¿Y si la lucha de clases en América Latina no hubiera comenzado en las fábricas sino en los quilombos, palenques y rebeliones de personas esclavizadas? Esa es una de las tesis que defiende el intelectual afrobrasileño Fábio Nogueira, referente de la tradición radical negra. En esta entrevista exclusiva con NEGRX, analiza las relaciones entre raza, capitalismo y poder en un momento marcado por el avance de las derechas y las desigualdades persistentes en la región.
En su primera visita a la Argentina, NEGRX conversó en exclusiva con Fábio Nogueira, una de las voces más potentes del movimiento negro brasileño y referente central del pensamiento radical negro contemporáneo en América Latina. Sociólogo, escritor y militante, divulgador y estudioso en profundidad de la obra del gran Clóvis Moura para proponer una traducción del marxismo que sitúa a la resistencia afrodescendiente como el motor originario de la lucha de clases en nuestro continente. Su llegada a Buenos Aires marca un hito en la articulación del activismo regional: además de dictar una charla abierta sobre marxismo negro, el intelectual afrobrasilero será el encargado de brindar la conferencia de clausura del I Congreso sobre Racismo y Desigualdades Estructurales en la UMET, aportando claves teóricas y políticas para enfrentar el racismo sistémico y disputar, desde la raíz, un nuevo horizonte civilizatorio para el Sur Global.
Para quienes escuchan por primera vez el término, ¿qué es el Marxismo Negro y por qué considerás que raza y capitalismo deben pensarse de manera inseparable en América Latina?
Marxismo negro es cuando hablamos a partir de Marx, a partir del método del materialismo histórico y dialéctico, y de cómo personas directamente involucradas en las luchas antirracistas y anticoloniales han producido teorías y debates acerca de las vinculaciones de la racialización y la formación de la clase trabajadora en los países postesclavistas. No es posible comprender las dinámicas del capitalismo sin vincularlas directamente a lo que fueron los procesos de colonización, los genocidios de pueblos originarios y también la esclavitud, que fue una esclavitud racializada basada en términos de colores, en términos de una división racial y social del trabajo.
Esto fue fundamental, y el propio Marx lo puso en su debate sobre la acumulación originaria para el desarrollo de las fuerzas productivas en Europa y la Revolución Industrial. El industrialismo que dio origen al movimiento obrero y sindical de Europa tiene una relación directa con la explotación de las colonias, la búsqueda de materias primas y la esclavización por siglos, en base a la raza, de millones de negros, negras y también de indígenas en las colonias de Europa. Eso tiene consecuencias profundas en América Latina, especialmente en países como Brasil, que tuvo una estructura social basada en el monopolio de la tierra por los latifundistas, la explotación para la exportación y una producción agrícola que se vuelve hacia el mercado externo utilizando personas esclavizadas bajo criterios de color en el proceso de producción. La idea del marxismo negro es, entonces, vincular la formación del capitalismo al proceso de racialización y sus consecuencias en las luchas antirracistas y anticoloniales; esto vale para América Latina pero también para África y otros territorios donde el elemento racial tuvo un papel clave en la conformación de la sociedad capitalista moderna.
Gran parte de tu trabajo está dedicado a Clóvis Moura. ¿Quién fue y por qué su pensamiento sigue siendo fundamental para comprender el racismo estructural y las resistencias negras en Brasil?
Clóvis Moura fue un intelectual afrobrasileño vinculado al Partido Comunista que estuvo muy cerca de los movimientos negros y escribió un libro clave en 1959, el año de la Revolución Cubana, llamado Rebeliones de la Senzala. En esa obra defiende la tesis de que la lucha de clases empezó con las luchas de los negros contra la esclavitud; la idea de que la lucha de clases surgió recién después de la abolición es equivocada, pues hay una continuidad entre la lucha de los negros contra la esclavitud y la lucha de los obreros que formó la base de los partidos socialistas y comunistas. Moura utilizó el método del materialismo histórico dialéctico desde una perspectiva no dogmática que parte de la propia base de la formación social brasileña, donde la esclavitud fue abundante y racializada. Los africanos fueron secuestrados en su continente y lanzados a territorios como Brasil para ser sometidos a un orden de trabajo sin remuneración, deshumanizados y bajo las violencias más profundas en haciendas de caña o en la extracción de oro para vitalizar los ciclos económicos de las clases dominantes.
