Editorial de La Jornada | 

El ciclo global del agua ha excedido los límites de seguridad planetarios. Al igual que el clima, la biodiversidad y los sistemas terrestres, el agua dulce ha sido expulsada de su espacio operativo seguro.

Desde la rapiña petrolera colonial en 1909 hasta la amenaza actual de un infierno regional: la injerencia de Occidente en Irán constituye una cadena de golpes de Estado, marionetas y geopolítica cínica en torno al petróleo.

El objetivo es controlar, indirectamente, las enormes reservas de petróleo y gas de Irán para poder utilizarlas como arma contra China y obligarla a firmar un acuerdo comercial desequilibrado; esto haría descarrilar su ascenso como superpotencia y, por lo tanto, restablecería la unipolaridad liderada por Estados Unidos.