Recomiendo:
0

Italia: escritores censurados

¿Has firmado la apelación por Battisti? Que ardan tus libros…

Fuentes: Rebelión

  Introducción Por Fabrizio Lorusso Como consecuencia de las represalias neofascistas en Italia y, en especial, en la norteña región de Véneto, les comparto unos artículos de reflexión y crónica para entender lo grave de la situación en nuestro país. Unos políticos locales, primeramente dos consejeros venecianos Raffaele Speranzon y Elena Donazzan, están tratando de […]

 

Introducción

Por Fabrizio Lorusso

Como consecuencia de las represalias neofascistas en Italia y, en especial, en la norteña región de Véneto, les comparto unos artículos de reflexión y crónica para entender lo grave de la situación en nuestro país. Unos políticos locales, primeramente dos consejeros venecianos Raffaele Speranzon y Elena Donazzan, están tratando de llevar a cabo propuestas escandalosas de censura de libros en bibliotecas públicas y escuelas con el pretexto de que muchos autores firmaron una petición en 2004 en contra de la extradición de Francia del italiano Cesare Battisti, ex militante de los Proletarios Armados por el Comunismo (hoy aún detenido en Brasil). Ahora pues, están enlistados y proscritos a la manera del régimen «mussoliniano»: se les quiere censurar, se les quiere impedir realizar eventos y difundir sus libros con en el envío de cartas y recomendaciones a los funcionarios públicos, bibliotecarios y directores de escuelas para que ejecuten la voluntad de este poder, tan local y tan ignorante. Pueden encontrar actualizaciones y detalles, fuera de lo que es la prensa nacional italiana, tan facciosa como sabemos, aquí: http://www.wumingfoundation.com/giap/ ,   http://rogodilibri.blogspot.com/ y http://loredanalipperini.blog.kataweb.it/ La situación merece mucha atención y es cada vez más grave, ya que se tiende a juntar instrumentalmente el caso Battisti con esta censura, mientras que la cuestión es otra, ya que la represión se ha volcado en contra de muchos más autores y es un ataque claro contra la libertad de pensamiento garantizada por nuestra Constitución. Éste es ya un caso único en Europa. Los autores de los artículos, junto con muchos otros escritores y ciudadanos italianos y extranjeros, están resistiéndose, informando y reaccionando ante esta embestida autoritaria. Esta semana está prevista una manifestación en uno de los pueblos, Preganziol, donde desaparecieron de la biblioteca pública municipal las obras de Roberto Saviano con la aprobación del alcalde y de otros servidores públicos de nivel superior: todos los intelectuales interesados en difundir y participar en las acciones de resistencia pacífica están planeando hablar de estos casos de censura en cada uno de sus eventos y presentaciones (calendario). No nos quedemos callados, adhiéranse!   Atte F. L.


¿Has firmado la apelación por Battisti? Que ardan tus libros…

Por Lello Voce

Los hechos creo que ya los conocen todos: de la invitación a excluir de las bibliotecas venecianas los libros de los autores que firmaron -en el año 2004- una apelación para la liberación de Cesare Battisti, escritor y ex miembro de la formación terrorista PAC, promovida por un concejal del PDL (pertido de Berlusconi) de Martellago, hasta la entusiasta adhesión del consejero provincial veneciano, el señor Speranzon, antiguo MSI (partido neofascista) aglutinado en el PDL, que ha redoblado la apuesta, declarándonos personas ‘non gratas’ en la provincia de Venecia e invitando, en tono amenazador, a todos los municipios a comportarse de ese modo, o asumir la responsabilidad (y por tanto, aceptar las consecuencias… cuáles, habría que preguntarse…).

