Artículos
Desde el inicio de su segundo mandato, Donald Trump está redefiniendo la estrategia internacional de Estados Unidos según una lógica brutal de relaciones de poder entre grandes potencias. Al tiempo que multiplica las políticas agresivas en Oriente Medio y en las Américas, su administración ha emprendido un reposicionamiento estratégico frente a Rusia.
Durante casi tres décadas, Washington consideró a China como un socio económico indispensable del que se beneficiaba y que estaba llamado a prosperar dentro del orden capitalista internacional dominado por Estados Unidos.