Esta lucha no empieza en la postabolición; comienza anteriormente con la formación de los quilombos, los palenques y las insurrecciones de los esclavizados. El negro no fue un sujeto pasivo ante su propia opresión, hubo mucha resistencia, y es necesario pensar cómo los movimientos negros cargan hoy esa herencia de la revuelta de los quilombos como parte de la lucha de clases en las sociedades capitalistas con pasado de esclavitud. Moura se inserta en una tradición donde hay otras figuras como Claudia Jones, C.L.R. James, Angela Davis, Walter Rodney o W.E.B. Du Bois, además de intelectuales anticoloniales africanos como Amílcar Cabral o Agostinho Neto. Todos ellos crearon esta tradición del marxismo negro, vinculando colonización y racialización con la formación capitalista. A veces se habla del internacionalismo como un monopolio de los movimientos blancos pero nosotros tenemos el movimiento panafricanista, que es centenario y tuvo participación activa de marxistas, como Du Bois y su obra Black Reconstruction. Ellos entendieron el carácter anticapitalista de la lucha antirracista y por eso en nuestro continente el marxismo negro tiene todo el sentido.
Clóvis Moura colocó en el centro de la historia brasileña las rebeliones negras, los quilombos y las formas de resistencia cimarrona. ¿Qué cambia cuando las luchas negras dejan de aparecer como marginales y pasan a ser entendidas como fuerzas históricas y políticas?
En Brasil, en los años 80, con la creación del Movimiento Negro Unificado (MNU), hubo una denuncia del mito de la democracia racial vinculada a una perspectiva que es, en el límite, anticapitalista. Existe una tradición radical negra en Brasil vinculada a la de América Latina que habla en sus propios términos sobre qué tipo de sociedad quiere crear a partir de sus necesidades culturales, políticas y económicas, sin seguir modelos preestablecidos de las izquierdas europeas. Hoy veo un movimiento que consiste en pensar la clase a partir de la raza. Con la desindustrialización en Brasil —donde la industria pasó de representar más del 20% de la economía a solo el 11%—, ha surgido un sector de servicios muy fuerte, como los trabajadores de aplicaciones y entregadores (Uber, etc.), que en su gran mayoría son negros, racializados.
Hoy hablar de raza es hablar de clase; la cuestión racial conforma la cuestión de clases. Vemos surgir un sector de trabajadores por aplicativos que se organiza políticamente y donde el tema racial es evidente, igual que en los movimientos de vivienda (sin techo) o comunitarios, donde el liderazgo es mayoritariamente de mujeres negras. Género, raza y clase se colocan como unidad en la lucha; son términos complementarios que no se oponen entre sí. La idea de sujeto histórico y la organización de los trabajadores deben tener como referente la lucha contra el racismo; no es solo una lucha de intelectuales en la academia, sino una lucha con un carácter comunitario y de base muy fuerte.
Sos investigador y también militante del movimiento negro brasileño. ¿Cómo pensás hoy la relación entre producción académica, organización popular y lucha antirracista?
Es una relación problemática porque, aunque tuvimos una gran victoria con las políticas de cuotas raciales en las universidades públicas de Brasil —lo cual fue una revolución que permitió al hijo de la empleada doméstica acceder a estudiar carreras como medicina o ingeniería—, hay una disputa de sentido sobre estos negros y negras que ingresan al mercado de trabajo. Es vital que el movimiento negro retome su raíz comunitaria del siglo XIX, con sus periódicos y clubes que promovían desde clases hasta cultura en los barrios. Pero además, el movimiento negro tiene que volver a debatir la economía; no podemos dejar que ese debate les toque solo a los blancos.
