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El ensayista Rául Sánchez Cedillo publica Esta guerra no termina en Ucrania (Ed. Katakrak)

La Guerra en Ucrania: una perspectiva a favor de las clases subalternas

Fuentes: Rebelión

“La operación rusa de desmilitarización y desnazificación de Ucrania”. Es el cintillo con el que la agencia de noticias rusa Sputnik encabeza las informaciones sobre la guerra en Ucrania. Por ejemplo, la agencia estatal destacó el 30 de enero que el ejército ruso “liberó” siete localidades de Ucrania durante la última semana y eliminó a 5.580 militares de este país. El texto citaba como fuente al Ministerio de Defensa de la Federación Rusa.

“Un gran ataque de Ucrania impacta bases aéreas en Rusia”, tituló The New York Times el 2 de junio de 2025. La información detallaba la importancia y amplitud del ataque, realizado con aviones no tripulados. Un miembro del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) afirmó que decenas de aviones rusos fueron dañados en la operación. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, señaló que la acometida empezó a planificarse hace año y medio.

Una perspectiva diferente es la adoptada en el libro Esta guerra no termina en Ucrania, del ensayista y analista político Raúl Sánchez Cedillo (Madrid, 1969). El libro, que cuenta con un prólogo de Pablo Iglesias Turrión y el sociólogo Emmanuel Rodríguez López fue editado por la editorial Katakrak en 2022.

En el conflicto de Ucrania, el ensayo pone el foco en las trabajadoras pobres, el precariado, las personas migrantes, las minorías sexuales y de género, también de las naciones sin estado, indígenas del planeta y el campesinado sin tierra. Son los sectores habitualmente en el punto de mira de los ejércitos y grupos paramilitares.

La Misión de Observación de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania informa que 2025 fue el año más mortífero para la población civil en Ucrania, desde el inicio del conflicto en 2022. El 97% de las muertes se produjeron debido a la embestida del ejército ruso en zonas controladas por el gobierno ucraniano.

Raúl Sánchez Cedillo apunta concomitancias entre el actual conflicto de Ucrania y la Primera Guerra Mundial. Algunos puntos de conexión son la irrupción de nuevas tecnologías aplicadas a la conflagración, el uso de las minorías nacionales como motivo de guerra o las pugnas imperiales.

Así, imperios, regímenes ultranacionalistas -como la Federación Rusa- o grandes bloques globales enfrentados -Estados Unidos y China- están generando con sus dinámicas y discursos el marco para el ascenso de poderes y gobiernos fascistas. Algo similar sucedió en el contexto de la Gran Guerra.

En conclusión, según el autor, “con la guerra que se inicia en Ucrania se está abonando el terreno para una generación e intensificación de nuevas variantes fascistas”; esto sucede, en buena medida, porque el capitalismo no es, sólo, un mecanismo de extracción de la plusvalía a partir de la explotación del trabajo; es, además, la acumulación de riqueza obtenida “de las multitudes del trabajo vivo y los ecosistemas humanos”.

Por ello Sánchez Cedillo subraya que la denuncia de la guerra ha de situarse un punto más allá de las razones de clase; resulta esencial destacar el papel de la multitud movilizada para la guerra y que además muere en ella; pero asimismo incluir la perspectiva del proletariado de género y sexual, ya que en la guerra de Ucrania “ambos bandos militares operan con la expectativa de cobrarse su salario libidinal/sádico de tropa sobre el enemigo capturado y la población civil”.

A partir de estos argumentos califica de “trágico error” el bloquismo o los alineamientos rígidos a favor de uno u otro bando, ya que se trata de un conflicto multidimensional.

Raúl Sánchez Cedillo es ensayista y analista político habitual en Canal Red TV y Radio Nacional de España (RNE). Además de activista y traductor, ha colaborado en medios como El Salto y CTXT. En 2021 publicó Contrapoderes, cuerpos-máquina, sistema red transdividual (Ed. Subtextos).

¿Por qué esta guerra no termina en Ucrania? El ensayista publicó un artículo en marzo de 2024 en Diario Red, titulado La consolidación del régimen de guerra global; esto significa que se gobierna para la guerra y la guerra sirve de modo de gobierno. Es más, no se trata de una coyuntura específica de las relaciones internacionales, sino de un proceso y una decisión del capitalismo mundial.

El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) apunta que el gasto militar mundial aumentó en 2024 en todas las regiones del planeta (un incremento anual sin precedentes). Sumó un total de 2,7 billones de dólares, lo que representa un incremento del 9,4% respecto a 2023.

Pero el texto de Katakrak plantea alternativas. De hecho, el último capítulo se titula La necesidad de una paz constituyente; se trata de alternativas que permitan superar el colapsismo y el Nuevo Pacto Verde, y que Raúl Sanchez Cedillo resume como la producción del común (frente a la división del trabajo capitalista):

“Relaciones ecosistémicas de producción y sostenimiento de la vida que organizan la cooperación sin mando entre fuerzas singulares del trabajo vivo, manual, afectivo y cognitivo”.

Un ejemplo de prácticas rupturistas es la Campaña #Insorgiamo, promovida en 2021 por la asamblea de trabajadoras de una planta de la multinacional británica GKN, del sector de la automoción, en Florencia. Los empresarios habían vendido la factoría y despedido por correo electrónico a los más de 400 empleados. La asamblea procedió a la ocupación de la fábrica, con el fin de transformarla en un centro de producción ecológica, autogestionada y solidaria; en concreto, una cooperativa para producir paneles fotovoltaicos y bicicletas de carga.

Sánchez Cedillo señala que, actuando a contracorriente, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de México realizó en 1994 un diagnóstico certero. El 1 de enero de ese año se levantó en Chiapas, el día que entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) entre Estados Unidos, Canadá y México.

“Los dictadores están aplicando una guerra genocida no declarada contra nuestros pueblos desde hace muchos años”, afirmaron los insurgentes en su primer comunicado, en el que asimismo reivindicaron trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, democracia, justicia y paz.

Mientras, en la guerra de Ucrania, Raúl Sánchez Cedillo concluye criticando “la miopía de la propaganda occidentalista y el cinismo tétrico de la propaganda putinista: ambos bloques se acusan mutuamente de fascistas, mientras critican y se sirven de los fascistas en su esfuerzo de guerra”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.