En el Index librorum hemos acabados muchos, autores con posiciones literarias y políticas muy diferentes, aunados por el solo hecho de haberse atrevido a decir una palabra en defensa del diabólico terrorista rojo, de haber levantado algunas dudas sobre la versión oficial de los hechos. Mientras tanto merece la pena precisar que quien escribe estas líneas no firmó esa apelación porque comparte, o alguna vez compartió, las opciones políticas de Battisti y del PAC. En aquellos años estaba en otra cosa, soy hijo de la ‘generazione chimica’ [generación de la droga], un ex indio metropolitano, enamorado de Radio Alice y de Gregory Corso, de Laing, Benjamin, Danilo Dolci y de los poetas-cantantes brasileños, que nunca tuvo ningún tipo de proximidad ni con las Brigadas Rojas ni con cualquiera de los grupos o grupúsculos que haya creído resolver por medio de las armas las estrepitosas contradicciones de nuestra nación. A ellos, por el contrario, atribuyo una parte importante de la responsabilidad por haber transformado mi juventud en una especie de triste y desagradable subibaja entre bombas, puestos de bloque, francotiradores apostados en los tejados y disparos a las rótulas. Por haber contribuido, en fin, a limitar mi libertad y mi felicidad….

El PAC y Battisti no son una excepción.

Pero estoy acostumbrado a razonar con mi cabeza, a informarme, a intentar de entender… Así he llegado a la conclusión de que buena parte de las acusaciones que penden sobre la cabeza de Battisti son infundadas, que se está produciendo -respecto a él- un encarnizamiento bastante evidente, sobre todo me he convencido de que ha llegado el momento de buscar una solución ‘política’ que salde las cuentas con esos años, una solución que coincida con una compresión profunda, valiente y sin fingimientos de lo que fueron los años setenta, para alcanzar la cual, todos, Battisti incluso, pero también Moretti, Faranda, Zorzi, Freda, Delle Chiaie, Fioravanti, Mambro, Mori y todos sus colegas de alto rango, los políticos, los jueces, los miembros de los servicios secretos del estado supervivientes de aquella época, tendría que tener finalmente el valor de decir a esta nación las verdades que le son negadas desde hace demasiado tiempo. Por esto firmé esa apelación: porque creo que ya es hora de aclarar las cosas, de levantar los velos, de rechazar atajos, de desenmascarar lo que hay que desenmascar, quienquiera que se esconda debajo de la máscara. Solo así, en mi opinión, estaremos seguros de evitar que se repitan ciertas tragedias, que siempre esperan agazapadas tras una esquina de la historia.

En segundo lugar hay que decir con mucha claridad, para que lo que sigue no parezca puro ‘ideologismo’, que el caso Battisti tiene la maligna capacidad de desorientar la brújula incluso a ‘cabezas’ mucho más reflexivas y democráticas que la del ilustre Speranzon.

Me refiero a la reciente, y bastante sorprendente, intervención de un intelectual de la valía de Tabucchi en Le Monde, en la cual el escritor se lanza contra algunos intelectuales franceses como Levy, Sollers, Vargas, culpables de haber defendido al escritor ‘armado’, basándose en la suposición de que en Italia los jueces son una categoría por encima de toda sospecha, que lo que establecen ellos es, sin sombra de dudas, la verdad. Caso Battisti incluido, obviamente. Si hasta Tabucchi se deja llevar por las generalizaciones, por la facilidad de un falso silogismo, gracias al cual, basándose en los méritos que una parte de estos jueces adquirió en la lucha a la Mafia, o contra la corrupción política, pero olvidando la responsabilidad que muchos de estos mismos jueces tuvieron en el alzamiento de la niebla que cubre tantos desenlaces trágicos de este país, desde Piazza Fontana hasta Génova 2001, se concluye que cualquier juez es, por preconcepción (prescindiendo, como hubiera dicho Totò) un juez justo, ya no vamos simplemente por mal camino, hemos ido más allá, ahora ya, literalmente, nos pasamos tres pueblos. No siento especial simpatía tampoco por Bernard-Henri Levy, pero es presunción superficial esperar que el debate se resuelva, como también lo hace Tabucchi, apelando a una completamente supuesta e integral bondad de una categoría en cuanto tal: la de los jueces. Existen los ‘armiños luchadores’, pero existieron, y, lamentablemente todavía existen, también los que en los años setenta llamábamos los ‘armiños vigilantes’, los que creen en los ‘desmayos activos’, en las balas desviadas al vuelo por piedras voladoras, los que durante años se dedicaron a dar carpetazo a los juicios incómodos, los que se han vendido al Cavalier B., etc. ¿Tabucchi tal vez ha olvidado cuestiones que sin embargo le tendrían que resultar conocidas? ¿De veras cree que un asunto triste y trágico como el de la lucha armada puede ser resuelto de una forma tan maniquea, dividendo al mundo en buenos y malos? ¿Solamente a través de las sentencias de los tribunales? ¿No le parece excesivamente ‘manzoniano’? ¿Ha olvidado que el mismo Gran Lombardo afirmaba, en un rincón apartado de la novela, que quien comete un mal no solo es culpable por el mal que comete, sino también por la turbación que provoca en el ánimo de los ofendidos?