Debemos discutir el modelo de desarrollo desde nuestro punto de vista, porque en este capitalismo racializado el desarrollo económico no llega de la misma manera a negros que a blancos. Existe el riesgo de crear una generación negra más conservadora o liberal que piense en términos individuales. La tradición radical negra sostiene que las salidas son colectivas, y hoy sectores del capital estimulan una idea abstracta de “diversidad” que no tiene consecuencias directas para el conjunto de nuestra comunidad. La izquierda también tiene una deuda: debe reconocer que el negro no es un tema de investigación, sino un sujeto de transformación social con una radicalidad política propia, igual que los pueblos originarios.
En un contexto regional marcado por el avance de las derechas y las desigualdades estructurales, ¿cuáles creés que son hoy los principales desafíos —y también las potencias— de los movimientos negros en América Latina y el Caribe?
Es necesario fortalecer nuestras comunidades y, al mismo tiempo, buscar alianzas políticas más amplias con las luchas indígenas, las de las mujeres, las del movimiento LGBT y la lucha del pueblo palestino. Debemos rechazar que estos sean “movimientos identitarios” en forma burlesca; la clase debe ser pensada en términos amplios de formación económico, social y cultural para afirmar un nuevo sentido de humanidad y nuevos marcos civilizatorios que el capitalismo no permite. No basta con promover pequeñas élites o burguesías negras o indígenas porque el mercado excluye a millones mediante la superexplotación de la fuerza de trabajo negra, originaria y de las mujeres.
Necesitamos una perspectiva antiimperialista, aliándonos con nuestros hermanos negros de Estados Unidos para combatir el imperio desde su corazón, como hicieron los Panteras Negras en su momento. También debemos rechazar la política sionista del Estado de Israel, que es una ideología nefasta con bases racistas que victimiza a los palestinos. Finalmente, este movimiento debe enfrentar directamente al fascismo y a la extrema derecha, como Bolsonaro o lo que vemos en Argentina, a quienes llamamos “lambebotas” del imperio. Son figuras antinacionales que no respetan la memoria ni la historia de los pueblos negros e indígenas que constituyeron nuestros países.
Es tu primera visita a Buenos Aires. ¿Cómo observás los debates sobre racismo y afrodescendencia en Argentina y qué importancia tiene construir redes antirracistas latinoamericanas?
Observo que los afroargentinos aún enfrentan el mito de la “Argentina blanca” o la idea de que no hay negros. Sin embargo, hay avances en afirmar la presencia negra en la historia, como la participación de figuras como Remedios del Valle en las luchas por la independencia. En Brasil enfrentamos problemas similares, como el uso del término “pardo” para crear divisiones; el movimiento superó eso entendiendo que todos somos negros y formamos una identidad política. La raza no es una categoría biológica, es una categoría social y política. Por eso es fundamental afirmar la afroargentinidad y la negritud como referentes para la concientización, usando términos propios y no los de los colonizadores.
Las redes regionales son vitales porque la historia de la negritud en Brasil está mucho más cerca de los afroargentinos, afroperuanos o afrocubanos que de los afroamericanos de Estados Unidos. Lélia Gonzalez creó el término “amefricano” para diferenciar nuestra identidad cultural propia en el sur. Debemos reivindicar historias como la de Haití —la primera república negra— y figuras como el general afrocubano Antonio Maceo, quien rechazó pactar con los españoles porque no incluían la abolición de la esclavitud. Formar redes desde nuestra propia historia y cultura es algo fundamental y necesario.
Para quienes quieran profundizar los debates planteados en esta entrevista, Fábio Nogueira ofrecerá este miércoles 3 de junio a las 18 hs el conversatorio “Marxismo Negro” en Espacio Malcolm. La actividad abordará las relaciones entre raza, clase y capitalismo, el legado de las tradiciones radicales negras y los desafíos de construir organización popular frente a las desigualdades contemporáneas. La participación es libre y gratuita, con cupos limitados e inscripción previa en el siguiente link.


