No sólo mata el supremacismo fanático. No sólo mata el fundamentalismo genocida. También mata la inanición complacida del “colonialismo moderado” que expresa preocupación, consternación o indignación ante cada empujón de esa maquinaria industrial de muerte que él mismo y sus feligreses, dando al axioma “económico” una prioridad incuestionable sobre la vida, han contribuido a crear. Y a tenor de las consecuencias globales, a esas dos posiciones las une mucho más de lo que las separa. Qué gran ejemplo de todo eso nos muestra la universidad actual, desgraciadamente.

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El Gabinete de Benjamin Netanyahu ha aprobado este domingo la designación de amplias zonas de la Cisjorndania ocupada como «propiedad» del Estado hebreo. Las autoridades palestinas han denunciado la «anexión de facto».

La justicia del Reino Unido echa por tierra la decisión del Gobierno por la que declaró “terrorista” al grupo, centrado en denunciar las exportaciones de armas de la industria británica al Estado de Israel durante el genocidio de Gaza.

Esta reforma laboral no busca equilibrio: busca disciplinamiento. Y lo hace con una premisa brutalmente honesta aunque mal disimulada: convertir al trabajador en una variable de ajuste y al empleo en una mercancía descartable.

Lo que hagan en Gaza, lo harán en tu casa

Liturgia, gobierno y dificultades del tiempo político

Juventud, militancia y la pregunta por el conflicto.

La media sanción de la reforma laboral regresiva apunta hacia un triunfo histórico de la clase de los capitalistas. No sólo del gobierno. Sería en vano e incluso perjudicial tratar de menoscabar esa victoria. Peor todavía si se optara por la negación. Sí se impone evaluar las alternativas que se abren.