Recomiendo:
0

El acuerdo militar entre Brasil y Estados Unidos significa un nuevo avance imperial

Fuentes: CEPRID

América Latina y el Caribe son las dos regiones subcontinentales más pacíficas del mundo. Los conflictos bélicos ocurridos en los siglos XIX y XX entre naciones hermanas fueron a parar al museo de la historia triste y descabellada. Las guerras de la independencia fueron guerras necesarias como necesarias son y serán las guerras de liberación […]

América Latina y el Caribe son las dos regiones subcontinentales más pacíficas del mundo. Los conflictos bélicos ocurridos en los siglos XIX y XX entre naciones hermanas fueron a parar al museo de la historia triste y descabellada. Las guerras de la independencia fueron guerras necesarias como necesarias son y serán las guerras de liberación nacional. Entonces, ¿por qué Brasil, una potencia latinoamericana se lanza a una carrera armamentista desenfrenada, con un gasto superior a los 21 mil millones de dólares? ¿En dónde están los Estados enemigos de Brasil? ¿Contra quién se arma? Y lo que es más grave y escandaloso, ¿con qué intencionalidades firmó el pasado 12 de abril, un pacto de cooperación militar destinado a «profundizar la cooperación en áreas como contactos técnicos, entrenamiento, investigación e iniciativas comerciales relacionadas con la seguridad»?

Luiz Inácio «Lula» da Silva, el Presidente de la potencia suramericana, al finalizar su mandato, ha decidido dar una patada en el bajo vientre a sus propios principios y a sus reiteradas críticas al imperio, por sus afanes de penetración neocolonial en nuestra América Latina y el Caribe, al ordenar a su Ministro de Defensa Nelson Jobim, que viaje a Washington a firmar el «Convenio de Cooperación Militar» con su homólogo de Estados Unidos, Robert Gates.

Frotándose las manos y relamiéndose los labios como gato que acaba de comerse al ratón, Robert Gates, Jefe del Pentágono del gobierno del presidente Obama, por cierto Premio Nobel de la Paz, en rueda de prensa conjunta con su par brasileño declaraba: «El acuerdo es el reconocimiento formal de los muchos intereses y valores que compartimos como las dos mayores democracias de las Américas». ¿De qué vale que el Ministro Defensa de Brasil, Nelson Jobim haya aclarado que el convenio no implica autorización de uso de bases o la cesión de derechos de paso a personal estadounidense, algo que lo diferenciaría del firmado entre Estados Unidos y Colombia recientemente, que generó fuertes críticas en la región, entre ellas las del mismo gobierno brasileño?. ¿En dónde está la trampa imperial?

En apariencia, Obama, habría ordenado cambiar radicalmente la política de contención o combate al narcotráfico. Como debía ser, se trata de que se reconozca que Estados Unidos tiene un grave problema de consumo y, por tanto, el combate contra el narcotráfico debe librarse dentro de sus propias fronteras, en tareas de prevención y mediante el desarrollo de programas de salud destinados a rescatar a sus 60 millones de drogadictos.

Estados Unidos debe combatir a sus mafias narcotraficantes, a los negocios de la CIA y la DEA, al negocio de muchas de sus tropas, incluidos aviones y naves de guerra que transportan drogas ilegales desde cualquier parte del mundo y, en especial, desde Afganistán y América Latina. En consecuencia, debe cesar su política militarista y agresiva contra nuestros pueblos y abandonar, para siempre, las bases militares que mantiene en América Latina y el Caribe, al tiempo que deben concluir todos los tratados y convenios de cooperación militar que gobiernos entreguistas y vende patrias han firmado con el imperio, con el renuente y socorrido pretexto de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo internacional.

La cooperación militar de Estados Unidos debe entenderse como el viejo sistema de penetración neocolonial por medio de las armas. A lo largo de la historia, el imperio ha desatado guerras de agresión en contra de nuestras patrias, ha impuesto las más crueles y sanguinarias dictaduras, ha instalado bases militares y ha organizado decenas de «maniobras militares conjuntas» a más de entrenar y domesticar a las fuerzas armadas criollas en guerras de contrainsurgencia, en ideologización para que defiendan los intereses geopolíticos estadounidenses, en cursos de especialización en torturas y todo tipo de violación de derechos humanos y por medio de la CIA ha derrocado gobiernos legítimos, ha cometido genocidios y magnicidios, ha desaparecido a millares de personas. No hay crimen que no haya cometido el imperio en contra de nuestros pueblos.

¿Para qué Brasil firma un convenio de «cooperación militar» con Estados Unidos, el primero luego de 30 años de férrea defensa de la soberanía?

