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Entrevista a Olivier Le Cour Grandmaison, profesor de ciencias políticas de la Universidad de París

“Francia ha pasado de una islamofobia pretendidamente científica a una islamofobia popular”

Fuentes: https://alexanfruns.wordpress.com/

Cada verano el uso de un vestido de baño adaptado a las musulmanas se prohíbe en ciertas playas francesas y se vuelve una polémica de alcance nacional, bajo el exótico neologismo de “burkini”. El rectorado de Poitiers publica una circular para detectar “señales de radicalización” entre las que se incluye el dejarse una “prominente barba”. Tras el ataque de un miembro de los servicios de información en la prefectura de policía de París, la “pista terrorista” se privilegia rápidamente para ser descartada unas semanas después. El presidente Macron llama a instaurar una “sociedad de la vigilancia” contra la “hidra islamista”. Un diputado vomita una virulenta diatriba contra una madre musulmana que acompaña a su hijo, porque “el velo debería estar prohibido” en las excursiones escolares. El diario satírico Charlie Hebdo publica una nueva portada en la que difunde el mito de una islamización de la República consentida por el presidente Macron, renovando así los delirios antisemitas de los años 1930…

Son solo algunos de los no acontecimientos que distraen y apasionan la opinión pública francesa, apartándola del debate sobre la cuestión social que los chalecos amarillos habían puesto sobre la mesa. Según Olivier Le Cour Grandmaison, profesor de ciencias políticas de la Universidad de París y autor del libro Enemigos Mortales: representaciones del islam y las políticas musulmanas de la Francia colonial”el resurgimiento de la islamofobia de élite en Francia está experimentando una evolución bastante espectacular”.

En esta entrevista realizada por vía telefónica, Le Cour Grandmaison rastrea los orígenes del racismo y la islamofobia institucionales bajo los diferentes gobiernos de la República imperial francesa y arroja luz sobre lo que está en juego tras el debate acerca del velo en la actualidad política de ese país.

Alex Anfruns: En Francia los debates sobre la laicidad, que a menudo señalan el llamado peligro del “comunitarismo”, están multiplicándose. En este contexto, el Presidente Macron se reunió recientemente con el Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM) para discutir sobre la relación entre la secularidad y el Islam. ¿Cree usted que pueda haber cierta continuidad entre las representaciones islamófobas del pasado y de la actualidad?

Le Cour Grandmaison: Ciertamente hay continuidades. A veces es posible establecerlas porque los mismos militantes de extrema derecha, algunos de ellos nacionalistas revolucionarios, han exhumado textos violentamente islamófobos escritos por orientalistas a principios del siglo XX. El objetivo es cubrir sus posiciones antimusulmanas con un barniz pretendidamente científico para reforzar la legitimidad de esas posiciones. En este caso las filiaciones son claras porque son reivindicadas: se traen a colación esos textos pasados para apoyar la islamofobia actual, que es cada vez más invasiva y radical.

En otros casos, no hay continuidad en sentido estricto, lo que no impide en modo alguno una muy gran proximidad entre los argumentos. A partir del momento en que un cierto número, desgraciadamente cada vez mayor, de nuestros contemporáneos considera que el islam y los musulmanes son la causa de muchos problemas políticos y de seguridad, e incluso planteando que encarnan una amenaza existencial para el país, es lógico que estos contemporáneos se vean inducidos a utilizar una retórica y a movilizar representaciones similares a las que dominaron durante el período de entreguerras y que se pueden descubrir en las múltiples obras publicadas en aquel periodo.

No podemos sino constatar que estamos asistiendo al desarrollo creciente de una islamofobia de élite en Francia, alimentada de ahora en adelante por políticos de derechas e izquierdas, por muchos medios de comunicación y, por último, por académicos, quienes promueven así una islamofobia que se ve a sí misma como erudita. Existe un gran riesgo de que esta situación de conjunto alimente y legitime una islamofobia popular y duradera.

¿Podría explicarnos qué papel desempeñaron las mujeres en el sistema colonial francés?

Si hablamos de las mujeres indígenas, como se las llamaba antes de 1945, o de las mujeres francesas musulmanas en Argelia, como se las llamó después de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de ellas fueron analizadas por los especialistas como eslabones débiles, susceptibles de ser ganadas a la causa de la Argelia francesa y, por lo tanto, como un medio de debilitar la lucha liderada por los militantes nacionalistas argelinos a favor de la independencia de su país. Con tal fin hubo operaciones de retirada del velo que se llevaron a cabo en medio de la guerra de Argelia. En particular hubo una el 16 de mayo de 1958, llevada a cabo por las esposas de dos generales: la Sra. Massu y la Sra. Salan. En las cercanías de la gobernación de Argel, unas jóvenes mujeres presentadas como musulmanas se quitaron el velo. ¿El objetivo?  Hacer creer de ese modo que Francia está del lado de la libertad, de la igualdad de género y de la emancipación, y que se mantiene fiel a la tesis forjada bajo la Tercera República, según la cual la colonización francesa se distingue de las demás por el hecho de que su objetivo es llevar la civilización a las poblaciones conquistadas.

