohibir ciertas firmas en las páginas de sus diarios y ciertas imágenes en sus plantas televisoras.

«Ser un empleado de un medio para contar la verdad del dueño en lugar de la tuya, es algo terrible», declaró el periodista español Luis del Olmo Marote. Rodolfo Walsh, periodista y escritor argentino asesinado en 1977, sostuvo que «el periodismo es libre o es una farsa». Hay que decir que la autocensura con el fin de mantener la inserción en los medios corporativos y la confianza de los poderosos es la renuncia al privilegio que señalaba Gabriel García Márquez, el de cambiar algo todos los días.

La caverna política se ocupa de aplicar la pena de muerte cuando lo entiende necesario, pero los propietarios de medios y los directivos a su servicio y en su representación empresarial se encargan de proscribir a quienes no obedecen, a quienes se niegan a defender intereses empresariales que son contrarios a los intereses de las mayorías.

Al hablar sobre la moral social, el insigne educador Eugenio María de Hostos, hace más de un siglo, destacaba la exposición del periodismo a una inmoralidad involuntaria y a otra voluntaria. La involuntaria la definía como la oposición a la verdad y a la justicia por dictado del fanatismo y la involuntaria como la venta de lo que se piensa, práctica que, a su decir convierte el sacerdocio (que es el periodismo) en infame granjería.

Los medios financiados y sostenidos por el sistema disfrazan el abuso y la injusticia y pretenden disfrazarse de tribunas de la verdad, pero a ellos y a sus sustentadores el disfraz los cubre cada día menos… Y les dejará el rostro descubierto cuando el compromiso con la verdad y la rebeldía sean reconocidos como sinónimos totales.

La llegada del 5 de abril también es ocasión propicia para decir a quienes han prostituido tan digno ejercicio al convertirse en aduladores del poder y servir a la clase dominante a cambio de privilegios y de dinero, que la fuerza de los pueblos los ha condenado a rendir cuentas y tendrán que hacerlo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.