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Si bien el lugar común nunca deja de ser una muleta de acceso fácil, también siempre es una certeza, y en este caso inapelable: No importa cuándo usted esté leyendo esto o haciendo cualquier otra cosa: Israel está matando.
El lunes 7 de octubre coinciden en cumplirse un año de la Operación Tormenta de al-Aqsa y una semana de la invasión sionista a Líbano; ambas fechas están medularmente vinculadas. Aunque habría que ser un experto en mancias para concluir si el primero de octubre de 2024 hubiera existido sin el 7 de octubre del 2023.
La lógica política del régimen sionista, que desde hace más de 70 años ocupa Palestina, ha sido desde el primer momento sinónimo de aniquilamiento: bombardeos, asesinatos, invasiones, usurpación y un largo etcétera que el mundo, incluso la comunidad árabe-musulmana, a excepción de algunos momentos históricos y algunas fuerzas de resistencia, le han tolerado.
A poco de cumplirse un año de la Operación tormenta de Al-Aqsa recordamos la rápida reacción del régimen sionista, que no solo le permitió demoler Gaza y exterminar Cisjordania, sino además ahora avanzar hacia la conquista del Líbano.
A toda velocidad Egipto se aproxima a un conflicto armado con Etiopia, el que desde hace mese, tras diferentes cruces diplomáticos, parece estar buscando el punto de inicio.
No deja de ser muy llamativo que a pocas horas del debate presidencial entre Kamala Harris y Donald Trump, en el que claramente el expresidente fue golpeado por la actual vicepresidenta, se haya abortado un nuevo atentado contra Trump.
El primero de septiembre último la matanza en la prisión de Makala (carbón en suajili), ha vuelto a poner en foco el trágico sistema carcelario de la República Democrática del Congo (RDC), prácticamente igual al de la mayoría de las cárceles del continente.