Aquellas operaciones de retirada del velo se inscriben en el marco de lo que por aquel entonces se había dado por llamar la “guerra psicológica” destinada a debilitar al FLN y a sus partidarios, y a rehabilitar la imagen de Francia en un contexto en el que tal imagen estaba evidentemente muy degradada a causa de las torturas practicadas, de los crímenes de guerra cometidos por esos mismos generales y del terrorismo de Estado, que en aquel entonces era desenfrenado, como lo demuestra, entre otras cosas, el uso significativo de la práctica de las desapariciones forzadas. Cabe recordar que esta práctica se considera hoy un crimen de lesa humanidad.

 La idea de que Francia estaría a punto de convertirse en una “república musulmana” acaba de ser retomada en la portada de un periódico satírico tristemente famoso por los atentados de enero de 2015. En su libro describió esta tesis como un mito contemporáneo, comparándolo con el de la “República Judía”. ¿Qué tienen en común ambos?

El mito de la República Judía, bien estudiado y analizado por el sociólogo francés Pierre Birnbaum, surgió durante el período de entreguerras. Habría que estudiar este otro mito, el de una supuesta República musulmana, cuyos orígenes se sitúan en particular del lado de la derecha nacionalista, xenófoba e islamófoba de la época. Por ejemplo, Charles Maurras denunció la construcción de la Gran Mezquita de París después de la Primera Guerra Mundial. Construcción que él interpreta como una de las mayores debilidades de las autoridades francesas hacia los nativos musulmanes, y como uno de los signos de que los colonizados están “empezando a colonizar la metrópoli”. A nivel académico, el gran especialista en inmigración Georges Mauco, se preocupa en la década de 1920 por la creciente presencia de inmigrantes norteafricanos, que juzga aún más peligrosos si cabe por considerarlos “incapaces de asimilarse”.

Esta emigración será conceptualizada rápidamente por los contemporáneos como planteando una “amenaza al orden público”, a la “seguridad de los bienes y de las personas”, al “orden moral”, a la “seguridad sanitaria”. Todas esas son amenazas que ya no sólo pesan sobre las colonias, sino también sobre las metrópolis, debido a la propia presencia de norteafricanos en París, en los barrios populares y en otras ciudades. Esta situación alimentará un creciente temor político relativo a la invasión del país por parte de estos inmigrantes y legitimará la adopción de medidas discriminatorias a partir de 1924. El objetivo es limitar y controlar al máximo esa inmigración. Del mismo modo sucede después de 1945, en un contexto diferente considerado aún más amenazador, ya que los norteafricanos pueden ahora venir libremente a Francia. Aún más, porque las autoridades metropolitanas y los empresarios recurrieron a ellos masivamente para la reconstrucción del país y luego, para lo que se ha dado en llamar los “Treinta Años Gloriosos”.

Recordemos que personalidades tan famosas como Robert Debré, padre fundador de la pediatría francesa moderna, así como Alfred Sauvy, fundador y luego director del Institut national d’études démographiques (Instituto Nacional de Estudios Demograficos, INED) y profesor del Collège de France, publicaron un libro en la Editorial Gallimard: Des Français pour la France (1946) en el que estos dos autores se preocupan por la presencia masiva de norteafricanos. Su preocupación está menos relacionada con consideraciones étnicas y raciales que con la religión musulmana, ya que creen que es incompatible con los principios republicanos y que sus seguidores no pueden, por ello, asimilarse realmente.

Usted estudia la importancia del papel de Ernest Renan en la emergencia de una Francia “potencia musulmana”. ¿Qué le responde a quienes contestan que no hay nada extraordinario en los discursos de Renan, porque la jerarquía de las razas estaba “en conformidad con el espíritu de los tiempos”?

Si bien al igual que muchos de sus contemporáneos, Ernest Renan defiende una concepción jerárquica y por lo tanto racista de la raza humana, al estar convencido de la existencia de razas profundamente diferentes y desiguales entre ellas, no es simplemente alguien que asuma teorías de moda por una temporada. En este punto específico, las legitima y contribuye a su difusión. Además, en lo que respecta a los árabes musulmanes, es plenamente consciente de que las características étnico-raciales son necesarias para explicar su singularidad, pero a la vez insuficientes. Para lograr un conocimiento lo más preciso y completo posible de esos “indígenas” en particular, Renan cree, al igual que muchos otros que le siguieron, que es esencial movilizar lo que hoy llamaríamos la variable religiosa, es decir, el Islam.

