Felipe Portales

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Leyendo el excelente libro de Martín Correa Cabrera: “La historia del despojo. El origen de la propiedad particular en el territorio mapuche” (Pehuén y Ceibo; Santiago; 2021), me ha impactado especialmente una particular coincidencia.

Es decir, desde el solapado regalo de la mayoría parlamentaria a la derecha en 1989, al actual “triunfo” de la “centro-izquierda” en el reciente plebiscito de diciembre de 2023; podemos constatar por qué ¡las seis elecciones de presidentes proclamadamente de centro-izquierda en Chile han significado un verdadero y sistemático fraude a la sociedad chilena!, ya que sus vencedores terminaron legitimando y consolidando (pese a todas sus fisuras) el modelo extremadamente neoliberal impuesto a sangre y fuego por la dictadura, con sus privatizaciones a favor de grandes grupos económicos; Plan Laboral; AFP; Isapres; ley minera que ha desnacionalizado más del 70% del cobre; sistema tributario que permite la “elusión” de los más ricos; universidades privadas con fines de lucro; irrelevancia de sindicatos, juntas de vecinos y cooperativas; inserción solitaria y subordinada de Chile a la globalización neoliberal; etc. etc.

Es sí importante tener en cuenta que, a diferencia de la generalidad de los demás países latinoamericanos en que hay muchos políticos y sindicalistas multimillonarios, en Chile las colusiones entre empresarios y políticos son muy desproporcionadamente favorables a los primeros. Y otra diferencia relevante que hace mucho menos percibida la corrupción de nuestra sociedad –tanto hacia nosotros mismos como al resto del mundo- es su carácter estructural, sofisticado y que se produce fundamentalmente en el comportamiento de sus elites y a espaldas de la población. Pero, en definitiva, esto la hace todavía más grave que en el resto de América Latina.

En efecto, el “dilema” para el pueblo chileno en el plebiscito de diciembre próximo será aprobar un texto constitucional más derechista todavía que el actual; o, si lo rechaza, ¡mantener el texto actual impuesto en 1980 por Pinochet y asumido –con algunas reformas- por Lagos y la Concertación en 2005!

Y las expectativas de sustitución del modelo neoliberal que surgieron con la “revuelta” o “estallido social” de octubre de 2019 se vieron neutralizadas con los maquiavélicos acuerdos establecidos entre la derecha y la ex Concertación (a los que se subordinaron el Frente Amplio y el PC…) para generar sucedáneos de asambleas constituyentes.

Además, Patricio Aylwin consideró positivo para el país ¡la permanencia de Pinochet como comandante en jefe del Ejército (virtualmente autónomo) hasta 1998!

En los últimos años se ha generalizado en nuestro país el mito de que las nuevas Constituciones generan cambios políticos y sociales de envergadura, cuando es al revés: son los cambios políticos y sociales de envergadura los que generan nuevas Constituciones. Y cuando dichos cambios van en beneficio de una minoría son habitualmente impuestos por la violencia y consagrados en Constituciones no democráticas.

El “proceso constituyente” que se desarrolla en nuestro país no puede ser más contrario a los ideales democráticos y a las prácticas generalizadas en el mundo de elaborar constituciones a través de asambleas constituyentes

Hace mucho tiempo que la FIFA se ha ido convirtiendo en sinónimo de corrupción. Pero lo que se ha visto con el actual mundial de fútbol en Catar ha rebasado todos los límites.

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