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Las fuerzas políticas que valoran la solidaridad humana y el pensamiento crítico quedan azoradas al ver que muchos jóvenes, considerados a priori adalides de la rebelión e impulsores de nuevos imaginarios, se manifiestan en la escena pública adhiriendo a consignas retrógradas o abiertamente fascistas.
A fin de desplazar la influencia de aquellas fuerzas prehistóricas que dificultan el surgimiento del mundo del futuro, es preciso ir todavía más allá y abrazar la no violencia como actitud de vida cotidiana y permanente.
En la reciente VII Cumbre de Jefes y Jefas de Estado de la CELAC realizada en Buenos Aires, Ralph Gonsalves, primer ministro de San Vicente y Las Granadinas, fue electo para liderar la Presidencia Pro-Témpore durante 2023.
En el año que se va, en términos electorales, lo sobresaliente han sido los triunfos de las fuerzas progresistas en Colombia y Brasil, llevando a la presidencia a Gustavo Petro y por tercera vez, a Lula da Silva, luego de la persecución judicial encarnizada de la que fue objeto.
Repetir la consigna de que sufrir es connatural de la vida representa una afrenta a la posibilidad de transformar las condiciones dadas, de rebelarnos ante la naturalización de preceptos heredados que en nada ayudan a mejorar nuestras vidas y la de nuestros pueblos.
Cada vez que un gobierno actúa para reducir las flagrantes injusticias o para aumentar la capacidad de soberanía de su pueblo, el poder dominante –extranjero y local- ajusta la mira para voltearlo, proscribiendo, enviando al exilio o eliminando físicamente a sus líderes.