¿Qué sentido tiene, por tanto, criticar ásperamente a un intelectual por el solo hecho de no aceptar al pie de la letra lo que este o aquel juez italiano han afirmado en sus fallos? Hizo algo mejor hasta Napolitano, al que incluso Tabucchi no pierde ocasión para acusar (frecuentemente con razón) de medrosidad y superficialidad institucional…Tabucchi sabe bien que aquí en Ytaglia, a menudo, las verdades jurídicas y las histórico-políticas no coinciden en absoluto.

Que esto suceda precisamente al día siguiente del Diktat de Marchionne es además particularmente preocupante, una vez más hace temer que la izquierda parlamentaria no sabe interpretar y manejar el descontento agudo de vastas porciones de la población, confiándolo por completo a uno u otro aventurismo y entregándose, manos y pies, a una metafísica y apodíctica idea de ‘legalidad’, y pienso en Saviano y a su incauta, muy triste y presuntuosa carta a los estudiantes que estaban en la plaza el 14 de diciembre pasado.

Pero finalmente llegamos al punto de la cuestión. Al punto negro. A Speranzon: que es de esto sobre todo lo que interesa discutir aquí y hora. Más allá de la violenta arrogancia que su petición lleva consigo, y que creo que es evidente para todos, con sus siniestros ecos orwelianos, lo que más choca es la idea de que se pueda prohibir, o de todos modos impedir la lectura de este o aquel libro (o disco, o pieza teatral) basándose en las posiciones que el autor expresa en otros asuntos. Aquí, es decir, no se pide excluir de las bibliotecas vénetas, de las presentaciones públicas, etc. algunos libros que hablan del caso Battisti, cosa que en sí ya sería bastante repugnante. No, se hace mucho más, se pide excluir los libros que hablan de otras cosas, basándose en el hecho de que quienes los escribieron han sido personas políticamente no del agrado del Señor Consejero. Estamos más allá de la pesadilla: estamos en el delirio puro…

¿Para cuándo la prohibición de los libros de todos aquellos que piensan que el Señor B. es un malversador, para cuándo la de aquellos que toman posición contra el federalismo padano, o de aquellos que se declaran gay, o que son favorables a políticas antiprohibicionistas en el campo de los estupefacientes? ¿Para cuándo la exclusión de las bibliotecas municipales de Milán de todos los autores aficionados del equipo de Roma, o para los del Napoli? Si no fuera trágico, es benjaminianamente ridículo.

Conocía el pasado neofascista del consejero, pero creía que él tenía mucho interés en no hacerlo saber a los demás. Estaba equivocado: ahora si alguien tenía alguna duda, objetivamente se habrá convencido de que el lobo (negro) pierde el pelo pero no el vicio, y que aunque el sastre de Speranzon mientras tanto ha cambiado con su traje, el que está escondido por el traje cruzado azul, estilo contable, siempre es el buen antiguo partidario de Almirante.

El traje no hace al monje, ni al consejero democrático. No por casualidad no recuerdo haberle oído nunca tomar posición con respecto a gente como Zorzi, Izzo (que se ha quedado en Italia, y tal vez hubiéramos hecho mejor -a fin de cuentas- si lo enviábamos como camarero a uno de los restaurantes japoneses de Zorzi), el Fronte Veneto Skinheads, Freda etc., la lista es en verdad tristemente larga. Pero hay más: a muchos podrá parecer extraño, pero el Señor Speranzon es una figura institucional, representa, en el campo cultural, la voluntad de todos los ciudadanos de la provincia de Venecia, por tanto decidir excluir de la fruición los textos comprados con dinero público me parece al límite del peculado, además de exageradamente ilegítimo.

