Matías Strasorier

Artículos

Nuestra Argentina, mal que nos pese, presenta un desarrollo desigual. No hace falta recorrer el interior de las provincias del noroeste, las que suelen tomarse como postal de la pobreza, apenas con andar las periferias de los cordones urbanos del Área Metropolitana de Buenos Aires las desigualdades saltan a la vistas.

En estos últimos días nos asombran en Argentina las imágenes de millones de hectáreas que arden, producto de un fuego descomunal que no para de arrasar con la flora y la fauna de nuestros bosques nativos, sierras y humedales. Y con ellos arde la vida.

La Revolución 4.0 y Argentina

La realidad transcurre de forma vertiginosa. La ciencia y el conocimiento son impulsores de transformaciones que pueden dar respuestas a los grandes males que aquejan a nuestras sociedades, o bien pueden agudizarlos generando mayor sometimiento al 99% de la humanidad, y más destrucción de la naturaleza.

La digitalización de muchas de las actividades productivas, trastocó el “tiempo”, haciendo que las horas de trabajo se reduzcan a minutos y las distancias pasen desde la cama a la sala.

La pandemia global expuso un sistema cuya “normalidad” llevó a que 265 millones de personas quden en riesgo de hambruna y que cada día 800 millones se vayan a dormir con hambre. Una “normalidad» donde Naciones Unidas denuncia el agotamiento del planeta para 2050 y la concentración de las riquezas quedan en manos del 1% de la población.

El Covid-19 reconfigura los modelos productivos. El sector agroalimentario argentino no resulta ajeno y como tal la digitalización y conectividad son fundamentales para construir la Nueva Ruralidad.