Claudia Zilla, politóloga especializada en América Latina e investigadora de la Fundación Ciencia y Política (SWP) de Berlín, piensa que aún es muy temprano para poder evaluar adecuadamente cuáles serán los beneficios concretos para ambas partes.

Según la experta, se trata en principio de un «acuerdo paraguas genérico», es decir de un acuerdo marco más relacionado con aspiraciones a futuro que con contenidos definidos en la actualidad. En el contexto latinoamericano, esto implica una mayor vinculación estratégica de los Estados Unidos con Sudamérica, asegura Claudia Zilla. En su opinión, los EE.UU. ya gozan de una fuerte presencia en Colombia, y, con este acuerdo marco, estarían enviando una señal de interés a Brasil y de preocupación por la región». Cuán positivo sería que el imperio deje de «preocuparse» por América Latina y el Caribe.

En última instancia, el convenio militar Estados Unidos-Brasil, debe entenderse como un nuevo posicionamiento del imperio en el subcontinente al pretender reforzar su presencia disminuida durante la Administración Bush.

Lo extraño del acuerdo Brasil-Estados Unidos está en que, justamente, se firma cuando el Presidente de Brasil ha sido un implacable cuestionador de las bases militares cedidas a Estados Unidos por Colombia. Así mismo, Lula, ha criticado con dureza la movilización de la IV Flota y de las diferentes estrategias imperiales en nuestra América Latina. Aseguró que la IV Flota jamás llegaría puertos brasileños, y ahora, con el convenio los buques de guerra de la IV Flota y sus aviones de combate podrán entrar en puertos y aeropuertos, naturalmente, con el «permiso» de Brasil.

El acuerdo no puede interpretarse desde la óptica de intereses comerciales entre Estados Unidos y Brasil para la compra-venta de armas, sino como el desarrollo de objetivos estratégicos para la dominación regional.

En un análisis de Roselaine Wandscheer y Cristina Papaleo, se sostiene que Claudia Zilla afirma que bajo el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, el Brasil, principal socio de Estados Unidos en la región, se embarcó en la diversificación de sus relaciones exteriores (China, Irán, Rusia) y de su cooperación militar. En consecuencia habría una especie de cambio en el juego de los intereses armamentistas y geopolíticos o una recomposición de los intereses de Brasil en la región y en las Naciones Unidas en su aspiración para ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad.

Quizá, por eso, destaca Zilla, el acuerdo implica un intento de acercamiento por parte de Washington. En este contexto, la especialista recuerda los intereses de Estados Unidos en América Latina y la intencionalidad de interferir en la participación de Francia en la licitación brasilera para la compra de aviones militares. En relación con los países vecinos, la experta considera importante evitar irritaciones como las ocurridas a raíz de la instalación de bases militares estadounidenses en Colombia. La analista tiene razón al destacar que el acuerdo militar significa un paso adelante de Washington en su intento de recomponer las maltrechas relaciones con el «patio trasero» a fin de alcanzar, sin mayores tropiezos, sus objetivos de dominación neocolonial.

Cierto que Brasil ha aclarado que el convenio no implica autorización de uso de bases o la cesión de derechos de paso a personal estadounidense, por lo que el Convenio sería la reafirmación del pacto preexistente que Jobim confirmó al decir «Nosotros teníamos ya una especie de diplomacia militar con Estados Unidos, pero no teníamos un entendimiento directo entre ambos ministerios de defensa». Ahora ya tiene Brasil un «entendimiento directo» porque el acuerdo promoverá la colaboración en investigación y desarrollo en el campo militar, el apoyo logístico de ambas fuerzas armadas, el entrenamiento y la organización de maniobras conjuntas, así como la facilitación de proyectos comerciales En el artículo tres del convenio, sobre las «Garantías», se dice que «las partes se comprometen a respetar los principios y propósitos básicos de la Carta de Naciones Unidas y la Carta de la Organización de Estados Americanos», incluyendo los de igualdad soberana de los Estados, integridad e inviolabilidad territorial y la no intervención en asuntos internos de otros Estados», una redacción con la que se espera apaciguar inquietudes expresadas por la Unión de Naciones del Sur, Unasur, que había pedido una «aclaratoria» a Brasil. «No creo que vaya a representar un cambio muy grande» le dijo a la BBC Adam Isacson, director del Programa de Seguridad Latinoamericana del Centro para la Política Internacional, instituto de estudios internacionales ubicado en Washington. Para Isacson «el impacto será más técnico» pues «puede facilitar la coordinación de acciones administrativas, como en el caso de los ejercicios militares conjuntos». En otras palabras, se abre el camino para una mayor y mejor técnica de penetración imperial en América Latina.