En estos asuntos, Renan desempeñó un papel absolutamente fundamental, ya que puede ser considerado, a finales del siglo XIX, como el padre fundador de una islamofobia erudita que tuvo una influencia masiva y duradera en muchas disciplinas de las ciencias humanas.

De hecho, Renan gozaba entonces de una triple legitimidad. Una legitimidad científica, por ser profesor en el Collège de France y cuando se expresa es la Ciencia la que habla o se manifiesta. Además, goza de una legitimidad literaria, ya que es considerado durante su vida como un gran escritor francés, razón por la cual, entre otras cosas, fue elegido miembro de la Academia Francesa. Por último, goza de una gran legitimidad política, ya que es considerado por los fundadores y dirigentes de la Tercera República como uno de los padres intelectuales de esa Tercera República. Dos de sus principales textos contribuyeron a ello: La reforma intelectual y moral (1871) y ¿Qué es una nación? (1882).

Por eso los contemporáneos de Renan le prestaron mucha atención, lo que es esencial para comprender la notable influencia de las tesis de Renan y el surgimiento de lo que yo llamo renanismo. Por último, cabe recordar que el propio Jules Ferry se inspiró en las concepciones de Renan sobre el régimen político que se aplicaría en las colonias, a saber, el régimen del buen tirano, considerado el único capaz de defender y preservar el orden colonial contra los indígenas considerados peligrosos e incapaces, además, de doblegarse a las leyes de la República.

En cuanto a la “política musulmana” de Francia, para la mayoría de los miembros de la élite francesa a finales del siglo XIX y principios del XX, el “mahometismo” era percibido como la fuente de la resistencia anticolonial. ¿Cuándo cambió la visión de la religión indígena y cuáles fueron las motivaciones?

Esto es lo que motivó uno de los subtítulos del libro: “Políticas musulmanas”, ya que los debates sobre las orientaciones de la República imperial, especialmente en tierra del Islam, surgieron rápidamente a principios de siglo y alimentaron controversias que a veces eran largas y violentas. Por ejemplo, mencionemos el caso del ex gobernador general de las colonias, Maurice Delafosse, quien protesta contra lo que ya llama “política islamófoba”, que corre el riesgo de enfrentar aún más a los musulmanes de las posesiones francesas contra el poder colonial francés. Además, y las diferencias también son importantes, la política seguida por el General Lyautey en Marruecos es la contraria a la aplicada en Argelia. Lyautey intenta explotar las divisiones dentro del Islam para sacar a la luz lo que él llama un Islam francés que sirva mejor a los intereses de la metrópoli en la región. Esto no significa que Lyautey sea islamófilo, ya que mantiene una relación puramente instrumental con la religión musulmana. De modo que puede reprimir violentamente o incluso combatir con energía cuando se trata de restaurar el orden o aplastar una insurrección como la que dirigió Abd el Krim (1921-1926).

Sin embargo, algunos políticos sugieren que debido a este cambio en su enfoque de la política colonial, Francia habría traído “efectos positivos” a los territorios y poblaciones colonizados…

Efectivamente, desde hace casi 15 años hemos sido testigos de una verdadera reescritura de la historia colonial francesa. En la mayoría de los casos, se trata de la labor de políticos de extrema derecha y de derecha que ahora cuentan con el apoyo, en este punto concreto, de varios intelectuales -pienso en particular en Max Gallo, hace unos años, y en Alain Finkelkraut y Pascal Bruckner, quienes también tienen la intención de rehabilitar el pasado colonial de Francia alegando que la colonización tuvo aspectos positivos en términos de escolarización, seguridad sanitaria y construcción de infraestructuras-.

Son viejos argumentos, incluso anticuados, que atestiguan una ignorancia supina de las realidades coloniales. En lo que concierne a la alfabetización, siguió siendo baja o incluso muy baja en la mayoría de las colonias, incluida la Argelia francesa hasta la independencia en 1962. En el campo de la salud pública, el balance real también está muy por debajo de las mitologías imperiales-republicanas. En cuanto a las infraestructuras, las personas mencionadas se olvidan de esto: una buena parte de esa infraestructura: puertos, ferrocarriles, carreteras…. se construyó con mano de obra forzada. Y hay que añadir inmediatamente que, a diferencia de lo que ocurre en la Francia metropolitana, donde el trabajo forzado es una pena aflictiva que a veces se añade a la pena privativa de libertad cuando los hombres han cometido un delito considerado particularmente grave, el trabajo forzoso colonial se impone a la población: hombres, mujeres, menores, independientemente de cualquier delito o de infracción cometida.

