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Las últimas semanas han sido jalonadas por varios reveses y clarísimos desaciertos del gobierno argentino. Las denuncias de corrupción ocupan un lugar relevante. Su prestigio aparece en baja y el descontento social da señales de ascenso.
Las marchas y actos en conmemoración del inicio de la última dictadura este 24 de marzo marcaron un jalón en el volumen y alcance de la movilización popular. Allí se conjugaron dos elementos interdependientes: El repudio a la dictadura y la reivindicación de los 30.000 desaparecidos en primer lugar. Y con potencia nada desdeñable, el rechazo a la política del actual gobierno.
En un libro reciente se evalúa desde distintos ángulos a la sombra ominosa que se extiende sobre el mundo. Contiene un esfuerzo intelectual que deriva en un posicionamiento político. El de combate contra las nuevas formas de autoritarismo que respaldan los impulsos destructivos del capitalismo actual
Hoy estamos ante una instancia histórica más de aplicación del programa económico, social, político y cultural que instauró la dictadura iniciada en 1976.
Donald Trump ha reiterado que tiene a Cuba en la mira. Emitió nuevos presagios de que la caída de la isla es “solo cuestión de tiempo”. Es indispensable la pregunta sobre qué se puede hacer para evitarlo. Y la decisión de llevarlo a cabo.
El oficialismo cerró en el senado el proceso de aprobación de la mal llamada “modernización laboral”. Pretende sellar así un cambio de época, el ocaso de todo un tiempo histórico de derechos laborales y poderío sindical.
Durante una entrevista con el podcast “La Fábrica”, Mauricio Macri afirmó que “un pobre de hoy vive igual o mejor que casi un rey de hace cien años, porque tiene cloaca, tiene agua corriente, tiene acceso al transporte público y a la educación pública. O sea, en los lugares donde las cosas funcionan”.
La ofensiva del capital sobre el trabajo encarnada por el proyecto en curso de reforma laboral abre un horizonte de confrontaciones que puede ser decisivo para el futuro cercano de la clase obrera argentina. Nada está decidido todavía.
Acaba de efectuarse la reedición de una obra que busca hacer el balance de cuatro décadas de retorno al orden constitucional en Argentina. El autor mira el presente con una perspectiva sombría que quizás corresponde al naufragio de toda una visión del mundo. Y al surgimiento de nuevos antagonismos que marcarán el futuro cercano.


