La crisis política recientemente registrada en el país, la caída de José Jeri de la presidencia de la República como consecuencia del voto de censura aprobado por el Congreso, y la elección posterior de José María Balcázar como ocupante transitorio del sillón presidencial; ha desatado en el país una intensa campaña que no tiene más propósito que confundir a la ciudadanía y desorientar al electorado que en poco tiempo concurrirá a las urnas para elegir un nuevo gobierno.
De paso, y como quien no quiere la cosa, los hechos se han usado también para desplegar una intensa y furiosa campaña anticomunista cimentada en las mentiras que la clase dominante usa para alimentar la ingenuidad de unos y abusar de la buena fe de otros a fin de pescar a rio revuelto. Corresponde entonces poner las cosas en claro.
El gobierno de Jerí fue una irresponsable creación de la Mafia Gobernante que mantuvo en el Poder, a espaldas de la ciudadanía y contra la voluntad del pueblo, a Dina Boluarte por más de mil días. La “vacaron” un 9 de octubre -el Dia de la Dignidad Nacional, pero no en reconocimiento a la fecha- sino porque se iniciaba la campaña electoral para los próximos comicios de abril y la señora le resultaba una mochila muy pesada que no le permitía “alzar vuelo”. Librarse de ella era fundamental para pretender recuperar el voto del electorado, que ya le era francamente adverso.
Si hubiese pensado en el país, el 7 de diciembre del 2021 habría disuelto el Congreso y convocado a nuevas elecciones para “tomar el pulso” a la ciudadanía. No lo hizo por miedo a perder beneficios, y porque se dio cuenta que su “negocio” era permanecer a cualquier precio. Así podría quedarse con el santo y la limosna.
Consumada la caída de Dina, pudo haber buscado un “candidato de consenso” que facilitara la gobernabilidad, que optara por una actitud neutral y que aplicara una política de diálogo con la ciudadanía. No obró de ese modo. Optó por imponer a un fantoche al que pudiera manejar y manipular a su antojo. Ese, fue Jeri,
Desde un inicio dijimos que “era más de lo mismo”, la Mafia con distinto envoltorio, y que, con relación a Dina, registraba un cambio de estilo pero en ningún caso de esencia, El “nuevo Mandatario” consciente de su incapacidad, no emprendió ninguna tarea. Se dedicó a martirizar a los presos, para decir que estaba aplicando “mano dura” contra la delincuencia, pero se alió con los de cuello y corbata y los dejó seguir operando libremente.
Por eso creció el crimen y se multiplicó la actividad delictiva. En el extremo, hostilizó abiertamente a los transportistas que exigieron garantías para sus vidas y seguridad para su trabajo. En el extremo, y seguro de contar siempre con la impunidad que le prometieran cuando lo encumbraron, se dedicó a hacer de las suyas: contratos ilegales, concesiones turbias y favores personales a sus “amigas preferidas”.
Esto último llevó a un ingenioso caricaturista a pintar la fachada de Palacio de Gobierno de color verde, para llamarla “La casa verde” aludiendo a la creación literaria de Vargas Llosa.
Esto hizo que, finalmente se tornara insostenible la figura de Jerí que para perdurar en el Gobierno se convirtió, sobre todo a partir de enero, en un abyecto siervo de Donald Trump quien le envió a su embajador Navarro para que le lanzara un salvavidas a cambio de que comiera hamburguesas norteamericanas en lugar de arroz chaufa. Ya fue tarde.
Todo el país conoce la composición política del Congreso de la República. Entre los 130 congresistas se puede advertir un núcleo muy pequeño de parlamentarios de izquierda que alzó la voz en distintas circunstancias y tuvo, en general, un comportamiento digno. Pero nunca ganó una sola votación. Y es que, a la hora de las definiciones, la Mafia actuó cohesionada y se impuso. Cerró filas y decidió a su antojo. Y, por supuesto nunca obtuvo un lugar en la Mesa Directiva del Congreso. Lo logró el Cerronismo, si, pero a costa de un “acuerdo” de colaboración con la Mafia, que tuvo ribetes más amplios: votos para elegir al Tribunal Constitucional, al Consejo de la Magistratura y a otros entes que le dieron “Poder” al fujimorismo y sus secuaces. Pero ese, es otro cuento,
La Izquierda sumó sus votos para vacar a Dina. Y para echar a Jerí Y es posible que algunos votaran también por Balcázar en la más reciente definición, para no respaldar a la nefasta Alva, pero eso no hace a Balcázar “un presidente de Izquierda”. Lo que ocurre es que para la Mafia, quien no piense o actúe con ella, es “rojo”, “caviar”, “izquierda radical”. Tiene que ser denunciado y combatido.
El señor Balcázar no es en absoluto comunista. Ni de lejos. Pero le dicen comunista para cargar a los comunistas todo el prontuario que se maneja. Y, por supuesto, para sumar a “los rojos” todas las barrabasadas que haga en los próximos días o semanas.
Pero si por ventura el mencionado señor fuera realmente comunista ¿Seria por eso intrínsecamente malo, denigrante, funesto, negativo? Lo que ocurre es que para la Mafia, los comunistas son la encarnación de Satanás Merecen no solo podrirse en el infierno sino también ser juzgados antes por los Tribunales de la Santa Inquisición, para que les rompan uno a uno, los huesos allí.
Si el nuevo Mandatario tuviese, aunque letalmente impregnado el sentimiento de cualquier comunista, es decir el valor de la dignidad y la defensa de la Soberanía Patria, abandonaría el servilismo y le genuflexión de la Cancillería. Pero eso no sucederá. Hasta ahora, la única visita externa que ha recibido ha sido la del embajador USA, que llegó allí para recordarle que quien manda, es Washington.
Así piensa Keiko. Y López Aliaga. Y Acuña. Y todos aquellos que avivan la caldera del diablo y que anhelan perpetuarse en el Poder a cualquier precio. A ellos, la palabra comunismo les escarapela el cuerpo; pero sólo cuando se trata de los comunistas de acá, porque a los comunistas de China, hasta medallitas les han otorgado, por interés, claro.
Los que hacen política, y tienen objetivos definidos, saben que las cosas no son así. Por eso el embajador de los Estados Unidos hizo pública una declaración de su gobierno saludando a Balcázar y asegurando que “continuarán la colaboración” prevista. No faltaba más.
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