En algunos casos, aquel trabajo forzado fue particularmente letal. Pienso, en particular, en la construcción de la línea ferroviaria Congo-Océano, destinada a unir Brazzaville con Pointe-Noire. Los resultados, casi 17.000 muertes indígenas en los primeros 140 kilómetros. La tasa de mortalidad en los campos de trabajo en 1928: 57%; cifra dada por André Maginot, el ministro de las colonias de la época. Por lo tanto, es bastante obsceno jactarse hoy de los supuestos méritos de la colonización.

En su libro da derecho de réplica a ciertos actores del momento, que tuvieron el mérito de hacer sonar la alarma sobre las derivas de la República Imperial…

Las tesis de Renan han sido efectivamente criticadas en particular por algunos especialistas, pero esas críticas fueron marginales por muchas razones. Entre otras cosas, porque a veces procedían de hombres que estaban fuera de la institución universitaria y eran percibidos como ilegítimos, especialmente cuando atacaban a Renan, quien, como hemos visto, gozaba de un inmenso prestigio. Si bien esas críticas son muy interesantes de descubrir o volver a descubrir hoy, no pudieron cuestionar el “régimen de la verdad” específico de aquel período, ni la política colonial aplicada por Francia en el Magreb francés y en el África Occidental francesa. Lo mismo ocurre en Siria y el Líbano, que quedaron bajo el mandato francés después de la Primera Guerra Mundial.

También estudia el papel de ciertos escritores como Maupassant. ¿En qué basa su afirmación de que contribuyeron conscientemente a crear un puente entre la islamofobia erudita y su variante popular?

El papel de Maupassant es fácilmente identificable gracias a los artículos que escribió para un periódico conocido y popular en aquella época, el periódico Le Gaulois, que publicaba a escritores famosos. De ese modo Maupassant escribió muchos artículos durante su viaje a Argelia y Túnez. Concebidos como reportajes, esos artículos son muy interesantes porque descubrimos las representaciones de Maupassant y la forma en que concibe a los indígenas árabes musulmanes. Como muchos de sus contemporáneos, estaba convencido de que eran inferiores en casi todos los aspectos a los europeos. Aquí es donde este escritor contribuye a popularizar tanto el racismo como la islamofobia. Sobre todo porque ya goza de la envidiable condición de ser una gran pluma, a la que se añade la de un observador perspicaz y clarividente que permite a sus lectores descubrir las realidades de la colonización y las de las poblaciones indígenas. 

Volvamos al contexto que precedió inmediatamente a la Primera Guerra Mundial, cuando Francia se convirtió en la segunda potencia imperial del mundo. Para aquella guerra Francia movilizó a casi un millón de “indígenas”.  ¿Qué argumentos se esgrimió para su participación?

Los “indígenas” fueron requeridos principalmente por las autoridades metropolitanas y coloniales. A partir de 1919, los hombres de la época eran perfectamente conscientes del papel decisivo de las tropas coloniales, que representaban a casi un millón de hombres en primera línea del frente, a lo que hay que añadir un gran número de trabajadores de las colonias en la retaguardia, como se decía en su momento, es decir en las fábricas. Entre otros muchos ejemplos posibles, pienso en particular en Albert Sarraut, quien fue Gobernador General de Indochina, varias veces Ministro de Colonias y Ministro del Interior. Su libro Grandeur et servitude coloniale, publicado durante la Exposición Colonial Internacional de Vincennes en 1931, les rinde homenaje.

¿Cuál fue el trato de aquellos soldados “indígenas” después de la guerra?

En esencia, su condición de indígenas no cambió sustancialmente. Aunque hubiera excepciones, hay que recordar que la regla para los indígenas, es que no eran ciudadanos franceses, sino súbditos franceses. Como resultado hubo varias consecuencias mayores: la falta de derecho de voto, la falta de libertad de expresión individual y colectiva, la falta de libertad de asociación y la falta de derecho de huelga. Además se le añaden disposiciones represivas especiales, establecidas en el Código Indígena, cuya primera versión data de 1875. Disposiciones represivas que sólo son aplicables a los indígenas, lo que las hace racistas y discriminatorias.

Después de la Primera Guerra Mundial, el régimen del trato a los indígenas sufrió algunas reformas, pero el estatus de los indígenas sigue siendo fundamentalmente el mismo que antes, ya que la inmensa mayoría de ellos todavía no son considerados ciudadanos. Esta situación dará lugar a la aparición de numerosas reivindicaciones democráticas, defendidas en particular por el nieto del emir Abd el Kader, el emir Khaled, quien exige la derogación del Código Indígena y de todas las disposiciones excepcionales que aún se aplican en la Argelia francesa. Además, exige la plena libertad religiosa, así como la libertad de circulación, para que los musulmanes indígenas puedan viajar a La Meca cuando lo deseen. 

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