¿Diferencias?

No se debe olvidar que «Brasilia y Washington han tenido serias diferencias recientemente en el terreno de las compras militares y en el de la estrategia geopolítica. Por un lado, Brasil parece dispuesto a favorecer a la empresa francesa Dassault con el contrato para la adquisición de los nuevos cazas para su fuerza aérea, dejando fuera el F18 Super Hornet de la estadounidense Boeing. Por el otro, la Cancillería brasileña sigue sin comprometerse a votar a favor de nuevas sanciones contra Irán en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del que Brasil es actualmente miembro rotativo.

Hasta ahora la posición expresada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva es que el impasse actual entre buena parte de la comunidad internacional y el gobierno iraní por su programa nuclear puede ser resuelto mediante el diálogo» informaba BBC Mundo, pero, por eso mismo, es altamente sospechoso que se haya firmado un acuerdo de cooperación militar pese a las diferencias y por sobre las decisiones y posturas internacionales de UNASUR.

Claudia Zilla, al referirse a otra de las «razones», para que se haya firmado el Convenio, subrayaba que la región no alberga a grupos terroristas que actúen globalmente de forma sistemática. Según ella, las amenazas transnacionales existentes en América Latina que irradian efectos al resto del mundo radican más bien en el crimen organizado, sobre todo el relacionado con el narcotráfico. ¿Podría este acuerdo causar irritación en otros países? Claudia Zilla piensa que no, ya que «ni Rusia, ni China, ni Irán tienen un ‘contrato de exclusividad con Brasil». En consecuencia, el acuerdo de cooperación militar, al tener objetivos de lucha contra el narcotráfico y el terrorismo internacional, necesariamente se debe concluir en que esos dos factores son el pretexto permanente y omnímodo del imperio para penetrar en nuestros países.

El mencionado pacto sostiene que respetará la «integridad e inviolabilidad territorial», y, eventualmente, podría facilitar la venta de aviones brasileños a Estados Unidos que ha expresado la intención de adquirir 200 aviones de combate, tipo Tucano que fabrica la empresa Embraer de Brasil.

La AP, al informar sobre la firma del Convenio de Cooperación Militar Brasil-Estados Unidos sostenía que, con una alta dosis de sarcasmo, y quizás asumiendo atribuciones que no le correspondían, el ministro de Comercio de Colombia, Luis Guillermo Plata, dijo lo que muchos estaban pensando: «Ahora que Brasil tiene un acuerdo de defensa con Estados Unidos, me imagino que se cerrará el TLC con Brasil». El ministro, por supuesto, se refería a la tormenta diplomática que se desató el año pasado cuando Estados Unidos y Colombia anunciaron un acuerdo similar que provocó reuniones de emergencia de la UNASUR, declaraciones agresivas de varios países de la región e, incluso, el congelamiento de las relaciones de Colombia con Venezuela y la suspensión del intercambio comercial.

Para más ironía, el anuncio del acuerdo Estados Unidos -Brasil coincidió con una nueva reunión de UNASUR en Ecuador sobre lucha contra las drogas, pero en la que se esperaba, también, volver a tratar el tema del convenio colombo-estadounidense. Según el periodista Sergio Gómez Masseri, tres aspectos lo diferencian del colombiano: Que no hay acceso de Estados Unidos a bases brasileñas; que tampoco se prevé la presencia permanente de personal militar de este país, y que no se negoció una cláusula de inmunidad para proteger de la justicia local a militares que hayan cometido delitos.

A más de debilitar la posición de UNASUR respecto de los fines pacíficos de la organización y de su oposición a la instalación de bases extranjeras, este Convenio viene a ser un golpe bajo para países como Venezuela, Bolivia, Ecuador o Nicaragua, que no se cansan de denunciar el «‘intervencionismo yanqui» en la región, y que ven en este tipo de acuerdos, planes de dominación imperial. Como habría expresado una fuente del Pentágono al diario El Tiempo, se trata de «algo enorme» que no tiene parangón en más de tres décadas. De hecho, es el primer acuerdo formal que realizan desde 1977, manifestaba Gómez Masseri de ese rotativo.

Otra fuente del Departamento de Estado argumentaba que era algo que Estados Unidos venía buscando «desde hacia años» y que estrechará como nunca antes las relaciones militares. Y solo basta con revisarlo para entender por qué. Aunque los estadounidenses advierten que se trata de un acuerdo «más pequeño» en su alcance si se lo compara con el colombiano, se trata también de un DCA (Defense Cooperation Agreement), que es similar en su espíritu y naturaleza a decenas de convenios que tiene firmados Estados Unidos con otros países en el mundo, con la pretensión de extender por toda la tierra, su dominio militar.