 

El sindicato de policía COISP tiene todo el derecho de invitar al boicot con relación a nosotros, felicitaciones, aunque me permito sugerir en tono bajo que, a la luz de los muchos episodios en los que se han visto implicadas nuestras fuerzas del orden, incluso recientemente, la invitación de un policía a no leer libros tiene -en sí- algo de siniestro. Speranzon, en cambio, como representante de una institución, tendría que poner cuidado antes de hacer ciertas declaraciones. Siniestro es también, por otra parte, el chantaje oculto entre líneas del comunicado, que deja entender que las medidas de censura no serán tomadas con relación a los autores que retirarán su firma de la apelación: si no hubiera ninguna otra razón, bastaría esta para animarme a firmarla de nuevo, no estoy acostumbrado a ceder a los chantajes.

 

Otra educación, otro patrimonio genético, por lo que a mí respecta… Se debe decir además que, en un territorio como el nuestro, donde la arrogancia neofascista ha llegado hasta el asesinato por motivos fútiles, en el cual la intimidación y la violencia física como instrumento lícito de lucha política tienen la última palabra, posiciones de este tipo, que se unen al coro de agresivos, leoninos y rugientes gruñidos de muchos miembros de la Liga Norte, pueden sonar como una invitación y una autorización a ir por más. De esto, Speranzon y sus amigos, no pueden más que asumir toda la responsabilidad. Por último: Speranzon nos invita a tener respeto hacia las víctimas y sus parientes. Tiene razón. Este respeto yo nunca se lo he faltado, a ninguna de las víctimas y a ninguno de sus parientes, cualquiera fuera su credo político. Son años que, en efecto, como muchos otros, pido que se les conceda el respeto más grande: el que finalmente quitará el secreto de estado sobre muchos, demasiados episodios oscuros que han afligido la historia reciente de nuestro país, implicando cientos de vidas inocentes con y sin uniforme.

Ni creo que les he faltado el respeto al firmar esa apelación. Si la verdad oficial no me convence, si pido claridad, respeto de la leyes nacionales e internacionales, si planteo dudas, si investigo, no creo que estoy faltando el respeto a nadie, mucho menos a los parientes de las víctimas, a menos que se piense que cualquier culpable, incluso siendo completamente inocente, de todos modos es mejor de ningún culpable. Este no sería útil, ni a las víctimas del terrorismo rojo y negro, ni a sus parientes, mucho menos a la democracia.

Algo así solo puede ir bien a quien se encuentre espléndidamente a gusto en el centro del pogrom. Es por esta razón que volvería a firmar esa apelación, es por esta razón que creo que las declaraciones y las iniciativas de Speranzon no solo son fascistas, sono sustancialmente ridículas y en sentido lato pornográficas…

***

Para lo peor, escribía Montale, nunca hay un final. Cuánta razón tenía… Así, a la luz de lo que informa hoy un periódico véneto, me toca volver a hablar de este desolador asunto de la censura a los libros de los libertinos (yo y varias decenas más de colegas de cualquier edad, sexo y creencias políticas, entre los cuales hay nombres prestigiosos e «históricos» de la cultura italiana e internacional, como Agamben, Sollers, o Balestrini) que en el año 2004 firmaron la apelación por Cesare Battisti…

 

Las novedades, a hoy, son estas:

 

a) La consejera de Instrucción de la Región Véneto, la miembro de LN Donazzan, no contenta con haber puesto en serias dificultades hasta la misma Curia véneta decidiendo -unilateralmente y a sus espaldas- que gastaba dinero público para regalar Biblias a todos los alumnos de las escuelas de la región, y mofándose de lo que había declarado la Presidente de la provincia de Venecia Zaccariotto, que es colega suya de mayoría, la cual se había apresurado, cum grano salis, a deslegitimar inmediatamente la iniciativa del imprudente consejero Speranzon, hoy declara que, con la aprobación del mismo gobernador Zaia, escribirá una carta a todos los directores de las escuelas de la región Véneto (y a través de ellos, a los profesores), invitándoles a no difundir entre los jóvenes las obras de los autores incluidos en la lista. A quienes le objetan que está poniendo en acto una censura, les responde -con supuesta perspicacia de precaución- que la suya no es una imposición (¿y cómo podría?) sino una «orientación politica».

