Daniel Campione

Artículos

La ofensiva del capital sobre el trabajo encarnada por el proyecto en curso de reforma laboral abre un horizonte de confrontaciones que puede ser decisivo para el futuro cercano de la clase obrera argentina. Nada está decidido todavía.

Acaba de efectuarse la reedición de una obra que busca hacer el balance de cuatro décadas de retorno al orden constitucional en Argentina. El autor mira el presente con una perspectiva sombría que quizás corresponde al naufragio de toda una visión del mundo. Y al surgimiento de nuevos antagonismos que marcarán el futuro cercano.

Se ha vuelto habitual la aseveración de que el actual oficialismo “no tiene nada enfrente”. El diagnóstico es concluyente. No hay una oposición dinámica, con ideas renovadas y proyectos atractivos para el conjunto de la sociedad. Un análisis objetivo de la situación lleva a matizarlo. Al menos como perspectiva que asoma en el horizonte.

El llamado “rey emérito” de España, a más de diez años de su abdicación, privado de cualquier función oficial y expatriado en Emiratos Árabes Unidos intenta en sus memorias la defensa de su rol como soberano español, el sitial al que llegó por la voluntad exclusiva del dictador Francisco Franco.

La media sanción de la reforma laboral regresiva apunta hacia un triunfo histórico de la clase de los capitalistas. No sólo del gobierno. Sería en vano e incluso perjudicial tratar de menoscabar esa victoria. Peor todavía si se optara por la negación. Sí se impone evaluar las alternativas que se abren.

El 6 de febrero se cumplió el 124º aniversario del nacimiento de quien fuera un intelectual militante de la revolución y un estudioso de la historia argentina y latinoamericana.

La del título es una de las frases más escuchadas en la Argentina de estos tiempos. Oficia como respuesta o comentario a las más variadas cuestiones.

A partir del 18 de julio de 1936 un intento contrarrevolucionario parcialmente fracasado en España tuvo la paradójica aptitud de desatar lo que su consumación quiso evitar: Una revolución.

No contento con el ataque armado a Venezuela y el intento de intimidación de otros países de la región que procuran algún grado de autonomía frente al poder imperial ahora los brulotes del presidente de Estados Unidos se han dirigido sobre todo contra Cuba. Se impone contrarrestar cualquier propósito de agresión.

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