Se debe insistir que la esencia de ese Convenio es otra punta de lanza imperial en América del Sur. No es un secreto que Washington busca apropiarse de los recursos naturales de la Amazonia y, en especial, de las reservas más grandes del mundo de agua dulce, oxígeno y biodiversidad. El «gran paraguas», como dice Brasil, busca «perfeccionar la cooperación ya existente y futura en áreas como visitas de delegaciones de alto nivel, contactos técnicos, encuentros de instituciones, intercambio de estudiantes y personal de entrenamiento, visitas de navíos y eventos deportivos y culturales». Asimismo, contemplará «iniciativas comerciales relacionadas a la defensa» y «programas y proyectos de tecnología de defensa». Debe leerse que ese «gran paraguas» sirve a Estados Unidos para ocultar sus ansias neocoloniales. Brasil le ha facilitado al imperio ese paraguas y Lula se ha traicionado a sí mismo al permitir que la IV Flota, con todo su poderío bélico ingrese a sus puertos y aeropuertos.

«Este acuerdo -dice el ex subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental Roger Noriega- es excepcional y se buscaba hace muchos años. No es la respuesta a una amenaza específica sino el establecimiento de una relación institucional». Según Noriega, lo más importante es que demuestra que este tipo de acuerdos «son normales» y que Brasil entiende que la cooperación en defensa con Estados Unidos, es natural y beneficiosa, pues le sirve a sus intereses en seguridad.

«Yo no creo que Brasil tenga temor alguno de una reacción del presidente venezolano Hugo Chávez. El mensaje central es que cada país se reserva el derecho de establecer las relaciones que más le convienen en materia de seguridad», dice Noriega. Estados Unidos, como siempre, pone en práctica el viejo principio de todos los imperios: Divide y reinarás.

¿Acaso Brasil tiene problemas de seguridad nacional? ¿De qué amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos se habla? ¿Algún país de América Latina es una amenaza para la seguridad del imperio? Ninguna amenaza para Estados Unidos existe en la región, a no ser el deseo intrínseco de los pueblos de América Latina de librarse de las garras imperiales. Lula sabía, perfectamente, que ese Convenio sólo servirá a los intereses geopolíticos de Estados Unidos y, sin embargo, se doblegó ante el imperio, y así se ha convertido en otro líder subyugado, al caer, con extraña mansedumbre, en una de las tantas trampas de la Casa Blanca.

Lula dejó sin piso al empeño de UNASUR y, en particular, de Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Argentina en su firme posición en contra de la penetración militar estadounidense en América del Sur.

El analista Maximiliano Sbarbi Osuna, sostuvo que desde la región comenzaron a llover las críticas a un presidente que se caracterizó por condenar el año pasado la instalación de las bases militares estadounidenses en Colombia. A diferencia de lo que muchos temían, el acuerdo no contempla la construcción o el uso de bases por parte de militares estadounidenses en territorio brasileño y Lula se manejó con la prudencia que Colombia no tuvo el año pasado. ¿Qué alcances tiene el acuerdo? ¿Por qué momento transitan las relaciones entre Brasil y Estados Unidos?

Pese a los roces de los últimos meses, Brasil y Estados Unidos firmaron un acuerdo de cooperación militar. El acuerdo de defensa suscripto entre Brasil y Estados Unidos se efectuó en medio de un clima de duras críticas por parte del presidente brasileño Lula da Silva a su par norteamericano, Barack Obama. Precisamente, las acusaciones vertidas por Lula antes de la Cumbre de Seguridad Nuclear apuntaban al tratado que habían firmado días atrás Washington y Moscú con respecto al arsenal militar atómico heredado de la Guerra Fría. «Voy a preguntarle al presidente Obama cuál es el significado de la desactivación de ojivas nucleares. Desactivar lo que ya estaba caducado no tiene sentido», disparó Lula. Sin embargo, los ministros de Defensa de Brasil y Estados Unidos firmaron el acuerdo, que levantó algunas polémicas y especulaciones en varios países de la región.