Ahora, dejando de lado lo que ya he dicho con respecto a la censura de textos que hablan de cosas no relacionadas con el asunto Battisti y de la censura más en general, tengo la necesidad de informar a la consejera que entre sus tareas institucionales no está comprendida la de dar «orientaciones políticas» a los profesores de las escuelas de la República, los cuales no dependen de ella, ni de hecho ni de derecho, y cuya libertad de enseñanza está garantizada por un artículo específico de nuestra Carta Constitucional.

 

Hay una tendencia a privatizar las instituciones, aquí en Italia, que ya ha pasado todos los límites, como si ocupar un cargo institucional fuese el passe-partout para cada una y cualquier operación, como si administrando esta o aquella institución se convirtieran en propietarios. Y esto es muy triste, además de no ser en absoluto democrático y difusamente subversivo. Por otro lado, al ser yo un profesor, como la Sra. Donazzan fácilmente puede comprender, mi incomodidad es doble.

Dado que yo no paso mi tiempo hablando a mis alumnos de mis muy mediocres obras, sino explicándoles Dante, Petrarca, Boccaccio, Leopardi, Foscolo, Pasolini, Fortini, Sanguineti, Gramsci, etc… (toda una gente, me doy cuenta, que en opinión de la consejera evidentemente tendría que ser excluida de los programas, en vista de lo que ellos pensaban de la libertad, de la censura y de la misma Unidad de Italia), ¿cómo haré para seguir enseñando? Si mis libros deben quemarse, ¿qué será de mi didáctica? ¿Está sugiriendo tal vez que me despidan? ¿Y cuál sería la ‘justa causa’? ¿La de haber expresado mi opinión libremente, mi juicio político, que no coincide con el suyo? ¿Hay alguien que pueda decirle a la consejera que incluso ella vive en una sociedad liberal, democrática, en un estado de derecho y que no puede permitirse tratar a esta región como si fuera una dependance de su casa?

Leo también que el gobernador Zaia declara que «no tiene problemas para confirmar que hay algunas personas [nosotros los firmantes] que no nos representan dignamente». Que le quede claro al gobernador que yo también pienso como él… pero con relación a su persona, evidentemente. Quien nombra a ciertos consejeros ciertamente no pueden garantizar el gobierno democrático y liberal de una región, ni representarla con mi satisfacción y de cualquier sincero demócrata…

b) Animado por la inesperada ayuda padana [de la Liga Norte], el antiguo miembro del [partido neofascista] MSI Speranzon vuelve al ataque, plantando cara a su Presidente, y ahora dice que quiere organizar un debate público en el Ateneo Veneto (quién sabe si los del Ateneo saben algo…) al que ya habría aceptado participar ese fulgurante ejemplo de intelectualidad libre cuyo nombre es Stefano Zecchi, y al cual nosotros estaríamos, según su opinión, de alguna forma obligados a participar porque «tenemos que» ( imperativo!) explicar porque defendemos a un criminal. Lo siento, consejero: organice lo que quiera, pero yo a un debate así nunca participaré… Primero porque no tengo nada que decir sobre el caso Battisti: firmé una apelación por las razones que ya expliqué en mi anterior intervención, no soy el abogado de Battisti, no compartí ni prácticamente ni moralmente sus opciones políticas, y por tanto para este debate debe dirigirse a otras partes.

 

Si quiere podemos discutir las leyes de emergencia de la Italia de entonces, o de los Anni di Piombo [años de plomo]. Pero este es otro asunto.

 

Por lo demás, es de otra cosa lo que quiero discutir: de su voluntad censuradora, de su creer que tiene derecho a decidir lo que se lee en la región Véneto, lo que se enseña e incluso -dado que, como concejal de Venecia (y sí: también es concejal de Venecia, el personal político aquí está reducido al mínimo, no se trata de acumulación de cargos, sino de austeridad…) dice que quiere comprometer al Ayuntamiento para que nos declare «personas no gratas»- quienes pueden circular por las calles de la ciudad.

Este es el problema que realmente interesa discutir en una democracia. No otros.

Queda una pregunta: ¿cómo hará el pobre Agamben para ir al trabajo, dado que enseña Estética precisamente en el IUAV de Venecia?

¿Desplazarán la facultad a Chioggia, o también él será despedido?

http://www.absolutepoetry.org/Hai-firmato-l-appello-per-Battisti

 

[Traducido desde el italiano por Nadie Enparticular]