El acuerdo marco va a va a permitir el entrenamiento conjunto de ambos ejércitos, se centrará en la lucha contra el narcotráfico, en proyectos compartidos relacionados con la tecnología de la defensa, en intercambios de estudiantes y visitas de delegaciones de alto nivel. Además, este acuerdo, va a permitir un mejor posicionamiento de la empresa brasileña Embraer en la licitación que el Pentágono abrió para comprar unos 200 aviones de guerra. Asimismo, este pacto le da mayores oportunidades a Estados Unidos de venderle insumos militares, frente a su principal competidor, Francia, que en octubre pasado acordó con Brasil una millonaria venta de armamento, sostenía Maximiliano Sbarbi Osuna en AP.

Cierto que existen diferencias con el tratado colombiano, pero por qué el actual subsecretario de Estado norteamericano, Arturo Valenzuela manifestó que el tratado que suscribió Washington con Brasil es similar al colombiano, ya que en ambos casos apunta a modernizar la capacidad militar de estos dos países sudamericanos? Además, agregó que sí existe una amenaza específica que enfrenta Brasil, el crecimiento del narcotráfico, por eso Estados Unidos va a estar allí «para ayudar a erradicarlo».

Estas frases fueron las que levantaron las sospechas de que el acuerdo va más allá de lo que el gobierno brasileño anunció, pero se diferencia de la injerencia directa que se plantea en Colombia. Quizás el motivo más importante del tratado sea la posible adquisición de aviones Boeing por 4 mil millones de dólares por parte de la Fuerza Aérea brasileña.

Durante 2009, Washington y Brasilia mantuvieron importantes roces en varios aspectos como por ejemplo el golpe en Honduras, el acuerdo militar con Colombia, la postura frente al programa nuclear iraní, y a comienzos de este año por el despliegue de tropas norteamericanas en Haití.

Pero, la principal controversia es la disparidad comercial, debido a que Washington subsidia a industrias que elaboran los mismos productos que Brasil le vende a Estados Unidos, en clara violación de las disposiciones de la Organización Mundial del Comercio.

El algodón, el azúcar y la carne brasileñas se ven perjudicadas, por eso Brasil anunció que va a tomar represalias al subir los aranceles a productos procedentes de Estados Unidos». El tratado militar podrá, eventualmente, disminuir las tensiones diplomáticas, y si Brasil firmó ese convenio para mejorar las relaciones comerciales, una vez más, el factor dólar estaría por encima de la soberanía nacional.

Tal vez sea eso, ya que el ministerio de Relaciones Exteriores brasileño, divulgó un comunicado, recogido por Efe, para explicar algunos de los aspectos del convenio, que «permitirá fortalecer el diálogo y abrir nuevas perspectivas de cooperación, sobre unas bases equilibradas y mutuamente benéficas». La nota añadió que se trata de «perfeccionar la cooperación ya existente y futura en áreas como visitas de delegaciones de alto nivel, contactos técnicos, encuentros de instituciones, intercambio de estudiantes y personal de entrenamiento, visitas de navíos y eventos deportivos y culturales».

El nuevo acuerdo es «más una iniciativa de Brasil», «más inocuo» y «mucho más limitado», señaló a la AFP el presidente del centro de estudios Diálogo Interamericano, Michael Shifter. Según la misma agencia de prensa, «Brasil ha sido muy cuidadoso en evitar algunos de los elementos más provocadores del acuerdo colombiano, como aceptar soldados estadounidenses o eximirlos de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional», expresó Evan Ellis, profesor del Centro de Estudios de Defensa Hemisféricos. El texto que se firmó el pasado 12 de abril, aparentemente, se concentra en «asuntos pragmáticos que facilitan a Brasil hacer proyectos con Estados Unidos donde así lo decida y de ninguna manera constituye un compromiso a una ‘alianza’ militar o política», estimó Ellis. La verdad es que hasta ahora, no se sabe acerca del verdadero alcance del acuerdo suscrito entre Brasil y Estados Unidos, pero es lógico preveer que ese convenio sólo servirá al interés imperial.

En última instancia, el acuerdo, así sea beneficioso para Brasil, se constituye en otra amenaza para la paz, la estabilidad y el progreso soberano e independiente de América Latina. ¿Acaso Brasil, por haberse convertido en líder regional y en una voz tercermundista, es inmune a las críticas regionales o a los afanes colonizadores de Estados Unidos?

Cualquier base militar estadounidense en América Latina y el Caribe o cualquier acuerdo de «cooperación militar» es una espada de Damocles con peso específico sobre la cabeza de nuestros pueblos, razón suficiente para oponer resistencia y férreo rechazo por parte de todos los pueblos y naciones libres y democráticas que no merecen actitudes claudicantes como las que acaba de ejemplificar y mantener el gobierno de Luiz Inácio «Lula» da Silva, a espaldas del heroico pueblo de Brasil.

Correo electrónico: [email protected]

Fuente: